La primera inspectora de la Policía Local denuncia públicamente el acoso sexual y laboral que sufrió por parte de un superior

La primera inspectora de la Policía Local denuncia públicamente el acoso sexual y laboral que sufrió por parte de un superior

Luisa Velasco ha relatado a SALAMANCA24HORAS la pesadilla que sufrió durante siete años en dos etapas diferenciadas, siempre con la misma persona, a la que ha llegado a denunciar penalmente en una causa que fue sobreseída. Sí ha conseguido dos sentencias favorables en el ámbito social. Ahora rompe su silencio dentro de la campaña de #MeToo y cuenta una "liberadora" historia que anima a seguir al resto de víctimas

El caso de Luisa Velasco no es uno más. Ella es inspectora de la Policía Local de Salamanca, aunque actualmente se encuentra fuera del Cuerpo por los pasajes que ha sufrido reiteradamente con un superior, como denuncia a SALAMANCA24HORAS y que llegó a denunciar hasta por la vía penal, aunque el caso fuera archivado, "lo que no quiere decir que no sea verdad". 

Estos pasajes no son otros que abuso sexual y laboral que ahora se atreve a contarlos públicamente porque "se lo debe". Rompió, así, su silencio a través de la campaña de #MeToo (#YoTambién) que ha surgido en los últimos meses con fuerza y que recogió El Español en su diario digital. Una campaña, esta, que Luisa Velasco admite como "liberadora". "Ha sido muy duro pero ahora animo a que la gente dé un paso al frente y se necesita por nosotras y por la sociedad en general". 

Cuenta, de hecho, con una gran entereza a SALAMANCA24HORAS que no ha tenido hasta ahora una historia que tiene dos plazos. Comenzó en el 2000 y finalizó en el 2013, cuando solicitó la baja del Cuerpo ante episodios que no cejaban y que alternaban el acoso sexual y el laboral. Así lo sentía ella, y así lo hizo, porque entendió también que "ganar y perder es otra cosa", que ella ganaba con no ver a este superior.

Para que se hagan una idea, en el 2000, cuando era oficial, su superior le propuso la idea de mantener relaciones sexuales, ante lo que Luisa se negó por varias circunstancias. Lo que debería haberse quedado en esta petición, se acabó convirtiendo en una pesadilla que ahora quiere derrumbar con su voz. "Hay que dar la cara para decir que no nos vamos a callar", comenta. 

Así, de las palabras se pasó a unos hechos que no olvida. Era cómo le tocaba y le acariciaba o buscaba el más mínimo contacto continuamente. Era su fijación con ella, hasta el punto de tener controlado cuándo llegaba al cuartel para, incluso, bajar a la taquilla donde se cambiaba, o era su manera de hablar con ella, para lo que llegaba a juntar casi las caras, algo que recuerda como repugnante, con un asco que todavía puede sentir. 

Sin embargo, aún con todo y tras la primera de las denuncias, parece que consiguió calmar estos ánimos, aunque anteriormente este superior ya le hubiera amenazado con su objetivo que finalmente consiguió: echarla de la Policía Local. Después, ya en 2004, fue destinado a otra ciudad con lo que Luisa pudo respirar.

La vuelta en 2010: la historia se recrudece

Fueron seis años de tranquilidad en los que primero llegó a subinspectora y después a inspectora. Y algo dentro de ella quería creer que esta se mantendría aunque su acosador regresara al cuartel. Pero no fue así a pesar de negarse a ella misma en aquellas caricias que le daba cuando le pasaba algún papel. "Me decía, será una coincidencia. No me lo quería creer. No podía ser". 

En esta segunda etapa la historia, además, fue más cruda para ella, ya que a esos acosos, sexual y laboral, que ya sintió, se le sumó una circunstancia que fue clave: el ascenso de aquel superior a la Jefatura de la Policía Local. "Es una persona que está enferma y tiene que conseguir todo lo que quiere. Él es el que manda y te lo hace pagar. Siempre he tenido la esperanza de que se aburriera pero ganó él", afirma.

De hecho, en el plano laboral, le quitó casi todas las labores y le relegó a actividades banales sin ningún tipo de interés. Hasta le capó el ordenador para que no tuviera acceso a nada, mientras que los agentes que dependían de ella sí podían hacerlo. Los oficiales tenían más información que su superior. Y todo lo alternaba con su manoseo y encuentros fortuitos, sus llamadas al despacho y todo un sinfín de pequeños detalles que, unidos, forman un acoso difícil de aguantar. 

Por ello, dice sentir ahora al verle en el puesto indefensión, vacío o desprotección, así como impunidad para él. Aunque, en el otro extremo, esa liberación de poder contarlo le anima a seguir una lucha que no es suya, sino de todas las mujeres víctimas que han sufrido, sufren o sufrirán actos tan desagradables como estos. 

Por eso volvió a denunciar, esta vez penalmente, en una causa que fue sobreseída sin ni siquiera ser escuchada, algo que le duele, aunque, como afirma, dos sentencias sociales sí le han dado la razón, aunque se habla de un accidente laboral. 

Este dolor, además, también lo tiene por su paralización cuando sufría todo esto. "Te bloqueas porque no te lo crees. Primero te da verguenza. Suelen creer más a la persona que acosa que a la persona que sufre el acoso", aunque ahora "te sientes avergonzado por no haberte defendido, culpable. Esa sensación que te queda de por qué no hice nada".

Con esta sensación ha decidido romper con el pasado contándolo públicamente y cambiar su cara. Ahora ya no llora, ahora lucha para que estas injusticias no se queden impunes. Y mucho menos si se producen en el seno de una institución pública que, para más inri, es quien lucha por la seguridad ciudadana y para que estos hechos no se produzcan. 


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