No son días fáciles para los miembros del Partido Socialista. La dimisión forzada de su secretario general, Pedro Sánchez, ha dejado una formación política dividida, en el momento más bajo de respaldo electoral durante la democracia, pero, sobre todo, entre la espada y la pared, porque tiene que decidir entre abstenerse y dejar que gobierne el Partido Popular de Mariano Rajoy o seguir oponiéndose y provocar las que serían las terceras elecciones generales en apenas un año. El secretario provincial del PSOE, Fernando Pablos, analiza esta crisis en una entrevista con SALAMANCA24HORAS.

- ¿Qué le pasa al Partido Socialista?
- Tenemos una situación muy preocupante. Probablemente y sin duda desde la recuperación de la democracia es la más seria. La semana pasada fue muy desagradable, dimos un espectáculo que no se debe volver a repetir. Por eso quiero pedir disculpas a los ciudadanos por ese espectáculo. Llevamos mucho tiempo hablando solo de nosotros mismos, la semana pasada sobre todo, y yo sigo creyendo que deberíamos haber hecho eso que hemos dicho durante mucho tiempo, que siempre hay que anteponer España a los intereses del PSOE. Tengo la impresión de que últimamente no fue así.

- Todos los políticos dicen que los españoles les han dado un mensaje de diálogo y de llegar a acuerdos, pero en casi un año sólo Ciudadanos logró un pacto con el Partido Socialista primero y después con el Partido Popular que resultaron insuficientes, porque al final han primado las trabas y los personalismos.
- Después de las elecciones de diciembre hubo una debacle clara del Partido Popular, porque pasó de una mayoría absoluta a tener 123 diputados que al día siguiente se le quedaron en 122 porque Gómez de la Serna se fue al grupo mixto. El acuerdo de PSOE con Ciudadanos sumaba 130, ahora algunos en Podemos estarán arrepentidos de no haber aprovechado esa oportunidad en un parlamento diferente para haber hecho un gobierno del cambio. El resultado del 26 de junio fue distinto, para peor para los que creemos que el Partido Popular no debería seguir gobernando, pero la realidad es que salió fortalecido y nosotros nos quedamos con cinco menos mientras la unión de diecisiete partidos en Podemos se quedó exactamente igual. 

A partir de ese momento han pasado los meses sin que las cosas se dijeran claras, por eso reconozco a Javier Fernández que hable claro, quizá sea ya demasiado tarde, y es que sólo había dos opciones después de las segundas elecciones, porque gobernar junto a Podemos y Ciudadanos era imposible. ¿Por qué iba a ser en julio lo que era imposible en marzo? Y los socialistas no podemos basar un gobierno en partidos independentistas con el desafío que hay en Cataluña. Por tanto, esa disyuntiva, que para el PSOE es muy dura, entre terceras elecciones que no se quieren o que el PP con Rajoy siga gobernando, hubiese más clarificador si lo hubiésemos puesto sobre la mesa en junio. Ahora estamos a tres semanas del abismo, sería un síntoma de fracaso colectivo.

- ¿Debió dimitir Pedro Sánchez la misma noche del 26 de junio al cosechar por segunda vez consecutiva los peores resultados electorales del PSOE en la democracia?
- Eso siempre es interpretable. En la historia del PSOE ha habido siempre por parte de secretarios generales dimisiones más o menos directas, lo hizo Almunia, y Rubalcaba no fue después pero sí después de las europeas. Al final un secretario general tiene que ver cómo aporta más al partido socialista, y esas reflexiones las hemos hecho en muchas provincias.

- Aquí se llevan también cosechando malos resultados y a la baja desde hace una década.
- Lo que hemos valorado de forma colegiada la dirección es si somos capaces de seguir trabajando juntos, que es lo que hemos hecho en Salamanca, más allá de que los resultados no sean satisfactorios. Desde luego si uno ver con perspectiva lo que pasó la semana pasada, la dimisión de Pedro Sánchez es una cuestión que hubiese ayudado, pero a posterior las cosas son muy fáciles. El gran problema de estos últimos meses es haber estado enredando con algo imposible, que haya un gobierno alternativo liderado por el PSOE, y eso nos ha llevado a generar una serie de expectativas en algunos sectores de la militancia y de pérdida de tiempo en general que nos ha llevado a la situación en la que estamos. No es nada sencillo afrontar el futuro, pero estoy seguro de que el Partido Socialista va a salir y dentro de no mucho tiempo volverá a ser un partido central y fuerte, como lo ha sido durante los últimos años.

