El CENIE concede a Sergey Romashev el Gran Premio de su segundo concurso de fotografía entre obras de 66 países

Un jurado de excepción ha otorgado los premios de esta edición titulada ‘Longevidad: la suma positiva de vida’, que convoca la Fundación General de la Universidad de Salamanca

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Fotografía ganadora del segundo concurso del CENIE | Sergey Romashev
Fotografía ganadora del segundo concurso del CENIE | Sergey Romashev

El artista ruso Sergey Romashev ha sido elegido como el ganador del Gran Premio en la segunda edición del concurso de fotografía que convoca el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE) y promueve la Fundación General de la Universidad de Salamanca.

Un jurado de reconocido prestigio ha elegido la obra titulada ‘Youth Is A State Of Mind!’ entre 2.472 imágenes de 600 artistas procedentes de 66 países, que han mostrado su visión de la longevidad y han recibido la valoración de profesionales de elite como Luis Malibrán, Laura San Segundo, Jorge Salgado, María Santoyo, Álvaro Ibarra y José Luis Amores.

Las fotografías seleccionadas por el jurado como ganadoras de las diferentes categorías no sólo entran dentro de los criterios exigidos si no que destacan también por su calidad y visión de lo que significa este concurso.

Luis Malibrán ha considerado muy interesante la cantidad de interpretaciones que han hecho los fotógrafos sobre el envejecimiento. “Ha habido ironía, admiración, respeto, empatía... muchas formas de expresar de forma diferente, pero siempre intensa, lo que todos sentimos sobre el hecho de envejecer” señala y añade “lo que me parece un gran logro, es que por medio de imágenes se puedan expresar y fijar emociones tan intensas y tan ambiguas que en palabras sería imposible de acotar".

Jorge Salgado, por su parte, ha explicado que "he quedado gratamente sorprendido por el elevado nivel que han tenido las imágenes presentadas este año a concurso, ya no solo por su calidad técnica sino también por el cariño y cercanía que muestran los fotógrafos mediante sus imágenes hacia nuestras personas mayores".

“La amplia participación en este concurso indica una mayor consciencia sobre el pilar irrenunciable que constituyen las personas mayores en nuestra sociedad; un colectivo por desgracia tan duramente golpeado por la pandemia” ha manifestado María Santoyo. Para ella “los mayores son nuestra memoria, un aglutinante entre pasado y presente, entre el origen de la vida y la cercanía de la muerte. Su cuidado es necesario y nos otorga la misma humanidad que la protección y consideración de los que han llegado al mundo hace poco. Pero más allá de eso, es necesario concederles un espacio legítimo, experimentado y útil en toda circunstancia nos podría hacer progresar con mayor sentido”.

Con relación a las obras presentadas, la artista ha añadido que “los fotógrafos que se han presentado demuestran una mirada atenta, respetuosa y empática hacia las personas que protagonizan las imágenes, y que nos devuelven la imagen de una dignidad posible, que reside en la propia vida y cuanto de ella merece la pena: los vínculos, el disfrute, el descubrimiento, la naturaleza, el hacer y seguir haciendo”.

José Luis Amores, por su parte, ha destacado“la alta participación que ha habido en el Concurso, resaltando muy especialmente la alta calidad de las imágenes y la fantástica capacidad que han tenido para reflejar la relación de las personas mayores con sus distintas culturas y tradiciones, de maneras diferentes, sinceras y creativas”.

Programa para una sociedad longeva

La Fundación General de la Universidad de Salamanca, a través del Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE), en el marco del Programa para una sociedad longeva, sustentado en la decisión estratégica, comprometida y constructiva, de afrontar la longevidad como una de las fortalezas de la sociedad presente y futura, convocó un concurso fotográfico bajo el lema: Longevidad: la suma positiva de vida.

El Programa para una sociedad longeva se fundamenta en la necesidad de propiciar, apoyar e implementar estudios, investigaciones, descubrimientos científicos, avances tecnológicos, que contribuyan a definir la longevidad como una etapa vital saludable y gratificante, tanto para las personas, como para la sociedad a la que éstas pertenecen. De este modo, ser longevo se convierte en un horizonte prometedor y pleno de posibilidades, auténtico motor de crecimiento y factor continuo de mejora en nuestra relación y cultura social.

La longevidad nunca debe ser solo equivalente a retiro y, menos aún, a inacción, a ausencia de participación, a carencia de utilidad o productividad –entendida ésta, no sólo desde el punto de vista económico–, sino que ha de contemplarse como el momento privilegiado de la vida en el que lo ya aprendido se convierte en un verdadero capital individual y social, transferible al conjunto de la comunidad. Y en la base de nuevos y continuos aprendizajes.

Ser longevos es una forma de ser y de estar en un mundo felizmente integrado por personas que valoran y aprecian su bagaje existencial como un valioso patrimonio, pero que, al mismo tiempo, siguen movidas por proyectos, por la imprescindible vitalidad de la ilusión, por ideas de renovación. En suma, por la legítima aspiración a una vida mejor para sí mismos y para los demás.

Solo así las relaciones sociales se ampliarán y enriquecerán. Solo así la alcanzada prolongación de la vida no será únicamente el efecto de un comportamiento orgánico o biológico, sino el horizonte en el que individuos y sociedades puedan caminar conjuntamente, donde la experiencia alcance su valor irreemplazable y el futuro sea la aspiración que siga energizando nuestra vida.

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