Miguel Maravall, investigador del Instituto de Neurociencias, centro mixto de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), estudia el sistema táctil de los roedores. En una conferencia que ha ofrecido en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) de la Universidad de Salamanca, ha explicado algunos avances que permiten entender cómo procesa el cerebro la información de las neuronas en ese contexto, así como las aplicaciones prácticas que tiene este conocimiento.
 
“Nos interesa entender cómo el cerebro representa los estímulos que recibimos”, ha asegurado el investigador en declaraciones a DiCYT (www.dicyt.com). “Para entender nuestro entorno recibimos señales que llegan al cerebro y se procesan de una determinada manera y queremos saber, en particular, qué códigos emplean las neuronas para comunicarse entre sí”, señala.
 
La corteza cerebral es la parte del cerebro que procesa las experiencias, las convierte en memoria y toma decisiones. Desde hace décadas se sabe que distintas partes de la corteza se ocupan de procesos diferentes y se pensaba que en cada tarea participaban muchas neuronas pero realizando acciones tan parecidas que podrían ser intercambiables: si una muere, otras pueden hacer su función. Sin embargo, ahora se sabe que “las neuronas son mucho más heterogéneas y diversas de lo que se creía”, comenta el experto.
 
A pesar de esa diversidad y heterogeneidad de las neuronas, la información que aporta el sentido del tacto se envía a distintos sitios del cerebro de una manera robusta y los científicos del Instituto de Neurociencias de Alicante están interesados en saber cómo. “Si tengo una neurona que en una situación determinada no funciona, la cuestión es qué hace el cerebro para recopilar información de las que la rodean”, comenta Maravall.
 
Recientemente, un artículo científico de su equipo explica algunos avances que permiten comprender mejor este proceso. “Si observas microscópicamente una región muy pequeñita de la corteza, cada neurona está diciendo cosas sutilmente diferentes, pero el sistema está organizado de manera que se ayudan entre sí”, apunta.
 
Por ejemplo, cuando un animal toca un objeto, puede tener neuronas muy buenas a la hora de detectar qué tipo de superficie es, lisa o rugosa, y otras que indican si el animal está palpando de manera fuerte o floja. Esta segunda información no ofrece datos sobre el objeto, pero ayuda a descifrar el mensaje en su conjunto, elaborado por todas las neuronas trabajando juntas. Con menos de una decena de neuronas ya se puede tener una información nítida, sin necesidad de recopilar la información de todas las neuronas de una zona de la corteza. Por eso, el sistema es tan robusto.
 
Aplicaciones 
 
Aunque Miguel Maravall realiza una investigación básica que permite aumentar los conocimientos del sistema nervioso, estos estudios tienen interesantes aplicaciones prácticas al menos de dos tipos.
 
En primer lugar, “si pudiéramos tener sistemas en el cerebro que leyeran la actividad de las neuronas y saber lo que están diciendo, esta información podría servir para controlar una prótesis o interpretar la información que llegue de dicha prótesis y enviarla a la corteza para que el cerebro pueda utilizarla”, señala el investigador. Si una persona ha perdido la capacidad de sentir, es factible que en un futuro, gracias a una prótesis, puede incorporar información táctil.
 
En segundo lugar, aprender más sobre la organización de las neuronas permite “entender qué tipo de degradación se produce cuando tenemos enfermedades que afectan al funcionamiento de la corteza cerebral”. Esto explica que cuando se detectan enfermedades el proceso de degradación ya está avanzado puesto que antes no se perciben los síntomas debido a que el sistema es muy robusto frente a la pérdida de neuronas individuales o pequeños componentes. De esta forma, “nos acercamos a poder predecir en qué momento va a empezar a fallar el sistema a partir de los fallos de sus componentes”.
 
Características comunes en el oído y el tacto
 
Por ahora, el equipo de Maravall no tiene proyectos en común con el INCYL, pero se ha mostrado muy interesado en las investigaciones de los científicos de Salamanca. Algunos de ellos estudian el sistema nervioso y esto guarda cierto paralelismo con el tacto.
 
“Hablamos con personas de este centro sobre paralelismos de los sistemas sensoriales porque hay principios comunes”, indica. Una de las características que unen al sistema auditivo y al táctil es que, a diferencia del visual, están organizados en el tiempo. “En una foto no hay un componente temporal, pero para entender una melodía o una frase o poder tocar una superficie y entender cómo es a medida que deslizas los dedos por ella, necesitas usar el tiempo”, agrega.

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