Hace una semana se celebró en el Teatro Liceo de Salamanca un acto reivindicativo de la Asociación Salvar el Archivo de Salamanca bajo el lema 'El Archivos nos une', exigiendo a la Generalitat que devuelva al archivo los documentos que retiene de forma ilegal. Se creó a partir de la Sección de la Guerra Civil del Archivo Histórico Nacional, creado por el franquismo después de la guerra. Se almacenó toda la documentación existente durante la contienda, para que, entre otras cosas, no fuera transportado o destruido en la huida al terminar la guerra, y para juzgar a los enemigos del lado republicano. A día de hoy es una fuente documental muy apreciada, pero además tiene un significado simbólico que refleja la existencia del país durante una época, y un reflejo del devenir histórico.

La negativa de la Generalitat de Cataluña a devolver documentos que recibió irregularmente del Archivo de la Guerra Civil se suma a su intento por plantear un referendum sobre la independencia de Cataluña. En todo este contexto ha regresado a la actualidad el debate sobre el Estado de las Autonomías y la territorialidad. Pero, ¿qué es exactamente?

 
Por territorialidad se pueden entender las consecuencias que tiene para las personas estar adscritas a un determinado ámbito, así como las ventajas y las limitaciones que supone ser de una determinada nacionalidad o ciudadanía. Afecta a las sociedades en términos de derechos y deberes. La ordenación del territorio crea esta territorialidad, en la medida en que se determinan las condiciones vigentes dentro de un ámbito. La organización territorial del Estado español es una estructura muy fragmentada, donde cada Comunidad Autónoma tiene la misma estructura que el Estado.

Por tanto, teniendo en cuenta estos puntos, entendemos los movimientos nacionalistas como una de las consecuencias de la territorialidad. En España son varios, unos defienden la unidad de la “nación española” y otros apoyan nuestro país es un estado formado por muchas naciones. Los que piensan de esta última manera reclaman el derecho de la autodeterminación para sus territorios (Cataluña, País Vasco, Galicia, Canarias y Navarra; en menos medida Valencia, Baleares, Asturias, Aragón y Andalucía).

La mayoría de los catalanes quiere ser independiente, pero la mayoría de los vascos no. Según varios sondeos, la crisis en Cataluña ha desatado los deseos de separación; en el País Vasco, la ausencia de terrorismo y el gobierno de coalición entre PSE y PP provocaron todo lo contrario. En Cataluña el 44% de los ciudadanos quieren separarse de España, el 38% está a favor de la no independencia, el 5% se abstiene, y el 11% está indeciso. Sin embargo, en el País Vasco, el 45% de la población no quiere la independencia, mientras que el 31% sí. El 11% se abstendría, y un poco más, el 11% no tiene una opinión clara.

 
Los datos sobre la cuestión territorial en España

Las cuestiones territoriales y los sentimientos que despiertan entre los habitantes de un lugar ha sido un tema muy estudiado. A nivel nacional, uno de los últimos estudios al respecto es el Barómetro del pasado julio realizado por el CIS, en el que se preguntaba a los españoles a cerca de sus preferencias en materia de organización territorial y el sentimiento de pertenencia al conjunto de España y/o a su región. Tres cuestiones a tener en cuenta en este aspecto son la comunidad autónoma a la que se pertenece (las hay en las que el sentimiento regional y la identidad propia están más arraigados), el nivel de estudios (por lo general, un mayor nivel proporciona a las personas una visión más crítica de lo que les rodea) y la edad (no son iguales las vivencias que han vivido los a los ancianos, por lo que su forma de ver la realidad suele ser distinta).

En el caso de la organización del Estado, se observa que las tres opciones más valoradas son mantener la organización territorial como la actual (38%), un Estado centralizado (22%) y un Estado que otorgue más autonomía a las comunidades (16%). Un 10% quiere un estado que reconozca la independencia de los territorios; en este caso, como era de esperar, destacan Cataluña, País Vasco y Navarra. Aquí el nivel de estudios interviene de la siguiente manera: A menores estudios, mayor es el porcentaje de personas que prefiere que se mantenga la distribución actual o se repita algo ya vivido (como un estado centralizado totalmente); a medida que aumentan los estudios, se prefiere un modelo que aún no se ha experimentado, es decir, el de mayor autonomía y posibilidad de independencia. En cuanto a la edad, se observa que los mayores de 65 años son el grupo de edad que prefiere un Estado centralizado, mientras que los más jóvenes (de 18 a 25 años) son a los que menos le convence este planteamiento, siendo mayoritarios entre los que prefieren un Estado como el actual o que incluso dé más autonomía a las comunidades.

