​Ediciones Universidad de Salamanca presenta un libro que aclara el debate y sitúa el origen del claustro de Palamós en la Catedral Vieja

Coordinado por el profesor de la Universidad de Girona, Gerardo Boto, ha sido un trabajo de seis años que ha permitido demostrar que las piezas de Mas del Vent son originales del siglo XII. Fue a partir del siglo XX cuando comenzó su traslado comercial, primero a Ciudad Lineal (Madrid) y luego a Cataluña

 José Luis de las Heras Enrique Cabero y Gerardo Bono
José Luis de las Heras Enrique Cabero y Gerardo Bono

En la mañana de este lunes, 18 de febrero, ha sido presentado el libro Salamanca. Ciudad Lineal. Palamós: Las arcadas claustrales de Mas del Vent, coordinado por el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Girona, Gerardo Boto, y publicado por Ediciones Universidad de Salamanca.

Esta publicación es de especial interés para el Estudio salmatnino, como aseguró el vicerrector de Política Académica y Participación Social, Enrique Cabero, puesto que sitúa el origen de dichas arcadas en la Catedral Vieja de Salamanca, precisamente el lugar donde nació la Universidad hace más de 800 años.

Enrique Cabero consideró que el libro es de “consulta obligada” puesto que incorpora una serie de estudios completos que podrán ser analizados tanto por especialistas como para aquellas personas que quieran conocer mejor el patrimonio artístico histórico de Salamanca y, más en concreto, de la época medieval.

Lo mismo opinó el director de Ediciones Universidad de Salamanca, José Luis de la Heras, quien explicó que la publicación se lleva a cabo porque es un libro “puramente científico” y no versa sobre política, sino que precisamente corrobora las afirmaciones que en su día hicieron diferentes administraciones y no lograron fundamentar, algo que sí hace el libro cumpliendo con la obligación de las academias.

Salamanca. Ciudad Lineal. Palamós: Las arcadas claustrales de Mas del Vent se incluirá en la colección ‘Biblioteca de Arte’ de Ediciones Universidad de Salamanca como la publicación número 34. El director de tal colección es Felipe Pereda, catedrático de la Universidad de Harvard, y su secretario es Eduardo Azofra, precisamente el anterior director de Ediciones USAL y quien comenzó los trámites para la publicación.

José Luis de las Heras, como él mismo reconoció, se ha encargado de que el libro fuese “comercialmente viable”, lo que se ha logrado con una publicación de casi 500 páginas en formato DIN A4 en las que hay “muchísima información”. El precio será de 50 euros, haciéndose así “un esfuerzo para que esté en las bibliotecas y la comunidad científica lo pueda consultar y también cualquier persona interesada en el tema”. 

“Se establecía un encaje que resultó incluso llamativo para nosotros mismos”

El coordinador del libro, Gerardo Boto, quien ha desarrollado la obra junto a otros 10 autores (alguno de ellos de fuera de España), detalló que se trataba de abordar un asunto desde diferentes perspectivas todas ellas complementarias para tratar “con minuciosidad” el argumento y así poner de manifiesto cuáles eran las conclusiones a las que se llegaba después del procedimiento metodológico.

Esto se explica en las páginas, donde se concreta cuáles son los cauces y las vías de aproximación para que se comprenda cómo se ha procedido en el estudio. Así, “diferentes autores llegaron a esta aproximación con honestidad, cada uno planteando las conclusiones de sus apartados” y, después, cuando se ensamblaron los capítulos, “comprobamos en qué medida se establecía un encaje que resultó incluso llamativo para nosotros mismos como autores”

Gerardo Boto se mostró agradecido a Ediciones Universidad de Salamanca por permitirle trabajar con la libertad necesaria, especialmente “sin restricciones ni de espacio ni de tiempo”, lo que ha dado como resultado un libro “madurado y maduro”.

Además, que los orígenes de las acaradas del claustro de Palamós se sitúen en Salamanca no es sólo una de las razones por las que se intentó trabajar con Ediciones USAL, sino que esta imprenta, con más de 500 años de vida ininterrumpida, “ocupa el número 1 dentro del ranking de valor y reconocimiento entre universidades españolas (SPI)”.

Eso y que se fuese a incluir en una serie, y no quedase como un libro aislado, le daba una mayor relevancia académica al libro, puesto que este pasaba unos filtros que demostrarían la valencia de la publicación. “Todo son argumentos más que suficientes como para considerar que este reto deberíamos afrontarlo y hacerlo de la manera más comprometida en términos intelectuales”. 