- ¿Y todo esto no se lo decían los secretarios provinciales a Pedro Sánchez? ¿O hizo lo que le dio la gana junto a su camarilla?
- Yo he trasladado esta reflexión en todos los ámbitos en que se me ha escuchado. En todos. Si hay un clamor por que no haya terceras elecciones, el PSOE no puede ser percibido como el problema, que por otra parte es injusto, porque el principio de estas elecciones es que el PP no ha sido capaz de conseguir todos los diputados. En el comité federal, del que no formo parte, se dijo que el PSOE no iba a votar a Rajoy, y todos los escándalos de corrupción no ayudan nada, y el intento de gobierno alternativo, que repito, era imposible.

- Con todo lo que tiene el Partido Popular con la corrupción, fue el más votado en junio y con más respaldo que seis meses antes. ¿No son los ciudadanos con sus votos los que mandan?
- Y tenemos que pensarlo, por qué el PP está por encima de nosotros con dos millones de votos. Los resultados siempre hay que verlos en la perspectiva de qué ha ocurrido. En Salamanca en los últimos años han sido malos, aun así seguimos siendo de largo la segunda fuerza política. Lo más preocupante de la evolución de las últimas elecciones es que en Galicia ya no hemos sido la segunda fuerza, nos ha adelantado un Podemos absolutamente dividido, y en Euskadi hemos pasado a estar casi en los niveles del Partido Popular. Ésa es la evolución preocupante. Los mensajes que hemos trasladado durante estos últimos meses no parece que sean entendidos por los ciudadanos. Por ello, la disyuntiva de ahora es serie. El PSOE tiene que ser parte de la solución para que no haya terceras elecciones.

- Entonces, ¿habrá abstención del PSOE?
- A día de hoy la postura del partido es no a Rajoy, porque así lo decidió el comité federal. Hay otras opciones, que no son sencillas. El PP y Ciudadanos podrían sumar 175 diputados con el PNV y bastaría la abstención del diputado de Nueva Canarias. A ver cómo se evoluciona. 

- Comentaba que no están calando los mensajes socialistas. ¿Pesa todavía la gestión de la crisis que hizo el gobierno de Zapatero?
- Está claro que a partir de mayo de 2010, con unas medidas muy duras que adoptó el Gobierno de España, en una situación crítica del país desde el punto de vista económico, ha habido una desafección de una parte importante del electorado del Partido Socialista. Eso se une a que hay quien ha sabido conectar con los ciudadanos con mensajes populistas, reiterados continuamente en los medios de comunicación, como ha sido Podemos. No podemos estar satisfechos por estar un poco por delante de Podemos. ¿Cómo se sale de esto en el futuro? Creo que no es una cuestión exclusiva de España, en el conjunto Europa los partidos socialdemócratas están con crisis de resultados, preocupantes incluso donde gobernamos. Pero no imagino el futuro sin que haya partidos de izquierda democrática fuertes, y en España es el Partido Socialista.

- ¿Se ha podemizado el Partido Socialista, como afirmó el presidente de la gestora nacional días atrás?
- Hay una cuestión, el lenguaje de Podemos se ha apoderado de la sociedad. En ese lenguaje está también el radicalismo y también situaciones que en nada ayudan al país. En la medida en que parte de ese lenguaje se ha asumido por una parte de los socialistas, es clara la expresión de Javier Fernández, que es un hombre muy tranquilo y moderado. El nivel de cordura en las declaraciones públicas que ha traído es algo que siempre debemos escuchar y respetarle. Insisto, no podemos conformarnos con estar un poquito por delante de Podemos, sino con ganar al PP.

