Castilla y León apuesta por la cardiología de precisión para adaptar el implante de válvula aórtica al corazón del paciente
Un proyecto multicéntrico del Clínico de Valladolid permite recrear la aorta y ensayar de forma previa la operación con el objetivo de mejorar en seguridad, calidad de vida y durabilidad de las prótesis
El implante percutáneo de válvula aórtica ha supuesto uno de los mayores avances de la cardiología intervencionista en las últimas décadas. Lo que comenzó como una alternativa para pacientes con estenosis de la aorta inoperables o con muy alto riesgo quirúrgico, se ha convertido en una técnica muy extendida, cada vez más utilizada también en pacientes de riesgo intermedio y con perspectivas de ampliación a perfiles de bajo riesgo. En paralelo a esta evolución clínica, la tecnología avanza hacia una nueva etapa, la cardiología personalizada de precisión, donde el Hospital Clínico Universitario de Valladolid y el Instituto de Ciencias del Corazón (Icicor) están escribiendo ya una nueva página de la historia de la medicina.
Este centro lidera un ensayo clínico, en el que están implicados hasta 15 grupos punteros de todo el pías, que permite simular de forma personalizada el implante antes de realizarlo, mediante el biomodelado tridimensional de la aorta del paciente a partir de un TAC. El objetivo es ensayar virtualmente el procedimiento, para anticipar riesgos y adaptar cada decisión a la anatomía concreta de cada persona.
Lo explica a Ical el coordinador de Investigación del Icicor, Carlos Baladrón, que además es investigador del CIBER-CV, el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares, paraguas en el que se incardina también este proyecto. “La estenosis aórtica es una enfermedad de una de las válvulas del corazón encargada de regular el paso de la sangre desde el ventrículo izquierdo hacia la aorta, la gran arteria que distribuye el flujo sanguíneo al resto del organismo. Se trata, por tanto, de un punto crítico del sistema circulatorio”. Por distintas causas, entre ellas la degeneración asociada a la edad, la válvula puede calcificarse y perder capacidad de apertura, lo que dificulta la salida de la sangre del corazón y compromete la perfusión de los órganos, explica.
Alta prevalencia
El hecho de que sea una patología cada vez más prevalente, da relevancia a este ensayo clínico. No en vano, concreta el investigador, en personas mayores de 65 años afecta aproximadamente al dos por ciento de la población, una cifra que se incrementa de forma notable con la edad y que, en mayores de 75 años, puede alcanzar hasta el diez o incluso el 12 por ciento. Se trata, además, de una enfermedad que se da en personas con otras patologías asociadas.
“Actualmente, no existe tratamiento farmacológico” capaz de revertir o resolver la estenosis aórtica. “El único tratamiento que existe es cuando ya es severa, cuando provoca muchos síntomas, es sustituir esa válvula de alguna manera”, apunta. Hasta hace pocos años, esto solo era posible mediante cirugía a corazón abierto, una intervención muy invasiva que muchos pacientes mayores afrontaban con dificultad, largas recuperaciones y un riesgo elevado de complicaciones.
La llegada de este implante, conocido como TAVI por sus siglas en inglés, cambió radicalmente este escenario. La válvula protésica se implanta a través de un catéter, generalmente por vía femoral, sin necesidad de abrir el tórax ni el corazón. El procedimiento es menos agresivo, con estancias hospitalarias más cortas y una recuperación más rápida, lo que ha permitido ofrecer tratamiento a pacientes que antes no tenían opción.
Sin embargo, el implante percutáneo también presenta desafíos técnicos. A diferencia de la cirugía convencional, el cardiólogo no tiene visión directa de la válvula durante el procedimiento y el margen de maniobra es más limitado. Por ello, la planificación previa resulta clave para minimizar riesgos y optimizar resultados, añade el investigador.
Simulación personalizada
De forma habitual, todos los pacientes candidatos a TAVI se someten a un TAC cardíaco, que permite medir con precisión el tamaño de la válvula, la aorta y las estructuras adyacentes, y seleccionar el tipo y tamaño de prótesis más adecuado. El ensayo del Clínico de Valladolid da un paso más al incorporar la simulación personalizada del implante, con especial atención a un aspecto hasta ahora poco considerado: el alineamiento y el ángulo de rotación de la prótesis dentro de la anatomía del paciente.
A partir del TAC, los investigadores generan un modelo tridimensional de la aorta, que permite simular virtualmente el recorrido de la prótesis durante el implante. De este modo, es posible identificar de antemano la posición óptima y definir cómo debe introducirse la válvula en el catéter para que, al desplegarse, quede correctamente alineada, sin necesidad de maniobras adicionales dentro de la aorta. “Se trata de adaptar el procedimiento al paciente y no al revés”, resume Carlos Baladrón.
Primeros resultados, en 2026
Este desarrollo se encuentra actualmente en fase de investigación, dentro de un ensayo clínico multicéntrico que arrancó en el año 2022 y en el que participan 15 hospitales de todo el país que han reclutado a cerca de 300 pacientes, de los que 160 se han incluido en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, uno de los centros con mayor volumen de participación.
El proyecto cuenta con financiación de la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León y del Instituto de Salud Carlos III. De momento, la técnica no forma parte de la práctica clínica habitual, a la espera de demostrar de forma concluyente sus beneficios frente a los procedimientos convencionales. Los investigadores prevén comenzar a publicar los resultados definitivos del seguimiento a tres años este mismo 2026.
El objetivo último del proyecto es mejorar la vida de las personas que conviven con una estenosis aórtica. “Esperamos demostrar que un implante realmente adaptado a la anatomía de cada paciente se traduce en mejores resultados clínicos”, defiende Baladrón. Un mejor acoplamiento de la prótesis debería favorecer un funcionamiento más natural de la válvula, reducir la aparición de fugas y mejorar el flujo sanguíneo. Pero, sobre todo, debería notarse en el día a día del paciente. “Además, hasta ahora, la durabilidad de estas prótesis se ha estimado en torno a los 10 o 15 años”. Con esta técnica, el equipo confía en prolongar esa vida útil y, con ello, retrasar o evitar nuevas intervenciones en pacientes que, en muchos casos, son personas mayores.
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