A las once de la noche salía de su templo, Santa María la Nueva, tras unos años de traslado forzoso, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente. Con su túnica blanca y fajín morado, en una atmósfera de silencio total solamente rota por los tambores y las campanillas del viático. 
 
Mientras los hermanos, en filas de tres, escoltaban a su Cristo en penitencia, tres de ellos arrastraban tres pesadas cruces de madera, mientras la imagen, llevada en parihuelas, se movía por las calles sin hacer ruido.
 
Al llegar a la plaza de Viriato, y como es costumbre, los hermanos se colocaron en formación para iluminar al Yacente con las velas rojas de sus hachones. Alrededor de la una y media de la madrugada, el silencio en la plaza fue total. Apenas entraba la imagen en la plaza cuando el coro comenzó a cantar el ‘Miserere’, que acompañó al Cristo Yacente durante toda la vuelta alrededor de Viriato.
 
Al terminar, Jesús emprendió de nuevo su camino hacia su templo, acompañado por el silencio de sus hermanos, donde ya descansa.

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