Se mantiene la petición de prisión de 46 años para el 'Violador del portal'

Se mantiene la petición de prisión de 46 años para el 'Violador del portal'

Los hechos ocurrieron en noviembre de 2009. Las tres agresiones de las que se le acusan sucedieron en la misma semana a altas horas de la madrugada. Además de los delitos de agresión sexual, se le acusa de robo con violencia a dos de sus víctimas. El varón, de origen marroquí, cumple condena en Francia por hechos similares, y fue reconocido por una de las víctimas

El mes de enero comienza con actividad en la Audiencia Provincial de Salamanca. Y es que al juicio del pasado martes por un delito contra la salud pública contra dos jóvenes que fueron detenidos con un kilo de cocaína en el hospital, se le suma este jueves otra contra un hombre acusado de tres delitos de agresión sexual. 

En concreto, se trata de tres violaciones que ocurrieron, según las denuncias, a mediados de noviembre de 2009, en los barrios de Garrido y Salesas, en calles próximas a El Cortes Inglés. 

Así, el acusado habría llevado a cabo las tres agresiones en apenas una semana a altas horas de la madrugada, asaltando a sus víctimas en las entradas de sus casas cuando estas se encontraban solas, lo que le ha llevado a ser apodado como 'El violador del portal'. 

La Fiscalía pide por estos hechos un total de 46 años de prisión, ya que a las violaciones se le suma también otro delito de robo con violencia a dos de las víctimas, ya que les sustrajo el teléfono móvil, un monedero y un paquete de tabaco después de forzarlas.

La primera de las violaciones ocurrió el 11 de noviembre de 2009 y actuó tapado con un pasamontañas

La primera de las violaciones ocurrió el 11 de noviembre de 2009, cerca de las 4 horas de la madrugada, en la calle Bolívar. Así lo ha relatado la víctima, C.K.N.D., por videoconferencia desde Suecia, país donde reside actualmente. 

La mujer explicó que vivía en un piso compartido y que, cuando entró al portal de su vivienda, un hombre que la seguía y al que no pudo reconocer ya que llevaba un pasamontañas, así como guantes, se introdujo con ella. Así, el varón, al que definió como alto y ancho, trató de forzarla y ella opuso resistencia hasta que el agresor sacó un cuchillo, momento en el que se quedó paralizada.

Fue entonces cuando el hombre le quitó la ropa y la violó vaginalmente, destacando que en ningún momento ella consitió la agresión. La víctima detalló que el varón no habló mucho y lo hizo de forma suave, todo el rato en español. Tras los hechos, el hombre le robó el móvil y el monedero y se marchó.

El agresor no le resultaba conocido ni tampoco relacionado con sus compañeras de piso. Fue precisamente una de estas compañeras la que le insistió para acudir al hospital para que le tomasen muestras y pidiese la píldora anticonceptiva postcoital, ya que desconocía si el autor de la violacíon había eyaculado en su interior. Así, una vez acudió al hospital, pese a que se había duchado antes, le realizaron una exploración y le quitaron la ropa interior que se quedó la Policía, según declaró.

La segunda agresión, tres días después a apenas 800 metros

La segunda violación de las que se le acusa ocurrió tres días después, el 14 de noviembre, en la calle Fernando de la Peña, a tan sólo 800 metros de distancia de la primera. La víctima, que tampoco lo reconoció al llevar la cara cubierta con un pasamontañas, definió al agresor como un varón "no especialmente delgado ni mucho más alto" que ella, de ojos oscuros y de tez morena "pero no negra" ni muy oscura.

Los hechos ocurrieron cerca de las 6 horas de la mañana, cuando la víctima volvía de fiesta. Si bien la mujer no recordaba bien los hechos ya que han pasado 8 años, como esgrimió, fue cuando entró en el portal cuando se percató de que un hombre la estaba siguiendo y se metió también dentro. Allí, la empujó dentro del ascensor y le puso un cuchillo en el cuello, asegurándole que "sólo la quería follar".

Como dentro del ascensor no pudo consumar el acto, la empujó fuera, contra la barandilla de las escaleras, y allí se produjo la agresión. La víctima declaró que le pidió al hombre que se pusiese preservativo, cosa que él hizo antes de penetrarla analmente. Además, durante los hechos le estuvo palpando los pechos. Tras finalizar, el hombre se levantó el pasamontañas hasta la altura de la nariz y le dio un beso en la boca, aseguró la mujer, momento en el que le vio la tez. Después, la amenazó diciendo que, si contaba algo, volvería a por ella, con un tono amenazante pero sin gritar, y le robó el teléfono móvil y un paquete de tabaco.

