Era el descanso. Los jugadores se marchaban a vestuarios cuando se escuchó un golpe en el acceso a los mismos. Cabral, jugador visitante, había propinado un puñetazo a un cristal en una puerta, que había caído hecha pedazos. Lo vio el cuerpo técnico de Unionistas, con Astu a la cabeza, que inmediatamente llamó al árbitro para hacerlo constar en acta.

Fueron momentos de cierta tensión después de que el mismo Cabral hubiera estrellado un balón a la cruceta poco antes que hubiera supuesto el empate de su equipo en un partido en el que ese fue el primer y casi único disparo de los visitantes. El jugador, de hecho, salió tarde al terreno de juego en la segunda parte por ser vendado en su mano derecha ante el desconcierto del público. Incluso se planteó la posibilidad de que hubiera sido expulsado.

No fue así y jugó algunos minutos más en la segunda parte siendo pitado por la afición cada vez que entraba en juego. El jugador fue sustituido poco más tarde con el cántico de fondo de que pagara la puerta. Astu, al término del encuentro, no le quiso dar más importancia. "Un jugador de ellos entraba nervioso y ha roto la puerta. No tiene más historia".

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