- Entonces, ¿la que está en crisis es la socialdemocracia? ¿Por qué cala más el populismo y los extremismos de derechas?
- Las épocas de crisis son épocas de cambio. Ésta dura muchísimo, no es sólo una crisis cíclica histórica del capitalismo, en la que las medidas de impulso económico desde los estados hacían cambiar lo que era el signo de la economía. Aquí hubo tres en muy poco tiempo, una bancaria, que empezó en Estados Unidos, una económica vinculada a ella y una montería, fundamentalmente vinculada al euro. Y lo que ha habido son consecuencias muy graves para los ciudadanos. Lo que parece claro es que la identificación entre responsabilidad de los socialistas aquí con la crisis hacia quienes más la sufrieron les ha hecho despegarse de nosotros. Todavía no hay la percepción de lo que hacen otros, que ofrecen la luna. La realidad es que en el futuro los socialistas tenemos la obligación de estar con propuestas y con estructuras de partido más cercanas a una sociedad cambiante. La España de hoy no es la España de 1982 y todos tenemos que ser capaces de estar a altura.

- Efectivamente, estamos hablando del mismo PSOE que desarrolló España después del franquismo y la introdujo en Europea, que tuvo múltiples cargos implicados en casos de corrupción, que regresó al gobierno para impulsar medidas sociales incluso pioneras en el mundo, pero que después no supo gestionar la crisis. ¿Demasiados vaivenes y pérdida de la identidad socialista?
- No creo, porque también tenemos al mismo PP de la corrupción desde su refundación en los años ochenta y sin embargo su fidelidad en el electorado es más alta. Aunque las pérdidas fueron muy importantes en diciembre en junio, al contrario que en otros países donde se ha castigado al partido del gobierno, aquí el PP no lo ha sido tanto. El PSOE tiene un ideario que jamás va a cambiar, que desde la democracia jamás impondremos nada, que lucharemos por una sociedad donde la capacidad económica no le condicione y una sociedad donde paulatinamente se genere riqueza para redistribuirla y donde los servicios fundamentales estén garantizados. Una sociedad donde haya derechos y preocupación por quienes están necesitados más allá de nuestras fronteras.

- ¿Eso es ser socialista?
- Me remito a una frase de Josep Borrell: ser socialista es tener pasión por la igualdad, la justicia social y aspirar a un mundo mejor desde el convencimiento de tus vecinos. Hay mucho que hacer, pero lo que está claro es que en los últimos tiempos los electores no han apostado por nosotros, salvo en las elecciones municipales. Sólo hay una mayoría absoluta en una capital de España, del PSOE en Soria, y sólo una en un municipio de más de doscientos mil habitantes, el PSOE en Vigo. En Salamanca hay casi cien alcaldías socialistas, entre ellas tres de las cuatro cabeceras de comarca. Por eso, ahora con la que está cayendo ahora en España no podemos gastar esfuerzos inútiles en hablar sólo de nosotros y del Partido Socialista.

- ¿Demasiado márketing durante el último año, mucha imagen de Pedro Sánchez y poco contenido de propuestas con medidas y soluciones concretas?
- No es cuestión de Pedro Sánchez, de Susana Díaz o de Fernández Vara, se ha hablado demasiado del PSOE como partido político y poco de lo que el PSOE quiere hacer. Los partidos políticos, sobre todo el socialista, no son un fin en sí mismo, tienen que ser un instrumento para mejorar la sociedad. Cuando damos la impresión de que el fin es lo que ocurre dentro del partido, estamos equivocándonos.

- Entre los propios militantes socialistas se ha hablado de golpe de Estado, de pucherazo, de que Felipe González es un vendido. La división es fuerte. ¿Cómo se cosen esas heridas, como proponía Susana Díaz?
- Fue un espectáculo lamentable. No hubo pucherazo ni golpe de Estado, pero sí la división ha llegado a unos extremos que no debía, el límite debe estar en el respeto. El PSOE tiene unos órganos que deben respetarse y al final es lo que el partido tiene que ser, como comentaba antes, un instrumento para mejorar la sociedad. Si no se respetan los órganos estamos en una situación de difícil retorno, porque las reglas de juego no se pueden cambiar a posteriori. Lo que ha ocurrido en estos días espero que es algo que hayamos aprendido. Nadie es imprescindible en ningún ámbito, menos en la político. El objetivo es compartir un proyecto para que los ideales del Partido Socialista lleguen a ser mayoritarios. Ahora hay que dejar trabajar a la gestora.

