Victoria Vera: "O se rompe la hegemonía de las subvenciones del cine español o no sale adelante"

 Victoria Vera: "O se rompe la hegemonía de las subvenciones del cine español o no sale adelante"
Victoria Vera: "O se rompe la hegemonía de las subvenciones del cine español o no sale adelante"
- De nuevo en Salamanca.
- He venido varias veces. Hice una función de Unamuno, ‘Niebla’, hace ya muchos años cuando estaba empezando después de hacer ‘El diario de Ana Frank’. Me contrató Eugenia del Arco para hacer ‘Niebla’ y vinimos a Salamanca a estrenarla. Luego he venido varias veces con ‘Los toros a escena’, en los recitales de poesía y ahora con el ‘Que trata de España’.
 
- ¿Ha cambiado mucho Salamanca en este tiempo?
- Cuando entras en la Plaza Mayor está como eternamente, es una maravilla. Cuando entro en esa plaza es como si lo hiciera por primera vez, y la he visto muchas veces, pero cada vez que lo hago me da una cosa en el ‘estomaguillo’.
 
- Hablando de la obra, ¿qué puede esperar el público que vaya a ver ‘Que trata de España’?
- Un espectáculo teatral con textos poéticos, empezamos con Quevedo, pasamos por Machado, Blas de Otero, Cernuda, Celaya, Espriu, Miguel Hernández… Es un recorrido poético por todos los poetas que han tenido siempre una relación con España de amor y rabia, de la rabia que les han producido muchas cosas que se han producido en España e incluso del carácter de los españoles, pero que a su vez tienen un profundo amor por su país. En ese amor y desamor está basado todo el tema, que viene a ser muy vigente.
 
- No es muy habitual ver este tipo de espectáculos que mezclan la poesía con el cante flamenco, el baile y la guitarra, ¿no?
- Es un invento muy bonito que ha tenido Javier Villán, que también fue el que creó ‘Los toros a escena’ y la verdad es que es un espectáculo del que la gente sale muy emocionada y con la sensación de que ha visto algo que le ha enriquecido espiritualmente. Son textos muy bonitos, muy bellos.
 
- En algunos sitios han llegado a calificar esta actuación de facha. ¿Qué opina al respecto?
- La persona que se refiere a otra como facha es que es un facha porque ese mundo ya no existe. Hoy en día ya no existe el fascismo como no existe el nazismo o el comunismo, que vienen a ser las tres cosas igual de fachas.
 
- Bueno, el comunismo por ahí lejos sí sigue.
- Pero fíjate cómo están. Están dándose de tortas. Me produce mucha tristeza que haya gente que se dedique a llamar facha a gente que es demócrata, de espíritu libre y progresista.
 
- Además, estamos hablando de una mujer que en su día plantó cara a la censura que existía y que rompió con el cliché de mujer en casa a cuidar de los hijos.
- (Risas) Claro, claro. Por lo menos a seguir una vocación que tenía, mi trabajo era lo que yo pensaba que tenía que hacer.
 
- ¿Cómo resumiría su trayectoria a lo largo de estos años?
- Cuando echo la vista atrás veo que todo ha sido bastante coherente porque no es que haya querido ser actriz, es que he sentido que tenía la vocación. Entonces he estudiado teatro, he estado en un grupo independiente, de ahí he pasado a ser profesional haciendo una función cuando era muy pequeña y cada vez he ido haciendo más cosas hasta que llegó la transición y se organiza el disparate padre, pero bueno, también eso era una baza política porque era la primera vez que se ponía a Alberti en España. No era una carrera normal, era una carrera con un sentido a todos los niveles. Estoy contenta. Me quedan muchas cosas por hacer y que pienso hacer en estos dos próximos años.
 
- ¿Como cuáles?
- No te lo puedo decir porque dicen que esas cosas se gafan, pero sí estoy preparando desde hace dos años mi vuelta al cine, que hace mucho tiempo que la industria del cine española no cuenta conmigo y ahora hay un guión que realmente va a merecer la pena.
 
