El lenguaje es en ocasiones caprichoso, provocando en ocasiones que el paso de la letra escrita a la palabra oral conlleve significados opuestos. Varios son los ejemplos que pueden encontrarse en el callejero salmantino, corregidos a posteriori para no incidir sobre el error. Es el caso de la calle de Jesús.

Esta estrecha y empinada vía desde la calle San Pablo hasta la Rúa encierra un misterioso ambiente al ceder su trono el astro rey. Así la describió el poeta José de Espronceda: “La calle sombría, la noche ya entrada, / la lámpara triste ya pronta a expirar, / que a veces alumbra la imagen sagrada / y a veces se esconde la sombra a aumentar”.

 

Esta imagen era Santo Cristo de Otero, dentro de una hornacina adosada a la pared. Crucificado que daba nombre a la calzada, aunque para acotarla, popularmente se conocía como calle del Otero, siendo una de las que mandó empedrar el hijo de los Reyes Católicos a finales del siglo XV. Pero la o era pronunciada por muchos salmantinos como una u, e incluso en documentos oficiales comenzó a escribirse como calle del Utero. Hasta que llegó la escisión de la Iglesia Católica y la pronunciación parecía hacer referencia al herético monje alemán, la calle de Lutero. Por eso, para evitar cualquier confusión, se decidió llamarla calle de Jesús.
 

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