La historia de las calles de Salamanca viene determinada en ocasiones por algún elemento singular que marca su denominación para la eternidad, un objeto concreto en el lugar adecuado para generar una tradición popular transcrita al papel con el paso de las generaciones. Así ocurre en la plaza de los Leones.

Muy cerca del patio Chico de la Catedral, entre las calle Arcediano y Doyagüe, se encuentra un pequeño espacio abierto dominado por un solar tapiado. Una plazuela de reciente denominación, pues la plaza de los Leones no aparece en ningún plano hasta principios del siglo XX, aunque sí como calle en un documento de 1930, siendo en la actualidad su memoria viva.

Había en esta calle una vivienda con dos leones custodiando su entrada, de ahí que popularmente se la conociera por tal nombre. Un lugar que albergó también una casa de acogida para jóvenes madres solteras, la denominada Casa de las Cruzadas. Allí permaneció hasta su cierre en 1960 y posterior demolición en lo que hoy es el solar que domina la plaza de los Leones, donde ya no quedan restos de los fieros animales, pero sí del testimonio de felinas jóvenes que lucharon para sacar adelante a sus hijos en tiempos de miseria y hambre.

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