“Nunca se ha discutido que sea piedra de Villamayor; ahora se relacionamos su origen con la Catedral de Salamanca”

El coordinador de Salamanca. Ciudad Lineal. Palamós: Las arcadas claustrales de Mas del Vent, tras ser preguntado, reafirmó que nunca se ha dudado de la procedencia del material de las arcadas del claustro de Palamós.

“Hace unos años se llegó a la conclusión inequívoca e irrefutable de que es piedra de Villamayor, eso no se ha discutido”, y de lo que se trataba es saber si la labranza de dichas piedras tenía 80 u 800 años y saber si eran piezas románicas o piezas modernas de apariencia románica.

Así, se trabajó en tres vías. Una primera que estudiaba las apariencias formales de las piedras; otra fue comprobar el efecto del paso del tiempo y la erosión de las partes escultóricas para ver “qué antigüedad nos revelaban”; y, una tercera, que establecía análisis contrastados sobre el aspecto que presentaba en su lugar de destino (Palamós) respecto a las series fotográficas cuando aún estaban en Ciudad Lineal (Madrid), lo que informaba de la biografía de las piedras.

Una vez planteada la coherencia, era momento de determinar la antigüedad histórica de los siglos y, determinada esa antigüedad, saber cuál es el contexto histórico de procedencia de las piezas, ya que hasta la Edad Moderna avanzada el radio de acción y desplazamiento de las piedras “tenía una extensión media de entre 25 y 30 kilómetros como mucho”.

Todo ello hacía pensar en dos posibilidades. El primero, que fue descartado automáticamente, era que perteneciese al claustro de Alba de Tormes, pero este fue transformado en el siglo XVI, por lo que el conjunto quedó descartado en los primeros impases de la investigación, prosiguió Gerardo Boto.

Esto llevó a los investigadores a focalizar sus estudios sobre la propia ciudad de Salamanca. Diferentes argumentos establecieron el paisaje de las piedras entre los siglos XII y XIII (en su primera vida), por lo que la candidatura final fue la Catedral (Vieja) salmantina. “Entendimos que la procedencia del conjunto de Palamós, y lo que hicimos fue establecer el análisis de ese claustro en la dimensión de sus huellas y la posibilidad de relacionar eso con el conjunto” estudiado.

Las pruebas que existen en la propia Catedral de las vigas de ese claustro, que marcan las dimensiones de las galerías, son elementos básicos para la confirmación, puesto que nunca se han movido de Salamanca y son “fósiles directores” al marcar las dimensiones de las galerías (“eso era así, ni más largo ni más corto”). Al encajar las anchuras “como un guante”, los investigadores han podido confirmar las sospechas. 

“No existen polémicas, existen debates. Conforme al análisis, los porcentajes más conservadores dan una correspondencia del 43%”

Gerardo Boto relató que en el mundo académico “no existen polémicas, existen debates”, y estos no tienen por qué acabar al ser materia de análisis susceptibles de ser tratadas en un momento u otro por diferentes autores, siendo esta “la propia esencia del conocimiento académico”.

Eso sí, la relación de las partes esculpidas (los capiteles y los cimacios) determina una proporción “conforme al análisis del 43%” en coincidencia, siendo estos los porcentajes más conservadores, mientras que en las partes estructurales (el zócalo y los arcos) la coincidencia menor es de un 25%.

“Ese porcentaje es el mismo que tienen diferentes claustros románicos restaurados en diferentes partes de España”, continuó Gerardo Boto, por lo que cree que se puede confirmar su procedencia si bien a lo largo de su historia han sido nuevamente tratadas, porque los edificios “pasan por quirófano y se transforman”, lo que no cambia, eso sí, su origen.

El coordinador de la publicación también concretó que, pese a que se demuestre el origen, no implica que las arcadas claustrales tengan que volver a Salamanca, puesto que “no hubo ningún expolio, sino que se fueron por la vía comercial”, siempre conforme a la legitimidad de propiedad que marcaba la diferente normativa jurídica, tal y como también se recoge en el libro.

Por último, Boto determinó que el primer compás de la investigación tuvo lugar en 2010, si bien la presentación mediática se produjo en el 2012, y la presentación de la hipótesis de hizo en el Congreso Internacional de Claustros Medievales y Modernos de Lisboa, en 2013. A finales de 2018 se publicó este libro “tratado con muchísimo cariño” y bien elaborado, agradeciendo por último a Vicente Forcadell, editor. 

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