- En primer lugar, ¿cuál es la historia de Whisky para los Pájaros?
- Yo me he dedicado esencialmente a la poesía, daba recitales generalmente acompañado de un buen amigo, David Vegue, que los llamábamos “recitales acojonantes de poesía no menos acojonante” en los que metíamos poesía y dosis de humor con la intención de alegrar un poquito el encuentro con la gente. En uno de ellos nos dio por musicar un poema, nos agradó el resultado y formamos una banda anterior que se llamaba Deseo de ser piel roja. El nombre también era largo y venía de una cita de Franz Kafka, de un poemita en prosa que tenía que era una invitación en el mundo moderno del estrés, de la prisa, de las ciudades, a volver al campo a galopar libre y de ahí el deseo de ser piel roja. Éramos banda universitaria, con David a la guitarra y conmigo a la voz y fuimos reclutando a conocidos. La banda duró un par de añitos y luego vino la resaca universitaria cuando acabamos la carrera, cada uno era de un sitio, la gente voló, yo era el único de aquí y aquí seguí. Pasado un tiempo el mono me volvió a querer reclutar gente con la misma idea, volcar poemas cantados, con mucha importancia de la letra y así es como surgió Whisky para los Pájaros. 
 
- Los miembros habéis ido cambiando.
- Del grupo inicial no estamos todos, de la aventura inicial de Whisky para los pájaros está Jesús Cobos a la guitarra, Víctor Caballero al teclado y yo, Óscar Borona a la voz. Casi todos hemos tenido algún grupo anterior aquí en la ciudad. ¿Y el nombre? Que también es algo que se pregunta. Pues el nombre viene de un encuentro en un botellón junto a la estatua de Elio Antonio de Nebrija, que tiene la gracia de ser el que hizo la primera gramática en castellano y que nosotros le damos importancia al idioma y a las letras, en el que se dio la circunstancia de que un gorrión urbano en un momento dado se posó en una botella, fue algo efímero, pero la imagen nos resultó entrañable, poética, y de ahí surgió el nombre. A veces se recibe como algo más jovial, pero la idea era más poética.
 
- Siempre se ha asociado el ser músico a ser un vividor. Decir que la idea surgió un botellón igual retoma el tópico, ¿no?
- (Risas) Siempre nos gusta decir que es sin ánimo de agravar el formato etílico porque incluso nombres de canciones hacen referencia como ‘Arrecife de vodka y dinamita’ o ‘Cocaína para el sol’. Parece que hay cierta invitación, pero lo cierto es que nos gusta pensar más metafóricamente, que cada uno recoja su lectura, y nos gusta decir que no es necesario beber para embriagarse de vida. Un bonito amanecer, una buena canción o un buen poema es ebriedad sin necesidad de bebida y por ahí van los tiros y la idea de la banda.
 
- ¿Y hacia dónde se dirige ahora el grupo? ¿Qué expectativas tenéis de futuro?
- A día de hoy esto es un hobby con cierta seriedad y compromiso por parte de todos, con los pies en el suelo cada uno nos dedicamos a lo que podemos para sobrevivir sin estar vinculados con la música, pero la idea con el disco es una apuesta fuerte en cuanto a que en su día por magia y circunstancias del destino contactamos con Lauren Stradmann, que es baterista de sesión de Raphael, La Guardia, Camela... Un hombre con muchos recursos y al que le gustaron mucho las canciones, el buen ánimo y la manera de concebir la vida de la banda, conectamos bien y se lanzó al río con la producción. Nos fuimos a grabar a Madrid, ha sido un proceso largo porque todos tenemos nuestras ocupaciones y cuesta coincidir y desplazarse a Madrid, casi ha durado de verano a verano. En cuanto estén las copias físicas, que las esperamos en septiembre, haremos la distribución a nivel empresarial y tras ese encuentro pondremos el disco a la venta a un precio muy económico, esperamos no pasar de 5 ó 6 euros porque la idea es tratar de llegar al mayor número de gente posible con el boca a boca, el beso a beso y el polvo a polvo que decía el otro.
 
- ¿Tenéis algún referente musical?
- Cada uno somos hijo de nuestro padre y nuestra madre, hay mucha variedad. Quizás los que más coincidimos somos Jesús Cobos y yo, que nos hemos criado con la música ochentera en España, me da igual Joaquín Sabina que Duncan Dhu, El último de la fila, Los secretos… 
 
- Lo que sí habéis llegado a lanzar es el primer videoclip. ¿Qué os ha parecido? ¿Cómo fue la experiencia?
- Ni nos enteramos porque fue un directo en la Plaza Mayor teloneando a Loquillo, en un escenario mágico y repleto de gente. Muy bonita la experiencia. Para el videoclip contactamos con un amigo, Javier Díez, y grabó secuencias, hizo un pequeño montaje, nos agradó la idea y ahí está.
 
