Las predicciones meteorológicas apuntaban la presencia de lluvia en la madrugada de este Viernes Santo después de una tarde de jueves en que las tres procesiones estuvieron afectadas por el mal tiempo: Jesús del Vía Crucis a mitad de trayecto, la Seráfica Hermandad a los pocos metros de salir y el Cristo de la Amor y de la Paz ni siquiera llegó a partir del templo del Arrabal. Pero los devotos de la madrugada de pasión con la Hermandad Dominicana y sus miembros esperaban que amainara el temporal para poder salir de la iglesia de San Esteban. No ha sido así y quince minutos antes de las cinco de la madrugada, los dirigentes de la hermandad confirmaban la suspensión de la procesión por segundo año consecutivo, la quinta ya esta Semana Santa (Cristo de los Doctrinos el Lunes, Cristo de la Luz el martes, Seráfica Hermandad y Cristo del Amor el jueves), además de que otras cuatro tuvieron que parar de desfilar a mitad de recorrido (Jesús Despojado, Cristo del Perdón, Cristo de la Agonía Redentora y Jesús del Vía Crucis).
 
Mientras el cielo era una imparable cascada, pequeños torrentes comenzaban a resbalar por las sonrojadas mejillas de quienes pasaban del todo a la nada en apenas minutos. La junta directiva de la hermandad anunció a los participantes en la procesión la decisión adoptada y la desolación se adueñó del interior del templo. Llanto. Lágrimas de amargura. Sin distinción de sexo ni edad. Llanto al unísono. Unos, con la mirada perdida, otros, con las manos a la cabeza y recostados sobre los bancos. Pocas palabras podían consolarlos. Pero había que agradecer a los cientos de fieles su presencia mientras la lluvia era ya diluvio. Por eso, uno a uno, los pasos fueron asomándose hasta la puerta del convento de San Esteban. Entre fuertes aplausos, las imágenes apenas avanzaron unos metros al ritmo de un acompañamiento musical que, en esta ocasión, salió del alma más que nunca, notas al compás del corazón en un pentagrama de amargura.
 
La madrugada que anuncia ya el Viernes Santo se debía abrir con la comitiva del Cristo de la Buena Muerte, de autor anónimo, acompañado por Nuestra Señora de la Esperanza, de Damián Villar, obra de 1952, Jesús de la Pasión, también de Damián Villar, de 1945, y Nuestra Señora de los Dolores, talla de Salvador Carmona que data de 1760, otro de los desfiles preferidos por los salmantinos durante más de cinco horas por todo el centro histórico de la ciudad, recibiendo al amanecer entre cornetas y tambores. Pero los cientos de presentes que desafiaban al mal tiempo sólo han podido ver cómo las puertas de los Dominicos se abrían para que fueran saludando los pasos en señal de agradecimiento por la fidelidad.
 
Fundada por el gremio de las Artes Gráficas a imagen y semejanza de la Hermandad Sevillana de la Macarena e incluso tomando su misma hora y día de salida, esta hermandad es sin duda la más importante y con más fuerza de todas las que se fundan en esa época, con la peculiaridad de que tiene dos sedes canónicas en la iglesia de San Esteban (Padres Dominicos) y en la Catedral Nueva, como consecuencia que desfila con la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, que tiene su residencia en la misma.

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