El bombardeo que sufrió la ciudad de Salamanca un 21 de enero de hace 83 años

El ataque aéreo más mortífero que sufrió Salamanca durante la Guerra Civil tuvo lugar el 21 de enero de 1938, con el saldo de doce fallecidos

Una imagen coloreada de los efectos del bombardeo del 21 de enero de 1938 en la calle Concejo. | FOTO: SALAMANCA EN COLOR (@salamancacolor)
Una imagen coloreada de los efectos del bombardeo del 21 de enero de 1938 en la calle Concejo. | FOTO: SALAMANCA EN COLOR (@salamancacolor)

En el mes de enero de 1938 Salamanca no vivía una pandemia, pero se encontraba inmersa en otra catastrófica situación: el segundo año de la Guerra Civil. Aquel día 21 del que se cumplen este jueves 83 años, la ciudad amanecía una fría jornada más de zona de retaguardia, ajena a los enfrentamientos que, en ese momento, dirimían las tropas sublevadas y republicanas en el frente de Teruel.

Hasta las 11:30 horas de aquel día, porque el 21 de enero de 1938, Salamanca sufrió un importante bombardeo por parte de la aviación republicana. No fue el único que recibió la ciudad durante la contienda, pero sí el más mortífero. "La aviación roja, persistiendo en los criminales bombardeos de ciudades y pueblos que no representan ningún objetivo militar, realizó ayer una de sus hazañas asesinas sobre Salamanca", recogía la crónica de El Adelanto del día siguiente. 

A aquella hora, las sirenas de alarma alertaron de la presencia de aviones enemigos y estos, desde gran altura, dejaron caer las bombas, que causaron algunas víctimas mortales, heridos e importantes destrozos en distintas calles, especialmente en la calle Concejo —por entonces calle de Pérez Pujol— y Padre Cámara.

Los aparatos que ejecutaron la acción realizaron varias pasadas sobre la población a una altura de unos cinco mil metros durante quince minutos. Según informaciones publicadas en la prensa republicana, se lanzaron en el ataque ocho toneladas y media de bombas. El núcleo principal de la artillería antiaérea que protegía la ciudad se instaló en la zona alta del barrio de Pizarrales, hecho que dejó su reflejo en la toponimia de dicho lugar, que paso a ser conocido desde entonces como "Teso de los Cañones". Sin embargo, la espesa niebla que había en Salamanca en aquel momento impidió que la batería antiaérea repeliera el ataque.

Los informes referentes al bombardeo, que fueron elaborados por el Cuartel General del Ejército Nacional en Burgos, basados en la información suministrada por los Gobiernos Civil y Militar de Salamanca, cifraron el número de bombas arrojadas sobre la ciudad en "unas quince", cuatro de las cuales no explosionaron, recuperándose intactas. Hubo que lamentar ocho muertos en el acto, dos heridos muy graves, siete graves y treinta y dos leves. Una de las bombas cayó a escasos metros del Colegio de las Jesuitinas, que se encontraba situado en la calle Zamora, donde las niñas que asistían a clase allí se encontraban, en aquel momento, jugando en el patio. "Un verdadero milagro les salvó la vida", contaba el periódico decano de la ciudad.

Los aparatos se deshicieron de los proyectiles que no emplearon en el bombardeo, los cuales fueron lanzados en las cercanías de Valdemierque (seis bombas que cayeron a un kilómetro del pueblo), en Calvarrasa de Abajo (ocho proyectiles que cayeron en las proximidades del pueblo), Villagonzalo de Tormes (a un kilómetro de la población en dirección a Machacón, donde fueron lanzadas once bombas) y Garcihernández (seis proyectiles, uno de los cuales no estalló); en ninguno de dichos lugares se produjeron daños personales.

Restablecida la calma, numerosos vecinos salieron a la calle para ayudar a los heridos y condenar el acto. Mientras tanto, las autoridades locales se dieron cita en los lugares más afectados por el bombardeo. La Casa de Socorro funcionó a pleno rendimiento durante gran parte de la jornada. 

