Calle Tentenecio: De judíos, milagros y monumentalidad

Recibe el nombre de uno de los milagros de San Juan de Sahagún que, de hecho, también le donó el suyo a la calle durante un tiempo. Fue una de las principales entradas a la ciudad en su acceso desde el Puente Romano hasta la zona de las Catedrales

 Calle tentenecio (1)
Calle tentenecio (1)

Corre tanto la actualidad que parece de otro mes la Festividad de San Juan de Sahagún. Desde el miércoles, cuando Salamanca celebró a su patrón, hasta este domingo solo han pasado cuatro días pero han sido 96 horas que, solo en la ciudad, ha dado paso a un nuevo Festival de Luz y de Vanguardias y de, incluso, otra Corporación municipal. 

Pero el patrón y sus milagros, esta semana, volvió a estar cerca de los salmantinos con múltiples actividades. Su recuerdo queda, más allá de en el 12 de junio, en múltiples calles y lugares charros que le evocan directa o indirectamente. Uno de los más conocidos se da en la calle Tentenecio. 

Pocos oriundos no sabrán de dónde procede el significado. Cuenta la leyenda que el agustino Juan de Sahagún pudo detener a un toro que sembraba el pánico por la ciudad y estaba a punto de embestir a una madre con su hijo con la simple frase de "¡tente necio!".

Calle tentenecio (2)

La nomenclatura, sin embargo, se le dio después. Cuentan los documentos históricos que anteriormente se le llamaba de Santa Catalina, mismo nombre que contaba una capilla del Claustro de la Catedral Vieja, donde desemboca la calle Tentenecio.  

Sin embargo, este nombre, unido a la pendiente que tiene la calle Tentenecio, ha hecho dudar de que este fuera el lugar exacto del citado milagro. Y es que la calle Compañía también se conocía como de Santa Catalina y Tentenecio anteriormente, donde otras leyendas lo citan. 

Lejos de tradiciones, eso sí, lo que sí es cierto es que es una entrada a la ciudad. Lo es desde la desaparecida Puerta del Río hasta la Puerta de Carros de la Catedral, aquella por la que salían los estudiantes que habían suspendido, según la tradición. 

De hecho, fue la principal entrada a la ciudad, desde el Puente Romano a la zona de las Catedrales, durante mucho tiempo, hasta que la Puerta de San Pablo se erigió con la fama debido a su mayor comodidad. 

Y es que no se puede negar que la comodidad no es una de las virtudes de la vía. Su pendiente hace difícil hasta el transitar por ella, pero guarda, eso sí, un especial aroma monumental escondido entre sus paredes en escorzo que recuerdan todavía a la antigua y desaparecida judería.

Su relación con el patrón, además, ha ido más allá e incluso se llegó a llamar con el nombre de este, San Juan de Sahagún, durante un tiempo que ya queda atrás. Ahora Tentenecio debe también mirar al futuro. 

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