Los alérgicos se enfrentan a una primavera "más dura de lo habitual" en Salamanca: "Todo tiene su explicación"

Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del CAUSA, ofrece recomendaciones para aliviar los síntomas y alerta del peligro de automedicarse: "Enmascara la evolución real del problema"

Dr. Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del CAUSA.
Dr. Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del CAUSA. | Hospital de Salamanca

La primavera, la sangre altera... y la alergia también. Los salmantinos con hipersensibilidad al polen se enfrentan a una estación "más dura de lo habitual", según Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca. Un invierno "muy lluvioso" y el aumento de la temperatura han favorecido la aparición de altas concentraciones de polen de plantas muy presentes en la ciudad.

Las alergias más habituales en Salamanca están relacionadas con las gramíneas, las más frecuentes y "las que suelen causar más síntomas"; los olivos, presentes en Las Arribes y en el sur de la provincia por su cercanía a Extremadura; los plátanos de sombra, habituales en las calles y parques de la ciudad; y los cipreses, cuyo "pico principal se adelanta al final del invierno".

Independientemente de su tipo de alergia, muchos salmantinos han sufrido molestias en pleno invierno. "Todo tiene su explicación. Algunos árboles presentes en nuestro entorno -ciprés, aliso, fresno- suelen polinizar en el primer trimestre del año. La lluvia limpia temporalmente el aire, pero cuando deja de llover y suben las temperaturas, se producen picos de polinización y eso hace que algunos alérgicos empiecen con síntomas en esas fechas", explica Francisco Javier Muñoz.

También es cada vez mayor el número de salmantinos que tienen alergia, tendencia que se da igualmente en el resto del país. "En España, los casos registrados en Atención Primaria se han multiplicado por ocho en los últimos 15 años". Este incremento se explica por el cambio climático, la contaminación medioambiental, nuestro estilo de vida y "una asistencia sanitaria más accesible y especializada, que permite detectar y diagnosticar las alergias con mucha más precisión que antiguamente".

La importancia de controlar y reconocer los síntomas

Dr. Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del CAUSA.
Dr. Francisco Javier Muñoz Bellido, médico adjunto del servicio de alergología del CAUSA. | Hospital de Salamanca

Los síntomas más comunes de la alergia pueden confundirse con los de un catarro e incluyen estornudos repetidos, mucosidad muy líquida, nariz taponada, picor de nariz y garganta y ojos rojos o llorosos. "En algunas personas también surgen manifestaciones respiratorias compatibles con asma, sensación de ahogo, tos persistente o pitidos al respirar", añade el alergólogo del CAUSA.

Es importante controlar esos síntomas cuando son leves y consultar con un profesional sanitario. Primero con un médico de Atención Primaria y, de ser necesario, con un alergólogo. "Es el especialista que puede identificar los desencadenantes, orientar sobre el manejo de la alergia y establecer el tratamiento más adecuado para aliviar" la manifestación alérgica.

Junto al tratamiento se puede seguir una serie de recomendaciones: evitar salidas al campo o a espacios abiertos en los días de mayor concentración de polen; limitar el ejercicio físico al aire libre, especialmente por la mañana y al atardecer; ventilar la vivienda a primera hora el mínimo tiempo posible; no tender ropa en el exterior; usar gafas de sol para proteger los ojos... "De cualquier forma, el seguimiento de las indicaciones del alergólogo respecto al uso de medicación es fundamental para controlar los síntomas y reducir su impacto en la vida diaria", resalta.

Tan relevante como controlar y prevenir los síntomas es reconocer cuándo empeoran y, por ende, es necesario obtener atención médica urgente. "Algunas manifestaciones pueden indicar un problema respiratorio más serio", como dificultad para respirar, sensación de falta de aire, opresión en el pecho, mareo intenso o sensación de pérdida de consciencia. "Estas situaciones pueden aparecer en el contexto de alergias, pero también por otras causas, y requieren una evaluación profesional para determinar el origen y el manejo adecuado".

El peligro de automedicarse

Hay muchos pacientes con alergia al polen que deciden automedicarse con antihistamínicos o sprays nasales de venta libre en farmacias. "No tiene justificación cuando la asistencia sanitaria es accesible para todos", señala Francisco Javier Muñoz. Tomar fármacos por iniciativa propia no solo retrasa un diagnóstico adecuado, sino que también enmascara la evolución real del problema y genera la falsa sensación de que la enfermedad está bajo control. "Es un factor de riesgo claro, porque puede favorecer que la situación avance hacia episodios más graves".

Las posibles reacciones adversas de algunos medicamentos pueden complicar aún más la situación y causar somnolencia y disminución de la concentración, afectando al rendimiento laboral; depresión, ansiedad, sequedad bucal, alteraciones visuales, arritmias cardiacas o taquicardias, disfunción eréctil, retención de líquidos o estreñimiento, entre otros síntomas.

Medicina de precisión para los casos más graves

Más allá de los tratamientos habituales, existen avances relevantes en el diagnóstico y manejo de los casos más graves. "El desarrollo más significativo en los últimos años es el diagnóstico molecular, que permite identificar con mucha precisión a qué componentes concretos de un alérgeno reacciona cada persona", admite. También posibilita una medicina más personalizada, "con una inmunotrapia más específica" u opciones biológicas de no resultar suficiente.

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