Con esa propuesta, es posible echar un vistazo a Los Cencerrones, en Abejera; a los Carochos, en Riofrío de Aliste; a los Diablos, en Sarracín de Aliste, y al Zangarrón de Montamarta. “Sarracín sale hacia las nueve de la mañana. Ya preparan la primera lucha, supuestamente, entre el bien y el mal, según la tesis del antropólogo Francisco Rodríguez Pascual, aunque yo creo que el bien no lo representan nunca en la mentalidad popular ni el ciego, ni el molacillo ni el gitano”, señala a zamora24horas Bernardo Calvo.
 
Después, empieza la petición del aguinaldo y, a tenor del recorrido que sugiere Bernardo Calvo, hacia las 11.30 horas, el aficionado a las mascaradas puede desplazarse a Riofrío de Aliste, porque allí salen hacia las 12.00 horas los Carochos. “Es espectacular, con participación popular. El pueblo derriba el carro, le pide las guías al gitano, se produce el milagro de la resurrección del ciego, se hace la petición, y hacia la hora de comer se pasa por el agua junto al puente”, explica. “Eso es importante porque el puente es obra humana. Los seres demoníacos clásicos, a medio camino entre los hombres y los dioses, pasan por el río. No son hombres para pasar por el puente”, añade.
 
A las 15.30 horas, en Abejera hay una continua “actividad interesantísima de luchas y risas que merece la pena ver”.
 
Desde pasadas las tres y media de la madrugada, la compleja ceremonia de vestir al Zangarrón de Montamarta, con toallas cosidas a modo de perneras del pantalón, ya ha centrado la atención de buena parte del pueblo. Una vez ataviado convenientemente, y con la espectacular máscara de corcho cubriéndole la cabeza, el Zangarrón danzará por toda la localidad, haciendo sonar los cencerros que cuelgan en su espalda y dirigiéndose a los mozos solteros y dándole “unos palos” como dicen en Montamarta, cuando les inclina el cuerpo y les propina con un tridente unos golpes que no siempre son suaves.
 
Uno de los momentos más emocionantes tiene lugar en la misa, cuando se dirige al altar y pincha con ese tridente dos hogazas de pan. La jornada es agotadora para el Zangarrón, que no para de moverse, corriendo y dando saltos por la localidad durante todo el día.

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