Digestiva, reconstituyente, tonificante, antioxidante, diurética y hasta laxante.  Asi fue la corrida de Cebaga Gago. Desatascó esta feria y le dio un repaso al torismo desmesurado y estraperlista con una corrida muy torera en todo. Impecablemente presentada, con toros bajos, serios y astifinos. Mejor rematada que nunca y de romana equilibrada, la de Cebada fue corrida que entró por los ojos. Muy alejada en presentación de los juicios previos a que podría  dar pie su nombre. Además, le dio la espalda sin rubor a su leyenda agreste, dura y demoledora.  Apegada a ella, el desatasco de los sanfermines vino del toreo serio de Nazaré, laxante y anticongestivo al natural para desempacho de tantas medias tintas sostenidas por quienes tienen negocio en lo mediocre y en lo malo. Le sentó bien la cebada al sevillano, dispuesto y lúcido, aunque el lote más completo fue el de Marco, que cortó una oreja. Una buena corrida de toros en toda su extensión, Don Salvador, informa mundotoro.com

Esta corrida nos deja en pelotas a todos. Y pone coherencia en el toreo y en la vida.  Con estas corridas los Circos de Romanos se quedan sin leones y sin romanos, la guapa que paseaba anoche un trasero perfecto debajo de una minifalda del tamaño de un pañuelico, ya no repetirá con ese gordocalvo porque tiene leña y a los toristas y toreristas se les llenó de agua la trinchera. Pone  coherencia en un buen debut, el de Nazaré, que cayó de pie por actitud y porque se manejó con la izquierda con una solvencia cristalina. Da razón de ser a las crónicas de ayer y de su víspera porque nos cargan de razón si ira para decir que Marco debió resolver un poco más y que Morenito, con el lote más deslucido, tiene mejores recursos para no dejarse ir por el camino de la  cantidad, que no es el suyo.

Aplicada la tarde a la corrida, puro homenaje a Don Salvador, luego nos lleva a la tarde aplicada de Nazaré,  que pisó Pamplona como hay que hacerlo. Dispuesto desde el primer quite en el segundo toro,  hasta el minuto último. Tuvo el de su debut las sienes más estrechas de feria y corrida y lo toreó bien por delantales para cuidarlo en varas. Fue toro de acertar en alturas y que pidió trato firme pero suave, mejor por el lado izquierdo. Por ahí lo citó bien el torero, enganchando y tirando de una embestida a media altura sin un solo tropiezo, despacio. Faena más para observar que para el gran público. Apuntó ahí el torero saber, y querer en las bernardinas finales antes de la estocada. Pero el toreo evidente llegó el sexto.

El único que marcó querencia pronto,  el que tuvo menos remate pero más cara, el que salió suelto del peto varias veces, pero al que saludó bien a la verónica el torero ganando terreno hacia afuera. En la confusión de las banderillas Nazaré vio al toro: había que darle celo, fijarlo. Y eso hizo en la primera tanda con la derecha, sin probaturas, para seguir toreando bien anclado en la arena, corriendo bien la mano con la derecha y al natural, limpio, largo, ligado…se fue apagando algo el toro, que llegó a embestir un poco por fuera, pero esa forma de torear ya había dado razón de ser al éxito, que llegó tras estocada algo baja. Buen toro y buena faena. Ese fue uno de los toros toreros de la corrida, otro, más bravo, el cuarto, que llegó rezagado en el encierro, y que, venido arriba, fue para romper por abajo y largo.

Bien dosificado por Marco, aguantó luego una faena de muleta con generosidad  de toro bueno. Lo había saludado el torero con dos largas, cuidado en varas y se metió poco con el, sin apretarle, hasta que se dio cuenta de que el toro admitía mas ajuste y mas por abajo, medicina que le dio el torero, acertado mas en el primer tramo de los pases que luego. Pero puso ardor, molinetes, rodillas en tierra, fe…Le dieron una oreja que no le había dado por una faena pulcra, limpia, bien ligada a un toro bajo de agujas, largo, serio, precioso y noble. Buena técnica para trasteo limpio.

Ese fue el mejor lote y el peor, sin ser nada canalla, el de Morenito de Arada. El segundo pasó con la cara por arriba y dio sensación que querer más que poder, de estar como lesionado, o de no tener fuerza.  Estuvo el de Aranda mucho tiempo, una faena muy larga y menos eficaz. Como la que le hizo al quinto, toro serio que enseñaba las palas de unas perchas asombrosas. Otro toro deslucido, de embroque feo, aunque  sin maldad.

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