- Más que ‘Resurrección’ es el nacimiento porque es el primero.
- Resurrección en cuanto a ver un poco la luz o a hacernos un poco más público porque sí es curioso que en Salamanca a mucha gente le suena el nombre de la banda, pero no tenía referencia físicas o sonoras. 
 
- ¿Ese teloneo de Loquillo fue el primer gran momento del grupo?
- De cara al público sí. La trayectoria de la banda realmente es muy corta, llevamos dos años y pico, por lo que a la luz no hemos estado mucho. Hubo una actuación en Camelot en el séptimo concurso de grupos Ciudad de Salamanca en el que entre dieciséis o diecisiete bandas tuvimos la suerte de hacernos con el primer premio, fue una experiencia muy bonita. Luego hubo otra actuación en Salamanca y después vino el teloneo de Loquillo. Tuvimos la suerte de que Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes nos pudo ver en una de las actuaciones, les agradó y quizás por cercanía en espíritu y sonoridad, salvando las distancias, con Loquillo le parecimos una banda acorde.
 
- ¿Y qué tal con Loquillo?
- Muy bien, nos vimos muy poco porque fue efímero, llegó un poquito antes de que empezaran las actuaciones, nos presentaron, nos hicimos unas fotos, nos dio ánimos y muy bien. Luego se dio la circunstancia de que al finalizar nos felicitó, nos dijo que nos había visto con mucha energía y le había hecho mucha gracia el nombre.
 
- No sé si me podrías explicar vuestro lema: “Una buena canción está compuesta de tres acordes, dos cojones y la verdad”.
- Viene de la época anterior de Deseo de ser piel roja, por aquel entonces cogimos la frase de Bob Dylan: “Una canción se compone de tres acordes y la verdad”. No sé si lo decía en mayúsculas pero a mí me gusta decir la verdad con uve mayúscula, la verdad cósmica, profunda. Dylan trataba de decir que muchas veces el camino de la sencillez es el camino correcto. Nosotros en el parafraseo español le hemos añadido ese matiz tan mediterráneo que son los dos cojones, la contundencia, con cariño pero dándolo todo.
 
- Hablando un poco en general, ¿cómo está el panorama musical actualmente en Salamanca?
- En mi modesta opinión está muy bien, es una época con infinidad de bandas, en buena parte motivada por ser una ciudad universitaria, que hace que se concentre gente de muchas zonas, gente con mucha inquietud que termina uniéndose. Hoy en día creo que goza de muy buena salud por número, porque somos un puñado importante de bandas, y por variedad, porque encuentras de todo, jazz, salsa, pop rock, heavy… 
 
- ¿Las instituciones apoyan al sector?
- Bueno, no nos podemos quejar en cuanto a la experiencia con Loquillo, pero me gusta matizar que ni nos acostamos con nadie ni tenemos un contacto con nadie, fue una apuesta sincera por parte de las instituciones y lo valoramos mucho. A veces el esfuerzo y el trabajo se ven recompensados sin necesidad de tener ese tipo de contactos o ayudas extramusicales. 
 
- La semana pasada hablaba con el director de Etón Teatro, Ángel González Quesada, y decía que con esto de la crisis se hace más caso a los grupos locales porque son más baratos. ¿En la música ocurre lo mismo?
- Si te digo la verdad no llegué a conocer de primera mano la época boyante como músico, fue una vocación tardía porque empecé con 26 años. Los últimos años sí están siendo bastante buenos aquí en Salamanca con ese tipo de apoyos, en ferias y fiestas suele haber seis, siete u ocho bandas como poco que hacen el programa con la difusión que eso da a nivel local, que es de agradecer, aparecer en los folletos y en los carteles luminosos es una ayuda impagable.
 
- ¿Repetiréis en fiestas?
- No, sería abusar. Hay mucha variedad y muy buena y todos merecen su ratito de gloria y paz interior. Es una aventura maravillosa, espero que los compañeros que se suban este año la disfruten porque la Plaza Mayor es un escenario único. En términos pugilísticos o de boxeo es el ring más bonito del mundo, así que les invito a subir al ring a darlo todo.
 
- El ring más bonito del mundo visualmente porque sonoramente deja mucho que desear...
- Puedes desplazarte cuatro metros y el sonido es totalmente distinto, es una cosa con la que hay que contar y por desgracia pasa con otros recintos también. Todo se asocia a los músicos o a los técnicos de sonido, pero hay veces que no se ven las propiedades del recinto. Gente que en un momento dado puede salir más descontenta o más contenta con el sonido, pero a veces por moverte cuatro metros en un mismo recinto unas personas reciben un sonido y otras, otro. Es un cúmulo de circunstancias. Por supuesto la banda tiene que sonar bien, es el primer paso fundamental, los técnicos de sonido, que son una mano impagable, y luego el propio recinto, vacío o lleno, que también cambia las propiedades. Pero mejor lleno aunque suene un poquito peor (risas).

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