Se representó una tragedia de Shakespeare (in)adaptada por tres intérpretes en kilt, con el apoyo escenográfico ?esta vez sí hubo algo más que una silla? de una máquina de humo, cuchillos de cocina y tres micrófonos con pie. La primera evocó las nieblas de Escocia y todo lo demás fueron muebles, gaitas, caballos, lanzas, espadas, horcas, bosques, tronos y, en definitiva, toda la escenografía que precisó esta obra. Basada en relatos de guerras entre linajes de la nobleza británica, esta fue una de las piezas más sangrientas del autor (de todos los protagonistas sólo sobreviven dos), siendo por excelencia un nefasto retrato de la ambición humana.

A lo largo de ochenta minutos y al estilo inconfundible de la Companhia do Chapitô, el público disfrutó con esta tragedia contada desde la hilaridad absoluta. ¿No se hacen clásicos con trajes de chaqueta y corbata que respetan y engrandecen la dramaturgia y el mensaje del texto? Pues estos simpáticos portugueses hicieron lo propio desde el sentido del humor más descacharrante. Y en portugués, inglés o castellano.

La Compañía del Chapitô fue creada en 1996. Emplea siempre la comedia por su poder para cuestionar todos los aspectos de la realidad física y social. Crea, desde su fundación, espectáculos multidisciplinares que se asientan en el trabajo físico del actor en un proceso colectivo y en constante desarrollo, que invitan a la imaginación del público y que se relacionan estrechamente con éste.

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