Ilusión es lo que desprende Sergio, un joven de 30 años que se ha visto abocado a la calle pese a su corta edad. Después de años trabajando en diferentes sitios, se vio sin empleo, sin dinero y sin más apoyos que los que encontró en la calle de diferentes sin techo que le ofrecieron la poca ayuda que podían y muchos consejos. ?No es fácil empezar a pedir. Yo tuve que acudir a otros en mi situación para que me aconsejaran y me dijeran cómo se hace esto?, afirma con resignación mientras recuerda al tiempo que no se deja vencer, ?pero lo importante es salir adelante. Si no sigues tú, nadie lo va a hacer por ti?. 

En ello incide mucho alguien que ya lleva un año viendo como su ciudad no le acoge en Padre Damián, donde quiere entrar. ?Hay una lista de espera grande. Yo solo quiero salir de la calle y tener una vida más o menos normal. Allí haría cursos y podría avanzar?. En avanzar, precisamente, pone mucho empeño. ?Hay que ir pasito a pasito. No puedes volar. Porque de un golpe te levantas pero igual del segundo solo te hundes cada vez más?. 

Para que esto tampoco le ocurra a otros conocidos, él mismo se dedica a ayudar en el Espacio Abierto de Cáritas las tardes que puede. Allí come a menudo y se guarda algo de comida para la tarde. Hoy no es uno de esos días porque alguien le ha llevado un tupper que disfrutará cerca del Puente Romano. ?Es muy importante mantener la ilusión y estar entretenido?, incide, ?pedir todos los días a todas horas en la calle no es bueno para la mente?.

Recuerda, además, ciertos casos que se ha encontrado en los que la persona sí ha perdido toda la esperanza. ?Se van a la droga o vienen de ella, trapichean? Y eso solo te lleva a dos cosas. Hay gente que ha perdido articulaciones o acaba en el calabozo o la cárcel. Yo ahí no quiero entrar. De ahí solo puedes salir peor?. Por eso envía currículos y sigue viendo ofertas de trabajo aunque el no tener una dirección le cierre las puertas. Por eso Padre Damián. Entre tantas otras cosas.

No aguantará, eso sí, mucho más. Sus pies tienen que seguir avanzando y, a pesar de que su familia esté aquí y no quiera separarse de ellos, ?si no sigues tú, nadie lo va a hacer por ti?. Lo repite mucho, como autoconvenciéndose de que puede ocurrir. Una familia con la que ha pasado malos momentos, ?como en las mejores familias?, pero a la que no quiere dejar. ?Cuando tenía cinco años me operaron de las cuerdas vocales y mi madre estaba allí. Yo también quiero estar ahora?. 

De ello y de los demás se va llenando para seguir con esa ilusión que no le deje caer. ?Siempre hay alguien peor. Hace poco conocí a una chica de 18 años que estaba en la calle. 18 años?, dice, ?a ella le ayudé lo que pude. Entre nosotros nos ayudamos porque sabemos lo que estamos pasando?, recuerda una y otra vez.

En lo que espera la respuesta del centro de acogida, se mantiene a base de caridad y en edificios abandonados que limpia junto con otros sin techo. ?Allí no vive nadie pero si tiene un dueño y llega, que vea que no estamos haciendo nada malo y está limpio?, asegura, mientras parece implorar que no te vayas después de cerca de una hora. ?Ánimo y suerte?, le dices. ?Muchas gracias. Hay que mantenerse arriba?

 

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