“Mi mayor sueño sería no tener que esconderme, más incluso que la cura de la enfermedad”

 “Mi mayor sueño sería no tener que esconderme, más incluso que la cura de la enfermedad”
“Mi mayor sueño sería no tener que esconderme, más incluso que la cura de la enfermedad”
Aunque estamos en pleno siglo XXI, María -utilizamos un nombre falso para salvaguardar su identidad- afirma que “por desgracia tenemos que mantener el anonimato”. Sin embargo, accede a hablar con SALAMANCA24HORAS para contarnos su historia, eso sí, sin fotografías.
 
Hace aproximadamente 18 años que María conoció a su marido, y desde el primer momento supo que era portador del VIH. “Aunque venía de una familia acomodada, en los años 80 el tema de la droga era lo que estaba de moda”. Físicamente María no notó nada pero se dio cuenta de que “no me hacía mucho caso y a mí me gustaba porque era muy guapo”.
 
Al poco tiempo le contó que tenía el virus del VIH aunque era asintomático, es decir, que no había desarrollado la enfermedad. Pese a ello, María quiso seguir adelante con la relación, eso sí, con la condición indispensable de que nunca más volviera a probar las drogas. Y lo consiguió, porque lleva 17 años sin consumir.
 
María y su marido iniciaron una vida en común, y sin buscarlo María se quedó embarazada. Era el año 1999 “y no había los avances que hay ahora con la reproducción asistida”. Tras pensarlo asumieron los riesgos y nació el bebé totalmente sano. Y es que en ese momento María todavía no había sido contagiada.
 
Fue a finales del año 2003, de la manera más inesperada, cuando en un accidente doméstico se rompió un cristal de una de las puertas de su casa. El marido de María al coger el cristal se cortó en una mano y ella al socorrerle no se dio cuenta de una herida que tenía ella misma en la mano y se contagió. Lo supo porque también María se sometía cada cierto tiempo a controles médicos al igual que su marido.
 
A los dos meses del accidente comenzó a adelgazar “y entonces me dijeron que era portadora”. Al contrario que su marido, que mantuvo la enfermedad asintomática durante 14 años, María desarrolló enseguida el virus y directamente pasó a la categoría C3, casi la más grave -su marido está en la fase B2-.
 
“Comencé enseguida con tratamiento y he estado 7 años con el mismo porque me ha ido muy bien”, afirma, y es que el valor y la valentía con la que afronta María su enfermedad es digna de elogio. “Problemas derivados del tratamiento siempre tienes, pero no hay que acobardarse y yo sigo haciendo una vida cotidiana normal” y es que pese a la dureza de la medicación “si te olvidas un poco puedes ser perfectamente normal”.
 
Principal sueño
 
La apertura de mentalidad y los avances del siglo XXI parecen no haber llegado todavía para los enfermos de VIH en un aspecto. Y es que todavía tienen que esconder su condición, “no puedes hablarlo con nadie porque igual que con el cáncer la gente se solidariza, con el VIH es como si tuvieras la lepra”, destaca María. Así afirma que “mi mayor sueño sería no tener que esconderme, más incluso que la cura de la enfermedad”. Toda su familia y su propia hija ignoran que María y su marido tienen Sida, “hablaré con mi hija cuando la vea madura porque tampoco voy a tenerla engañada toda la vida”.
 
Por todo ello, María hace un llamamiento para que “la gente se haga las pruebas” porque con la medicación adecuada se puede tener calidad de vida. Además, es consciente de la enfermedad y toma las debidas precauciones en su vida diaria “la botella de lejía la tenemos siempre a mano en casa” y también hace la comida con guantes.
 
A la muerte la mira de frente y sin miedo “te lo planteas alguna vez, pero tenemos más miedo al deterioro físico”, reconoce. María es todo un ejemplo de valentía y dignidad, tal vez un día pueda salir a la calle con la cabeza bien alta y sin miedo a que la señalen con el dedo. Tal vez, algún día la población asuma que estamos en pleno siglo XXI y que todos tenemos derecho a ser tratados iguales. Tal vez su sueño de “compartir su silencio” se cumpla. O tal vez no, y entonces será la sociedad la que habrá fallado a un sector de la población que merece las mismas oportunidades.
 

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