Salva, Amanda y otros veinte actores más provenientes de muchos rincones de la geografía española escuchan cómplices y atentos los consejos y anécdotas profesionales de la actriz Carmen Machi. La charla es desenfadada, amena y muy productiva. El “escenario” es UNIR Escuela de Actores, que con este encuentro ha inaugurado un ciclo intimista que acogerá en su sede madrileña a otras relevantes personalidades del teatro como Alfredo Sanzol, Pepe Viyuela, Ernesto Caballero, Eduardo Vasco y José Luis Gómez.
 
“Soy Carmen, de Madrid y empecé hace años en una compañía de teatro independiente”. De forma modesta, Machi fue alternando sus vivencias con el debate con sus jóvenes, y algún que otro veterano, colegas. Recordó cuando, en sus comienzos, interpretó el papel de La novia en Bodas de Sangre, de Federico García Lorca: “Que mal lo hice, no me salía la voz; bueno, a lo mejor no lo hice tan mal, pero no lo disfruté”. Cuando era pequeña vio a Elisabeth Taylor en una película en la que moría, y se quedó prendada de cómo una actriz puede fallecer en una película y luego revivir en otra. Ahí se dio cuenta de algo fundamental: “La actuación es un juego; lo que no me esperaba es que podría vivir de ella. Tú no decides ser actriz, la vida lo decide por ti”.
 
Moderado por Luis d´Ors, director teatral y uno de los amigos de la “inteligente y afable” actriz, el encuentro dejó otras perlas de Carmen Machi: “Siempre pasan cosas, aunque estés sin trabajo; éste es un oficio que tiene la edad que tienes tú. En otras ramas artísticas no es así. Realmente los actores en nuestro trabajo somos una panda de mentirosos que hacen posible la mentira”.
 
En el Teatro de la Abadía, con funciones como Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, de Valle-Inclán, dirigida por José Luis Gómez y cuyos ensayos duraron la friolera de siete meses, descubrió la maravillosa herramienta de la palabra, la disciplina y el rigor; en definitiva, cayó en la necesidad de la formación para corregir el “montón de vicios actorales” que había acumulado.
 
En el intercambio de opiniones con los actores de la Escuela, Machi relató cómo la llamaron para un episodio de la serie de televisión 7 Vidas, donde la grabación con público de los capítulos era una auténtica fiesta. Tras integrarse su personaje en la trama y después de un largo periodo de éxito de audiencia, repitió ese éxito con Aída, spin-off de 7 Vidas… “Cuando me lo propusieron, me sentí extraña, y luego no contaba con la popularidad, no entraba en mis planes”, aunque reconoció también que “mejoré mucho como actriz haciendo Aída; le doy gracias al personaje y además me hizo valorar mucho el teatro”.

Diferencias entre teatro y televisión

 
Precisamente, en La tortuga de Darwin, texto de Juan Mayorga dirigido por Ernesto Caballero, dos espectadoras, cuando ya llevaba veinte minutos en escena haciendo de tortuga de 200 años, se preguntaron cuándo salía a escena… “esto para mí fue un elogio”. Machi lanzó una pregunta al aire: “¿Por qué cuando haces televisión te tratan como personaje y cuándo haces teatro te consideran artista?”. No obstante, reconoció que este planteamiento está cambiando porque muchos actores que no hacían televisión se están acercando también a este medio. En cambio, según ella, el cine es el “medio más difícil para un actor”, sin olvidar la exigencia del teatro.
 
Además de criticar el continuo debate del encasillamiento actoral avivado, en su opinión, por los medios de comunicación, y elogiar a Pedro Almodóvar y su particular conexión con las actrices, comentó, ante la dificultad expresada por los actores al abordar la comedia, que este género es “técnica pura; si te das tiempo para emocionarte, te has cargado tu actuación”. Sin embargo, cuando ya el actor adquiere experiencia sí puede combinar técnica y emociones; eso sí, “al último al que tienes que hacer gracia es a ti mismo”.
 
En la amena y prolongada charla con sus colegas, Machi, que ha recibido los más reconocidos premios del teatro español y ahora está inmersa en Los Macbeth, adaptada por Juan Cavestany, dirigida por Andrés Lima y que estrenará en abril, dio una última recomendación práctica para los actores neófitos en el cine: “Por el raccord -la continuidad cinematográfica- no comáis ni bebáis ni fuméis en el rodaje de una secuencia. Si podéis, fingirlo o hacerlo muy poco”. Lo dice por experiencia. Un atracón de galletas de fibra que requirió muchas tomas en una película tiene la culpa.
 

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