Sin embargo, cuando el agresor se marchó, la víctima llamó a la Policía. Estos acudieron rápidamente y encontraron la funda del preservativo. Según declaro otro agente, que le dio el relevo a sus compañeros, ellos protegieron la escena (donde, a posteriori, se encontraría el condón) y escoltaron a la víctima hasta el hospital, donde certificaron que tenía lesiones anales concordantes con una penetración.

Con la última víctima no se protegió la cara, por lo que pudo reconocerlo

La tercera y última violación de la que se le acusa sucedió el 18 de noviembre de ese mismo año en la misma zona de las dos anteriores. Según detalló la víctima, cuando también volvía a su domicilio después de una noche de fiesta. Fue llegando a su calle cuando un desconocido le dirigió la palabra, charlando brevemente de camino a su casa con él "pero de nada trascendente".

La mujer, que reconoció al acusado como ese desconocido con el que tuvo "un encuentro desafortunado hace 9 o 10 años", explicó con nervios que, al momento de llegar a su portal, el hombre la empujó dentro y cerró la puerta de su portal. Allí, al principio opuso resistencia pero, tras taparle la boca y la nariz y no dejarla respirar, ella no se opuso más ya que "temía que pudiera hacerle mucho daño".

Así, la víctima, que en ningún momento "lo invitó a tener relaciones sexuales" antes de entrar al portal, al momento de ser penetrada le dijo que prefería analmente "ya que no quería quedarse embarazada", a lo que el hombre accedió. Tras eyacular, no recuerda si dentro o fuera, el varón le pidió quedar otro día mientras la retenía. La mujer, para que este se marchase, accedió y le dio un teléfono falso.

A la mañana siguiente acudió al hospital, donde le tomaron muestras, se quedaron con toda la ropa que portaba en el momento de la agresión y certificaron lesiones leves, entre ellas en el orificio anal que concordaban con la introducción de un objeto, "probablemente un pene", aseguró uno de los médicos forenses. La víctima finalizó afirmando que reclama que el agresor "esté donde tiene que estar".

El supuesto agresor lo niega todo, pero las pruebas apuntan a él

El varón, de origen marroquí y que cumple condena en Francia por un delito de agresión sexual, como él mismo reconoció, aseguró que no conocía a ninguna de las víctimas y que es inocente de todos los hechos que se le acusan, negando que ocurriese algo de lo que detallaban las víctimas.

Sí explicó que, probablemente, se encontraba en Salamanca en la fecha que ocurrieron las agresiones, ya que trabajaba "en bares y discotecas", donde mantuvo ocasionalmente relaciones sexuales con mujeres de las que no recuerda su nombre ya que eran "encuentros puntuales", pero siempre de manera consentida y en las discotecas en cuestión, no en portales, y afirmó que "nunca ha puesto un arma en una mujer".

Sin embargo, el ADN encontrado en dos de las víctimas concordaba con el recogido en un delito de robo con violencia en febrero de ese mismo año y que concordaba con el varón, M.H., condenado por esos hechos. Así, según detalló la perito, las pruebas en su laboratorio se realizaron después de los requerimientos policiales, coincidiendo dos de las muestras de las agresiones sexuales con el varón acusado. Además, la técnico matizó que sólo un individuo entre casi tres trillones de personas tendría la misma coincidencia genética, por lo que la probabilidad de error es casi inexistente.

La Fiscalía y la acusación particular mantienen la petición de pena; la defensa pide la libre absolución

Tras escuchar todos los testimonios de los testigos y tras un juicio convulso, ya que no pudieron testificar dos de las personas requeridas y fue más lento de la habitual por el retraso de una de las víctimas y la traduccion al árabe para el acusado, se emitieron las conclusiones orales.

Así, el Ministerio Fiscal aseguró que tras los testimonios, concordantes con los ofrecidos en su día, y las pruebas detalladas, quedaba probada la culpabilidad del agresor, pidiendo la pena solicitada previamente (46 años para él). En la misma línea se movió la acusación particular de una de las víctimas, quien también refrendó la condena solicitada aseverando que, tras las pruebas mostradas y las declaraciones obtenidas, todo indicaba a su culpabilidad, siendo los hechos algo "blanco y en botella". Por su parte, la defensa del acusado solicitó su libre absolución.

El juicio ha quedado visto para sentencia, y el hombre recibirá la sentencia antes de retornar a Francia a continuar cumpliendo la condena que tiene vigencia.

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