Salamanca acoge el Congreso Internacional sobre ‘(Des)igualdad y violencia de género’: “Cada día estamos un poquito mejor, pero hay que mejorar”

La jornada cuenta con diferentes ponencias y mesas redondas dirigidas por especialistas en la materia de toda España y con expertos de varios países extranjeros. Además, el congreso permite la participación de otros profesionales y estudiantes.

 III Congreso Internacional sobre “(Des)igualdad y violencia de género” (9)
III Congreso Internacional sobre “(Des)igualdad y violencia de género” (9)

Este martes se ha inaugurado en el aula Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca la tercera edición del Congreso Internacional sobre ‘(Des)igualdad y violencia de género’, organizado por la Unidad de Igualdad de la Universidad de Salamanca y la Junta de Castilla y León. La jornada cuenta con diferentes ponencias y mesas redondas dirigidas por especialistas en la materia de toda España y con expertos de varios países extranjeros. Además, el congreso permite la participación de otros profesionales y estudiantes.

El evento fue inaugurado por la vicerrectora de Postgrado y Planes Especiales en Ciencias de la Salud, Purificación Galindo Villardón y la directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad de Salamanca, Inmaculada Sánchez Barrios. En declaraciones a los medios de comunicación, Inmaculada Sánchez explicaba que cada año se organizan iniciativas de este tipo, especialmente vinculadas al 25 de noviembre (Día Internacional Contra la Violencia de Género) y al 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), con el objetivo de promover la igualdad y erradicar la violencia de género.

Sobre la igualdad de género en la propia Universidad de Salamanca, apuntaba que “cada día estamos un poquito mejor”, aunque añadía que todavía hay que mejorar en este aspecto. “Si nos comparamos con otras universidades españolas o extranjeras sacamos buena nota, pero hay que mejorar, no estamos al 100%”, detallaba. Esa mejora se ha visto en un incremento del número de alumnas, así como en el profesorado, donde los porcentajes se acercan cada vez más a un 50% de hombres y mujeres.

“Pero en lo que todavía nos queda es en los órganos de representación, que en su mayoría son hombres, y en las cátedras también. Ahí no llegamos al 25% de mujeres, pero si comparamos con otras universidades de otros países estamos uno o dos puntos por encima de ellos. Hay que mejorar, pero en todos los países”, consideraba la directora de la Unidad de Igualdad de la USAL.

A este respecto subrayaba que dado que la mujer se incorporó más tarde a la USAL que los hombres, “es normal que intentemos ir consiguiendo más número en estos órganos de representación y gobierno. Hay que hacerlo de manera que se acelere, que no vayamos a este ritmo tan corto”.

La mujer en la prisión: la doble victimización

Uno de los ponentes de la jornada, el magistrado del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria Andrés Encinas aborda el tema de la mujer en la prisión y su condición a la entrada y a la salida: “Esa condición es de mucha discriminación porque son pocas las mujeres y si bien esto debería redundar en un mejor tratamiento, al contrario, porque la institución penitenciaria está hecha por y para hombres”. El magistrado detallaba que ellas “sufren discriminación en el tratamiento porque al haber pocas las cárceles no están adaptadas a las mujeres y los problemas de tratamiento llegan muy difícilmente a las mujeres, los talleres, etc”.

Consideraba que la mujer sufre una doble victimización en la prisión debido a la reducción de medios y al bagaje que la mayoría de ellas llevan (violencia de género, malos tratos,…). “Hay una doble victimización: van a cumplir la pena y además se encuentran discriminadas dentro de la prisión en cuanto a acceder a tratamientos y programas”, determinaba.

El perfil de las mujeres que entran en prisión es de entre 40 a más de 50 años, desempleadas, madres con hijos con los que previamente no ha habido convivencia, han sido objeto de malos tratos y abusos, tanto dentro de la pareja como en la unidad familiar y con un nivel cultural muy bajo. A eso se suma el consumo y el trauma que supone el alejamiento de los hijos al ser encarceladas, toda una situación que les incide al volver a delinquir al salir de la cárcel.

El perfil de la mujer que entra en prisión está entre los 40 y los 50 y tantos. La mayoría son desempleadas que tienen una carga de ser madres, con hijos con los que previamente no ha habido convivencia, han sido objeto de malos tratos, no solamente de pareja, sino también dentro de la unidad familiar, objeto de abusos, con un nivel cultural muy bajo, con estudios superiores. Llevan el bagaje de los consumos y del trauma que les supone el encarcelamiento y alejamiento de los hijos. Les lleva a una vez que salen a incidir otra vez a incidir en la actividad delictiva.

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