Al día siguiente, 22 de enero, miles de personas asistieron al sepelio de los fallecidos. "El pueblo de Salamanca realizó ayer una inolvidable manifestación de sentimiento con motivo del sepelio de las víctimas ocasionadas por el infame, cobarde y asesino bombardeo que la aviación roja, sin Dios y sin patria, ejecutó el día anterior sobre nuestra ciudad, sin objetivo militar alguno y solamente por el instinto salvaje de inmolar vidas de honrados ciudadanos amantes de España", contaba el cronista de El Adelanto. 

A las cuatro de la tarde salieron del depósito del Hospital Provincial, precedidos por la Cruz de la parroquia de La Purísima, los ocho féretros, acompañados por sus familiares y escoltados por la policía urbana y los guardias de asalto. Tras las autoridades políticas y eclesiásticas salmantinas, acompañaron el responso los embajadores de Italia, Portugal y la Alemania Nazi y representantes diplomáticos de Yugoslavia y Polonia.

¿A quién enterraron durante el sepelio? A Juan Alcántara Álvarez, de 28 años, casado y natural de El Cubo del Vino (Zamora), vecino de la calle Concejo. Su mujer, Elísea González Fraile, de 27 años y de Las Veguillas. La hija de ambos, Carmen Alcántara González, de 3 años. Gabriel Martín Hernández, de 17 años, nacido en Salamanca y residente en el paseo de Canalejas. Ignacio Escudero Saelices, de 77 años, vecino de la calle Padre Cámara. Jovita Sánchez Lurueña, de 15 años. Carlota Muñoz Marilla, de 45 años y Enrique Martín Salazar, de 38 años. 

Días después, cuatro heridos acabarían falleciendo también, elevando el número de víctimas mortales del ataque a doce.

En 'El bombardeo aéreo como atributo de la guerra total: la población de la retaguardia sublevada como objetivo de guerra del Gobierno Republicano', del investigador Juan Boris Ruiz Núñez, de la Universidad de Alicante, se indica que en Fuenterroble de Salvatierra, las aeronaves republicanas autoras del ataque lanzaron unas octavillas que decían:

"Por vuestros criminales bombardeos sobre ciudades abiertas causando víctimas inocentes en mujeres y niños, nos vemos forzados a efectuar esta réplica que os demostrará la crueldad de vuestras hazañas"

Todavía hubo otro ataque aéreo más en Salamanca antes del final de la guerra. Siete días después, el 28 de enero de 1938, una escuadrilla de 15 bombarderos Katiuska intentaron sobrevolar la ciudad sin conseguirlo. Después, se retiraron, dejando caer varias bombas en el término municipal de Cabrerizos, pero uno de los aparatos dejó caer una única bomba sobre el casco urbano de Aldeatejada, cuya explosión causó heridas a tres niños que salían de la escuela. Otro aparato se dirigió a la zona oeste de la provincia, sobrevolando las proximidades de Vitigudino y lanzando cuatro de sus bombas cerca de la localidad de Encinasola de los Comendadores. En la acción, uno de los bombarderos atacantes fue alcanzado por el fuego enemigo, viéndose obligado a tomar tierra antes de poder llegar a sus líneas.​ ​

El bombardeo de la ciudad de Salamanca se produjo dos días después de que un ataque aéreo de la aviación italiana, el 19 de enero, causara 138 muertos en Barcelona, entonces aún en territorio republicano. De hecho, el mismo 28 de enero el Gobierno Republicano optó por hacer pública una nota, que fue radiada, dando cuenta de que los bombardeos de Salamanca, Sevilla y Valladolid fue una represalia por el ataque en Cataluña, declarando que la aviación republicana se abstendría de bombardear poblaciones de la retaguardia lejana si el enemigo tampoco lo hacía. 

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