Los vecinos del barrio de Pizarrales y todos aquellos que utilizan la carretera de Ledesma, una de las principales arterias para salir de la ciudad, siguen pagando el reventón de tuberías que tuvo lugar el pasado mes de enero. Cuando están a punto de cumplirse dos meses desde el suceso, la calzada por donde miles de vehículos pasan a diario es un peligro.

La zona, aún sin asfaltar, supone un cambio de nivel importante para los conductores, incluso se han visto camiones o autobuses que han tocado con su parachoques en la zona. El motivo es que no se ha asfaltado todavía la zona, que tal y como está además es una piscina cuando llueve. Los días pasan y los vecinos no acaban de comprender el porqué de no asfaltar y devolver la vía a su estado habitual. El parche de gravilla en medio de una carretera muy transitada no deja de ser algo poco común.

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