En cuanto al sentimiento nacionalista, más de la mitad (55%) de los encuestados se sienten tanto españoles como de su comunidad autónoma, seguidos de los que se sienten sólo españoles (18%) y los que se sienten más de su comunidad autónoma que españoles (12%). Entre los que se sienten únicamente españoles destacan los madrileños y los castellano-leoneses, mientras que entre los que se sienten más de su comunidad que de España, se encuentran navarros, vascos y catalanes. El nivel de estudios interviene aquí para señalar que aquellas personas con estudios superiores son los que más de su comunidad se sienten, frente a los que cursaron otro tipo de enseñanzas o no tienen estudios. El control de la edad de los encuestados muestra que cuanto más jóvenes son, los españoles se sienten más de su comunidad autónoma que españoles, mientras que a medida que se avanza en edad, gana peso la identificación con el sentimiento nacional.

Aunque estos datos son oficiales y resumen el sentir general de la población española, hay veces que en la realidad que nos encontramos a nuestro alrededor difiere en menor o mayor medida de éstos. Esto, junto a la importancia que tiene para el futuro la opinión de los jóvenes que se forman en nuestras universidades, ha motivado que realicemos un pequeño sondeo a pie de calle que si bien no es totalmente representativo, sí nos sirve para ver con mayor cercanía cómo viven el tema de la territorialidad y el sentimiento identitario. En este caso, los resultados obtenidos no difieren demasiado de los obtenidos a nivel nacional en ninguno de los dos aspectos aquí señalados.

Mayoritariamente, los universitarios prefieren un Estado que otorgue mayor autonomía a las comunidades (39%); sin embargo, en nuestros resultados, la siguiente opción más valorada es la de mantener el Estado tal y como está ahora (31,7%), siendo mucho más minoritaria la opinión de que se debería dejar ser independientes a las comunidades (7,3%). En cuanto al sentimiento de pertenencia al Estado español y/o a la comunidad autónoma de pertenencia, existe un mismo porcentaje de los que se siente más de su comunidad que españoles como de los que se sienten de los dos sitios en la misma medida (32,5% en cada uno), por lo que de nuevo se puede decir que se repiten los resultados que en el conjunto de la población. En conclusión, se puede decir que, en general, aunque entre los jóvenes universitarios existe un sentimiento de apelación a las diferencias entre comunidades, también hay un importante grado de cohesión que les hace verse como miembros del conjunto español, el cual no ven necesario que se desmiembre en distintos territorios independientes.

 
Las tensiones territoriales en el resto de Europa

España no es el único país de nuestro entorno que sufre las tensiones nacionalistas derivadas de cuestiones territoriales vinculadas con una identidad propia.

En Francia existen numerosos nacionalismos (el borgoñés, el alsaciano, el arpitano, el normando, o el caledonio), pero, sin duda, los más destacados son el corso y el bretón:

Córcega: A principios del s. XX ya surgió un nacionalismo representado por el Partitu Corsu d'Azione que pedía la anexión de Córcega al reino de Italia y, tras la II Guerra Mundial, su independencia; sin embargo, la importancia de su nacionalismo apareció a mediados de siglo, cuando con la pérdida de Argelia como colonia francesa, muchos de los antiguos colonos se refugiaron en la isla debido a la promesa de tierras por parte del gobierno de Francia, y más tarde, en la década de los 70, se produjeron ataques terroristas para reivindicar la independencia. Las principales líneas de acción sobre las que se basa este movimiento, son la independencia de Córcega, la promoción del corso y el reconocimiento de la condición de preso político para los miembros de los presos del movimiento nacionalista corso.

Bretaña: El nacionalismo bretón tiene un gran peso político y cultural. Ya en el s. XIX, aparecieron las voces contemporáneas de este nacionalismo, que acusaban a Francia de la opresión de la lengua y la cultura bretona a través del centralismo. Tras décadas de relativa calma, a mediados del s. XX, los problemas económicos de la región, hicieron estallar el ala más violento del nacionalismo, dando como resultado diversos atentados en la década de los 80. En la actualidad, continúa existiendo una división entre la mayoría que defiende la independencia pacífica de Francia y los radicales, que optan por métodos violentos (como el atentado del 19 de abril de 2000 en un McDonald’s de Quévert, donde murió una persona).

