La Facultad de Bellas Artes reflexiona sobre la infancia en su nueva exposición ‘No me corrijas’ en Salaséis

La muestra ha sido presentada por los profesores Diego del Pozo y Vanessa Gallardo y los artistas Aida Martín, María Suárez y Adrián Rodríguez

Comunicación USAL
28 ene 2026 - 07:00
Los artistas Aida Martín González, María Suárez López y Adrián Rodríguez Tedín durante la inauguración de la exposición. /
Los artistas Aida Martín González, María Suárez López y Adrián Rodríguez Tedín durante la inauguración de la exposición. / | Raquel J. Santos (Comunicación USAL)

La Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca ha inaugurado en Salaséis su segunda exposición de la temporada 2025-26 con el título “No me corrijas”, de Aida Martín González, Aida María Suárez López y Adrián Rodríguez Tedín, que podrá ser visitada hasta el 15 de marzo.

En esta propuesta artística los creadores defienden la estética infantil de las obras como una estrategia crítica que pretende recuperar “lo esencial, lo no domesticado”. A su vez, su propósito también radica “en disolver la autoría individual y entender cada pieza como un acto compartido, una insistencia en que el niño aún no ha terminado de hablar”, según explicaron en rueda de prensa Diego del Pozo, vicedecano de Infraestructuras y Extensión Cultural Artística; la profesora Vanessa Gallardo y los tres artistas.

Infancia y rebelión

“Intervenir pupitres, lienzos y objetos cotidianos es nuestra manera de abrir un espacio donde el trazo no obedece ni la justifica, donde la crudeza del gesto desplaza cualquier intento de corrección”, explicaron los artistas durante la inauguración. En este sentido, han insistido que se trata de un proyecto “lúdico, pero no ingenuo: es primitivo, vital, sucio, verdadero. Su propuesta pone la infancia en el centro como una forma de volver al origen, no como nostalgia; sino como resistencia”. En sus palabras, “al compartir deliberadamente la autoría, y así disolverla, “la obra crece como rizoma, desobediente y en transformación constante”.

La infancia se presenta como “un territorio de pureza y libertad, un espacio previo a las imposiciones que la crítica y la norma estética ejercen sobre la creación”. Ese exilio de la naturalidad hacia el orden impuesto marca la tensión que atraviesa este proyecto, así como las obras de grandes pensadores como Hölderin, Friedrich, Tonucci o Munari, en el que volver “no es un gesto nostálgico, es un acto de sabotaje”.

Para Aida Martín González, María Suárez López y Adrián Rodríguez Tedín “la niñez no es un mito; es un motor. No aparece como figura tierna, sino como potencia indisciplinada. La estética de la propuesta nace de la práctica de un juego consciente y la certeza de que la torpeza, el error y lo inacabado son más fértiles que la pulcritud que dicta el mundo adulto”.

“De este modo”, concluyeron, “lo que emerge no es un resultado perfecto, sino la huella: insistente, compartida, contaminada, resistente a la norma. Un gesto que no busca ser limpio ni correcto, sino verdadero.

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