- Quizá su obra más recordada es ‘¿Por qué corres, Ulises?'.
- No sé si será la más recordada, quizás sí porque marcó un antes y un después, pero simbólicamente también fue muy importante ‘El adefesio’, de Rafael Alberti porque llevaba mucho tiempo exiliado y ahí actuaba también María Casares, que lo hacía por primera vez en España. Fue algo muy emocionante y significativo. Luego llegó Arrabal con Víctor García, con un montaje con 20 coches colgados del techo.  A continuación llegó ‘Cañas y barro’. Fue todo como muy seguido. Luego inmediatamente me llegó el Teatro Romano de Mérida, que es una gran experiencia porque es un teatro de 3.000 personas.
 
- ¿Es ese el lugar más importante donde ha actuado?
- Yo creo que sí por la historia, porque no tienes decorado, porque el suelo es de arena, el cielo está con las estrellas y estás rodeado de cipreses.
 
- ¿Los imperdibles se caen con facilidad?
- (Risas) Yo me lo quité, no se me cayó.
 
- ¿Qué se le pasa en ese momento a una persona por la cabeza para romper con todo lo establecido?
- Fue todo muy ridículo. Vino un señor que decía que era de la censura, decía que la túnica que yo llevaba tenía muy abierto el escote, que eso no podía ser y que me tenía que poner un imperdible. Entonces cuando salí a escena y me vi con ese imperdible pensé “¿esto qué es?” y lo tiré. Eso fue todo.
 
- Una escena que le convirtió en musa del destape.
- Destape no, que esa es una palabra muy fea. Esa sí que es una palabra fascista, tiene como una connotación de represión. 
 
- ¿Cómo se le puede explicar a un joven de hoy en día lo que significaba esa expresión en ese momento?
- El destape es una cosa anterior, todo lo que la gente podía hacer estando Franco vivo, pero esa etapa no me pilló, yo estaba estudiando. Pertenezco al mundo de la transición y significaba muchas cosas. Primero que se acaba con una censura que iba allí a decir tonterías; después todo cambió, la gente de un lado y de otro se puso de acuerdo pacíficamente, había muy buen rollo en el país. Era como una explosión de ganas de hacer cosas, de que el país saliera adelante sin violencia, sin sectarios, sin tener manía porque no piensan como tú. Y creo que ese momento de armonía se ha ido degradando hasta el momento que vivimos ahora.
 
- Nada que ver con lo de ahora con las dos Españas.
- Es que no puede ser. El incidir en ese tema es muy peligroso, feo y no es cierto, tampoco estamos tan enfrentados, son unos pocos los que quieren tener su parcela de poder, pero no es verdad. Ni yo odio a los catalanes ni los catalanes nos odian a mí ni a ti, es mentira eso. Es un tema de intereses.
 
- Concretamente de la clase gobernante, de los que mandan.
- Sí, pero los que mandan están cada vez más descalificados, se está demostrando que el principio moral, ético y de los mandamientos de “no robarás” se lo están pasando por el arco del triunfo. Es una vergüenza porque mientras la ciudadanía está con muchos problemas, familias que están pasándolo mal, desahucios…
 
- Ha hecho cine, teatro, televisión... ¿Con qué se queda?
- Me gustan las tres cosas, pero tengo especial inclinación por sentir al público en vivo y que no haya truco de “se corta, vamos a hacerlo otra vez”. Tú sales y si te equivocas allá tú. Es el mayor reto para un actor, para un cantante de ópera, para una bailarina, es el directo.
 
- En cuanto al cine: Peter Fonda, Anthony Quinn...
- Grandísimos. Con Anthony Quinn fue maravilloso porque a él le gustaba jugar al ajedrez y a mí también, así que en las pausas jugábamos. Era un tipo magnífico que me contó muchísimas cosas de su vida, de su carrera y era un tipo fascinante. Cuando yo le conocí tenía 80 años, todavía no había tenido sus dos últimos hijos, iba a bucear, tenía una actividad física extraordinaria… Es curioso que la gente más grande con la que he trabajado ha sido siempre la más asequible, la más sencilla, la más estupenda. Y luego sin embargo he trabajado con gente mucho más mediocre que se daba unos aires que te daban ganas de darle una torta (Risas). También rodé con Omar Sharif en italiano, que no tenía mucho conocimiento del idioma y me ayudó muchísimo; y Peter era una persona muy interesante, me contaba unas cosas estupendas. Con Alice Cooper rodé una película de miedo, otro personaje fascinante.
 
