En las cárceles españolas hay actualmente en torno a 180 presos dentro de un plan especial de vigilancia para evitar contactos yihadistas. Según datos de Instituciones Penitenciarias y la Audiencia Nacional, un centenar por su probada relación con el terrorismo islamista, y el resto por haber mostrado signos de radicalización durante los últimos meses.

¿Cómo se produce ese intento de reclutamiento? En primer lugar, los yihadistas buscan presos con penas inferiores a los tres años de cárcel, de manera que puedan salir pronto de la cárcel. En segundo lugar, se trata de presos sin cargas familiares, y por tanto con más facilidad para no anclarse a su nueva vida en España. Y finalmente aprovechan los contactos en momentos puntuales en los módulos para cara a cara inocular el mensaje yihadista cual veneno que lentamente va calando en el cerebro.

Para evitar la culminación de este proceso, el Ministerio de Interior tiene en marcha el ?Programa de Intervención con los Internos Islamistas en los Centros Penitenciarios?. En concreto, se controlan las comunicaciones con el exterior de los presos musulmanes, con qué otros presos frecuentan sus conversaciones y se impide la tenencia de cualquier libro o material audiovisual que pueda ser susceptible de esconder mensajes encriptados. Por tanto, se trata de un máximo seguimiento para garantizar la seguridad nacional.

 

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