En Alemania sobresale el caso de Bavaria, con importantes diferencias culturales (por ejemplo, en esta región, la religión mayoritaria es la católica, frente a la protestante del resto del Estado; además, hablan otro dialecto alemán al mayoritario) y económicas (es una de las regiones más ricas) respecto del resto del país. Para empezar, hasta la Guerra Austro-Prusiana (1866), Baviera pertenecía a Austria, pero tras la derrota de ésta, fue anexionada a Prusia, y más tarde, tras la unificación alemana, al Estado de Alemania, momento en el que se inicia la oposición a la integración total en el Estado. 

Italia también tiene que hacer frente a varios movimientos nacionalistas, ya sea por razones de distinto crecimiento económico (como el que promueve la Liga Norte, referido a la región norteña de Pedania) o cultural (como el napolitano, el lombardo o el tirolés). Uno de los nacionalismos más importantes de este país es el que se produce en Sicilia, donde se busca la independencia del estado central, al que consideran un opresor, debido a su cultura, su historia y su lengua (el siciliano) diferente.

Bélgica se enfrenta a diversos nacionalismos surgidos de su triple identidad: Los regionalistas alones piden una mayor autonomía de su región; los regionalistas alemanes piden una región separada de Valonia; y los flamencos, la independencia del Estado belga. Estos últimos son los más famosos, y se basa en su diferente cultura y lengua del resto de Bélgica para pedir su independencia o, en los casos menos extremos, su mayor autonomía; la fuerza política del independentismo es notable (uno de sus principales partidos, Nueva Alianza Flamenca o N-VA es una de las principales fuerzas políticas del país), aunque en las últimas elecciones nacionales, moderó su discurso para intentar abrir su espectro de votos.

En Portugal, los movimientos nacionalistas más importantes son los que implican al Algarve y al Valle de Miranda, que propone la conservación de su propia lengua; no obstante, tal vez los más representativos sean los de las islas Azores y Madeira.

Reino Unido está formado por cuatro países (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del norte), en los que han surgido diferentes movimientos nacionalistas. El caso de Escocia es el que más fama ha conseguido en los últimos tiempos debido a su referéndum a cerca de la independencia de Reino Unido el pasado 18 de septiembre, en el que el 55,3% de los escoceses votaron por la permanencia, mientras que el 44,7% votaron por la salida. Aunque los escoceses (hasta el Acta de Unión de 1707 Escocia era un país independiente de Reino Unido)  apelan a la historia para defender su independencia, lo cierto es que la realidad económica de Reino Unido, en la que Escocia no sale muy bien parada ha sido uno de los detonantes del resurgimiento del nacionalismo en esta región en los últimos años (una de las reivindicaciones del Partido Nacionalista Escocés es la autonomía de Escocia para explotar los pozos de petróleo del Mar del Norte).

En el este de Europa, han cobrado importancia los nacionalismos ucranianos a raíz del enfrentamiento entre prorrusos y proeuropeos iniciados a comienzo de este año. Dos de los más famosos son los surgidos en Donetsk, qué proclamó su independencia como República Popular de Donetsk el 7 de abril de 2014,  y Crimea, que desde el 21 de marzo de 2014 se encuentra dentro de la Federación de Rusia como el distrito federal de Crimea; lo característico de estos casos es que ambos pertenecieron a la URSS, motivo por el cual tanto Rusia como los prorrusos de estas zonas sienten que están más cerca del modelo de este país que del modelo planteado por la Unión Europea, algo que se aprovechó en el contexto convulso del conflicto ucraniano para llevar a cabo las aspiraciones de estas regiones, no sin la negativa del gobierno de Ucrania y de la propia Unión Europea, lo que ha dado lugar a numerosos enfrentamientos bélicos.

En Serbia, cabe destacar la situación de Kosovo, región con la que ha tenido numerosas tensiones, llegando a su punto álgido el 17 de febrero de 2008, momento en el que la región declaró unilateralmente su independencia, reconocida en la actualidad por 105 Estados, entre los que no se encuentran ni Serbia (que la sigue considerando como provincia autónoma dentro de su territorio), ni sus aliados, ni tampoco España. Asimismo, dentro del propio Kosovo existe una escisión entre la mayoría de etnia albanesa y el norte, de mayoría serbia, que  es administrado autónomamente con la coordinación de la Asamblea Comunitaria de Kosovo y Metohija, organismo creado en junio de 2008 con el apoyo de la República de Serbia y que no es reconocido por el gobierno kosovar. El 19 de abril de 2013, tras meses de negociaciones auspiciadas por la Unión Europea, Serbia y Kosovo establecieron relaciones de nuevo.

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