- ¿Con quién le gustaría trabajar que no lo haya hecho hasta ahora?
- Anthony Hopkins, Kevin Spacey, Meryl Streep, Helen Mirren y Judi Dench.
 
- Respecto al panorama español, ¿cómo está aquí ahora el cine?
- No pude asistir a los Goya y tampoco lo pude ver, pero la gente se quejaba mucho que les faltaba gente conocida, gente de la industria que no se la utilizaba como escaparate del cine. Es como si el cine sólo se hiciera para una etapa de la vida, pero el cine y la vida tienen muchas etapas y todas merecen ser contadas. Por eso me gustan mucho los actores ingleses porque tienen grandes papeles para las gentes como Hopkins, Judi Dench, que son espléndidos y que hace que una parte de la gente se sienta identificada. ¿Cómo fueron las reacciones de la gente?
 
- Quizás el Goya que más ilusión hizo, el que más repercusión tuvo, fue el de Terele Pávez.
- Claro, Terele es una rockera de toda la vida, una gran trabajadora. Juntas hemos hecho ‘Cañas y barro’, que además nos dábamos una paliza de miedo con los personajes, luego hizo el ama mía en ‘Fedra’ en el Teatro de Mérida. Le tengo muchísimo cariño, es una grandísima actriz.
 
- ¿Y del panorama español a quién destacaría?
- Hay directores interesantes, pero no me gusta dar nombres y hacer el ‘pelotilleo’ ese de “ay, eres maravilloso, quiero trabajar contigo”, eso me aburre mucho. Hay directores interesantes y es una industria que poco a poco tiene que hacerse un camino y que no sea un camino cerrado, que sea grande, con un gran abanico, que haya mucha gente dentro, que no sea un grupito.
 
- ¿Cómo ve estas medidas que se están llevando a cabo en los cines de reducir el precio de las entradas para que vaya más gente?
- Está muy bien porque los del IVA ha sido un golpe bajo, pero sobre todo para el teatro porque la entrada siempre es un poco más cara. 
 
- ¿Sería de las que si saliera al estrado despotricaría contra el ministro Wert?
- No, lo del ministro es una situación rara. Hay que comprender que sea o no ministro también es un ser humano y que llegues a un sitio y que todo el mundo te ponga de vuelta y media no tiene que ser muy agradable. El tema del cine es delicado porque vive de unas subvenciones que están en manos de tres o cuatro personas, siempre de las mismas, así que o se rompe esa hegemonía o esto no sale adelante. Sobre todo no puede haber espíritu sectario entre los artistas, que un partido político sea sectario con otro es horrible, no debería ser, pero entre artistas no se puede ser sectario porque eso sí es ser muy facha.
 
- ¿Hay muchos celos dentro del mundo del espectáculo o es al revés?
- ¿Sabes qué pasa? Que yo estoy muy preocupada por lo que tengo que hacer y me gusta hacerlo bien, entonces no me preocupo por otras cosas. Me preocupa que mi trabajo le llegue al público, eso es lo que más me llena. La recompensa del público luego es maravillosa. 
 
- ¿Ha habido algún momento encima del escenario que lo haya pasado mal?
- Haciendo ‘Tristana’, de Galdós, hubo un fallecimiento en el patio de butacas. Eso fue lo más terrible que me ha pasado, nos quedamos todos los actores quietos cuando oímos una voz que decía “¡por favor, un doctor!” A todos nos entraron los siete males porque era un estreno y todos teníamos familia en el patio de butacas. Lo pasamos fatal y tuvimos que seguir después, pero no era lo mismo.
 
- ¿Y ese público que te haya hecho sentir más especial que ninguno?
- Tengo muy buenos recuerdos del público siempre, cuando trabajo intento entregarme al cien por cien y eso siempre el público lo siempre y te premia. Me han premiado muchas veces con aplausos y eso que notas que has llegado, eso no te lo da otra actividad, es el directo.
 
- ¿Es de lagrimilla fácil en esos momentos?
- Me emociona, sí, pero es una mezcla de emoción y satisfacción de un deber cumplido.

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