La razón más frecuente para colocar una prótesis de cadera es la de eliminar el dolor y la incapacidad que causa una destrucción severa de la articulación, que puede estar dañada por la artrosis, proceso en el que se produce el desgaste del cartílago, o por la artritis reumatoide.
 
Debido al dolor y a la rigidez, el paciente evita la utilización de la articulación. Los músculos que rodean la articulación se debilitan y esto contribuye a dificultar la movilidad de la cadera. Cuando la destrucción articular es importante, una prótesis total de cadera puede permitir al paciente volver a desempeñar sus actividades diarias.
 
Con la prótesis total de cadera se realiza una sustitución de toda la cadera, tanto la parte femoral (cabeza del fémur) como la parte unida a la pelvis. Esta prótesis está especialmente indicada en paciente con artrosis de cadera.
 
La prótesis parcial de cadera sustituye sólo la cabeza del fémur y se suele utilizar sólo en casos de fracturas que afectan el cuello del fémur y que no son posibles o recomendables reconstruir. Generalmente se reserva para pacientes muy mayores y/o deteriorados que realizan vida sedentaria. La cirugía que se requiere para la implantación de este tipo de prótesis es menos agresiva, más corta y con menos sangrado que la de las totales.

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