- ¿Tampoco es imprescindible Fernando Pablos al frente del PSOE de Salamanca? Hay facciones en el partido que le acusan de agarrarse al cargo desde hace tiempo, abogando por una renovación.
- Va a haber congresos inmediatamente, en cuanto haya congreso federal, que supongo será el año que viene, no más allá de primavera. Las primarias son un método que no tiene vuelta atrás en la elección de los secretarios generales. Por cierto, los salmantinos hemos sido pioneros en consultar muchas cosas, por ejemplo en consultar la elección de nuestros diputados provinciales o las listas electorales. Hemos dado ejemplo de eso y los militantes lo conocen bien. En Salamanca ocurrirá lo que los militantes digan. Frente a la dirección actual, que con aciertos y con errores ha trabajado exclusivamente por intentar que el PSOE en Salamanca crezca, tenemos más agrupaciones que hace cuatro años, una mayor implantación en el conjunto de la provincia y seguimos siendo referente cuando hay cualquier problema para un colectivo, frente a ese planteamiento, que no es de personas, porque yo soy el primer prescindible, hay que ver hacia dónde se quiere ir y se confrontarán democráticamente los diferentes candidatos. Quiero recordar que en Salamanca es habitual que haya más candidatos, los hubo cuando me presenté por primera vez para optar a alcalde de Salamanca y también cuando me presenté a secretario provincial.

- ¿Pero Fernando Pablos se presentará a la reelección?
- Los estatutos del partido recogen la posibilidad de un tercer mandato, pero es bueno no aventurar nada. A día de hoy tengo una obligación, la de todo secretario general, trabajar por que el PSOE de Salamanca esté unido y sea útil a la sociedad. Cuando haya congreso veremos qué alternativas hay. Yo sí reconozco que no voy a ser jamás un problema para el Partido Socialista de Salamanca. Jamás. Eso significa disponibilidad plena para dejar de estar donde estoy o para lo contrario si no hay alternativas. Pero sobre todo, que los debates no sean de personas, sino de proyectos, porque me parece que lo más importante en política es que cada uno sepamos que sin nosotros los partidos también funcionan, sobre todo el socialista. Por tanto, yo no voy a ser ningún problema, y menos para alguno fundamental como la renovación. En el Partido Socialista hay mucha cantera y el futuro tiene que pasar por una nueva generación en los niveles de responsabilidad que correspondan. En Salamanca hay muchas personas capacitadas para tomar decisiones y para liderar el partido.

- Entonces, ¿qué mensaje le da a esos socialistas descontentos, para que regresen tras confiar más en Podemos o pasarse a la abstención, incluso para quienes están planteándose renegar del PSOE tras lo ocurrido recientemente?
- Lo primero, pedirles perdón. Lo que ha hecho el Partido Socialista en las últimas semanas no tiene ninguna justificación. Lo segundo, es impensable que en el futuro no haya un partido de izquierdas democrático y fuerte. Eso sería muy negativo. Si no hay una alternativa de izquierda democrática al Partido Popular entonces va a estar muchísimo tiempo gobernando. Eso no es malo para los intereses del PSOE, estoy convencido que es malo para España, incluso en todos los niveles. En Salamanca, desde que hay una importante hegemonía del Partido Popular en la Diputación provincial y en el Ayuntamiento de la ciudad, lo único que hemos visto es que se ha agigantado la emigración de los jóvenes y la despoblación, que no se ha generado riqueza y que las perspectivas colectivas son peores. La única alternativa al PP es un Partido Socialista fuerte. Por tanto, a quienes piensan como nosotros, más allá de lo acontecido en los últimos tiempos, les digo que nos ayuden a que colectivamente el Partido Socialista sea el referente de la izquierda democrática de este país, de la comunidad autónoma y de la provincia.

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