- Y tú, ¿a qué te dedicas?  
- Trabajo con estudiantes extranjeros.
? ¡Ah! ?este «ah» suele ir acompañado de una mueca de interrogante.
- Soy directora de un programa de estudios en Salamanca, de una universidad estadounidense ?matizo.
- Ah ?misma mueca de duda?. ¿Y eso qué es?
- Básicamente: cuidadora, administrativa, contable,  profesora, animadora sociocultural, guía-acompañante en viajes de estudios, organizadora de eventos, facilitadora? 24 horas al día, siete días a la semana? 
Vuelta a la expresión de extrañeza. 

Mi nombre es Carmen Torres y soy directora administrativa del programa de estudios universitarios de la Universidad de Emory (Atlanta) en Salamanca. 

Para la mayoría de personas que no están familiarizadas con una parte importante de nuestra economía local ?la de la enseñanza de español para extranjeros?, resulta curioso toparse con un trabajo como el nuestro en el que las tareas son tan diversificadas y las vivencias tan variopintas. 

Cada semestre nuestro programa acoge a una media de veinte estudiantes, jóvenes de entre 19 y 21 años, que vienen a Salamanca a aprender español, a  llevarse unos créditos universitarios y a vivir una experiencia personal gratificante, no necesariamente en ese orden de prioridades. Cada estudiante tiene su propia personalidad, pero acaban formando también una personalidad de grupo que marcará la dinámica del semestre, dejándonos muchas anécdotas que darían para otro artículo, aunque las mejores de ellas llevan el título de «confidencial». 

Todos los estudiantes se enfrentan a las  dificultades lingüísticas en mayor o menor medida  y también a las diferencias culturales, que a pesar de la globalización aún son muchas. Entre estas últimas, las diferencias horarias ganan por goleada. Algunos se adaptarán y las disfrutarán y otros serán críticos hasta el final.  No hay un semestre idéntico a otro: aunque hay elementos que se repiten, como la adaptación a vivir en familias salmantinas, los cursos, los viajes que hacemos por España o las actividades culturales que realizamos en Salamanca,  cada semestre las vivencias y la impresión que deja el grupo cambian. Hay estudiantes que dejan huella por su encanto y buen humor, conoces a chicos y chicas que  te cuentan sus sueños e inquietudes, que en su estancia en España aprovechan para  reflexionar sobre las prioridades de la vida, personas agradecidas que te escriben contando cuán maravillosa ha sido la experiencia y el aprendizaje, y que se llevan un recuerdo para toda la vida. La gran mayoría tienen una estupenda actitud y disfrutan mucho de su tiempo en Salamanca. Aunque también hay estudiantes que ponen a prueba tus capacidades ?ese semestre te preguntas por qué dejaste las clases de yoga?, pero incluso éstos te ayudan a aprender algo y me consuela pensar que dentro de unos cuantos años, esta minoría postadolescente me recordará y pensará sonriendo »lo que tuvo que soportar nuestra directora».  

Los primeros días, días de incertidumbre y sorpresa, son un no parar de charlas orientativas sobre normas de comportamiento, convivencia, seguridad, elección de cursos o temas culturales.  En general, para el estudiante, son los días de luna de miel, donde  aun con el nerviosismo de la novedad, están encantados con todos los estímulos que reciben, los monumentos históricos, salir de tapas, conocer españoles, asistir a sus clases en Cursos Internacionales de la Universidad de Salamanca?. It?s so exciting! Muchos van a mantener ese estado durante todo el semestre, pero otros tantos vivirán sus periodos de choque cultural o de dificultades, que suelen estar relacionados con momentos en los que caen enfermos, periodos de exámenes o ciertas incomodidades como la citada de los horarios,  las comidas (sobre todo los/las vegetarianos/as), el lenguaje o simplemente por morriña o incomprensión ante aspectos de la vida cotidiana española. 

En definitiva, mi trabajo es facilitar la experiencia en el extranjero de nuestros estudiantes: orientarles y tramitar los temas académicos, organizar actividades y viajes que les ayuden a conocer mejor la cultura de España, resolver conflictos que aparezcan, servir de intermediaria entre Cursos Internacionales la Universidad de Salamanca y  Emory University, llevar todos los asuntos administrativos derivados de esta actividad, atenderles en emergencias, darles asesoramiento y apoyo, dentro de lo posible, para cubrir aquellas necesidades de tipo académico y humano que el estudiante requiera. 

Nada de esto sería posible sin la colaboración de diversas instituciones básicas: el departamento de Español de la Universidad de Emory (Atlanta), que creó el programa de Emory en Salamanca,  aprueba los créditos y colabora en labores académicas y de publicidad; el Centro Internacional de Programas en el Extranjero (CIPA), que coordina temas administrativos y es el centro base de todos los asuntos en el extranjero de la Universidad de Emory (Atlanta); Cursos Internacionales de la Universidad de Salamanca, que acoge los principales cursos de nuestro programa y sirve como soporte para asuntos imprescindibles como los documentos para el visado, la acreditación de créditos, el alojamiento en familias, apoyo en algunas emergencias, actividades culturales, etc. Y por último, la  propia Universidad de Salamanca,  que abre a nuestros estudiantes la puerta a todos sus cursos e instalaciones, como bibliotecas, comedores, zonas deportivas, etc.  

Además de esas instituciones, es de gran ayuda contar con la colaboración de algunas  familias salmantinas que, a través de Cursos Internacionales,  acogen a los estudiantes dándoles la ocasión de vivir en un entorno hogareño una experiencia que va más allá de proveer tres comidas al día y una cama. También es importante contar con mi compañero, Miguel Blanco, asistente del programa, sin cuyo  valioso apoyo sería imposible atender tantos frentes.  

Por eso,  otras veces, cuando me preguntan en qué trabajo, recurro al sencillo y conciso: Soy profesora,  y no miento, porque dar un curso, es otra de las cosas que hago en el programa. 

Y precisamente, la variedad y los cambios que se dan cada semestre es la parte  más estimulante de este trabajo. También valoro mucho el contacto con chicos y chicas jóvenes de los que siempre aprendo, porque de eso se trata un programa de intercambio, de compartir culturas y vivencias y enriquecerse con ello. 

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