Los productores de legumbres de Castilla y León quieren doblar su producción en concordancia con la recomendación de la OMS de duplicar el consumo

Salamanca siembra 3.289 hectáreas de garbanzos, lentejas y alubias con una producción que alcanza las 2.955 toneladas; este sector mueve en Castilla y León 65 millones, según COAG

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 Garbanzos Pedrosillanos
Garbanzos Pedrosillanos

Castilla y León es una de las principales productoras de legumbres de España y la que más figuras de calidad ha creado para protegerlas, tanto en producción como en consumo. Conforma por tanto un tejido que ante la celebración este 10 de febrero del Día Mundial de las Legumbres establecido por la FAO, organismo de las naciones unidas que trata sobre la alimentación en el mundo, es el momento óptimo para fotografiar y analizar su potencialidad.

Casi el 40% de la superficie total de legumbres se concentra en la provincia de Valladolid, seguida de León con el 22%. El 90 % de la superficie de alubias está en la provincia de León. Valladolid también concentra el 70% de la superficie de lentejas, seguida de Salamanca (10%) y Palencia (9%). El cultivo de garbanzos está más repartido: Salamanca (28%), Valladolid (27%) y Zamora (24%).        

En Salamanca, los productores sembraron 3.289 hectáreas con una producción total de 2.955 toneladas. A destacar las 2.316 hectáreas de garbanzos y 2.025 toneladas; 894 Ha de lentejas y 811 toneladas  y 79 hectáreas de alubias con una producción de 119 toneladas.

Los agricultores de la Comunidad siembran cada año 22.000 hectáreas de alubias, lentejas y garbanzos, según datos de 2020 ofrecidos por Agricultura, que producen 31.394 toneladas.  De esta cantidad, un 30 por ciento está amparada por sellos de calidad, principalmente Indicaciones Geográficas Protegidas, y el resto se vende sin protección. Pues bien, evaluando estos datos de producción junto a otros de consumo, tales como que en España, se consumen 3,4 kilos de legumbres por persona y año, que la Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo por persona y año de entre 6 y 7 kilos para llevar una dieta equilibrada o que, también en España, en los años 50 del siglo pasado, se consumían 13 kilos por persona y año, lleva a una reflexión lógica que ya se han hecho quienes conforman el subsector de legumbres. Y es que el crecimiento potencial es enorme.

Con innegables bríos pero escasos medios, están en ello. Dos horizontes se presentan ante los productores que invitan a caminar hacia ellos: uno es avanzar en la producción y otro, avanzar en la protección. Los implicados, sobre todo quienes están más cerca de los datos, creen que lo ideal sería doblar la producción en los próximos años. “Un objetivo viable podría ser llegar a las 40 ó 50.000 hectáreas de cultivo en los próximos 6 años”, dice Nicolás Armenteros, responsable técnico de las Indicaciones Geográficas Protegidas de Lenteja de la Armuña, Garbanzo de Fuentesaúco, Judías de El Barco de Ávila y Garbanzo de Pedrosillo. Hay tierras, hay agricultores y sobre todo, hay consumidores.

Durante el confinamiento, el consumo de legumbres se disparó en España un 300 por cien. A la legumbre le sienta bien el hogar, la concentración familiar, en general, el consumo doméstico. Después, cuando se comenzó a desescalar, el consumo cayó estrepitosamente pero su descenso se detuvo en cifras muy superiores e impensables en años anteriores. En torno a un 15 por ciento por encima de las de 2019. Quiere ello decir que hay potencialidad de crecimiento del consumo, y por ende, de la producción.

Según COAG Castilla y León el valor del cultivo seria de 65 millones de euros y la potencialidad de crecimiento iría en relación al incremento del porcentaje de producción amparado por las IGP o Marcas de Garantía.

Porque, otro frente es la protección, figura que en buena lógica ha de redundar también en la mayor renta de los agricultores al poder vender sus cultivos más caros. El porcentaje de producción que se contraetiqueta con el sello de las Indicaciones Geográficas Protegidas va subiendo con bastante fuerza. Javier Alonso, responsable técnico de la IGP Lenteja de Tierra de Campos ofrece cifras relevantes en este sentido. Dice que “en los últimos cinco años hemos doblado el porcentaje de producción de lenteja protegido por la IGP. Hemos pasado de 450 a 900 toneladas desde 2015”. El precio percibido por el agricultor puede incrementarse, al someterse el cultivo a los parámetros de calidad  impuestos por el organismo protector.

Sin embargo, los agricultores hablan de los complicados equilibrios que requiere rentabilizar algunos de estos cultivos en relación con otros con menos requisitos. Poli Castellanos, es productor de alubia y presidente de la I.G.P. Alubia de La Bañeza-León; también es presidente de UCALE-COAG LEÓN. Poli dice que en su comarca leonesa, la gente se piensa cada vez más sembrar alubia porque es un cultivo que exige muchos cuidados y que a la larga, sale mucho más rentable plantar maíz. Claro, todo podría cambiar si la protección de calidad en la IGP impulsara los precios hacia arriba, pero los comercializadores tienen que equilibrar mucho porque hay que competir con productos no amparados por los sellos. Al ser estos alimentos mucho más baratos entran en directa competencia y lastran los precios.

Castilla y León lidera el ranking en España por figuras de calidad. Posee cinco indicaciones geográficas protegidas (IGP), Lenteja de la Armuña, Garbanzo de Fuentesaúco, Judía del Barco de Ávila, Alubia de la Bañeza-León y Lenteja de Tierra de Campos, y dos marcas de garantía, Judión de la Granja y Garbanzo Pedrosillano. Las figuras de calidad venden casi 8 millones de euros, emplean a 800 personas y amparan a 580 explotaciones agrarias y a 46 empresas.                       

 

 

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