Hubo un tiempo en que la ciudad de Salamanca parecía la Verona de Shakespeare. El cruento enfrentamiento entre diversos bandos convirtió la capital charra en un reguero de sangre y venganza que regaba hasta las aguas del Tormes. Así ha quedado reflejado para la eternidad en la plaza de Los Bandos, pero existe otro rincón del centro histórico que fue incluso más protagonista. Es la plaza del Corrillo.

Entre la Plaza Mayor y la Rúa se encuentra el que antaño fue el Corral de San Martín, un espacio anexo a la iglesia del mismo nombre donde se reunían las autoridades municipales y los concejos vecinales debido a su cercanía con el tradicional mercado del ágora charra. De ahí la denominación popular de corrillo, perpetuada en el callejero. Sin embargo, la asamblea abierta que tenía lugar en los soportales se transformó en un espacio cerrado incluso para los más valerosos.

En la segunda mitad del siglo XV la ciudad se hallaba dividida entre el Bando de Santo Tomé, cuya iglesia se encontraba en la hoy plaza de Los Bandos, y el Bando de San Benito, procedente del templo junto a la actual Clerecía. Cual capuletos y montescos, los duelos se repetían cuando alguno de sus miembros osaba cruzar los límites de cada dominio. La plaza del Corrillo se estableció como frontera. Una línea infranqueable, resguardada por cada bando para evitar intromisiones en territorio enemigo. De ahí que nadie la pisara y sólo la naturaleza se atreviera a asomarse. Era el conocido Corrillo de la Yerba.

Concluida la guerra de bandos, la plaza del Corrillo recuperó su antigua función como lugar de reunión, pero más bien de mercaderes y vendedores ambulantes. Y es que la existencia de cinco peldaños impedía el acceso primero de carros y después de coches hasta la Plaza Mayor, por lo que siempre fue una plaza más peatonal. La tradición se mantiene y los entonces pollos, huevos y verduras, que se trasladaron al cercano Mercado Central, han sido sustituidos por pulseras y abalorios.

Tienes que iniciar sesión para ver los comentarios

Destacados
Lo más leído