Cerca del 30% de las mujeres sufre estrés y depresión, el doble que los hombres

Un estudio de la UCM revela que el 27,8% de las mujeres presenta síntomas de depresión (17% de los hombres); de ansiedad en el 26,8% (más del doble que en los varones) y de estrés postraumático en el 22,8% (16,9% de los hombres)

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Personal sanitario | Foto: EP
Personal sanitario | Foto: EP

En las últimas décadas del siglo XX tuvo lugar otra de las grandes revoluciones, la femenina. Una revolución que permitió un cambio radical en el estilo de vida de las mujeres, que dejó de ser eminentemente doméstico para abrirse al mundo en todos los sentidos; un cambio impulsado principalmente por el aumento de las mejoras en la educación, la diversidad de modelos de familia y la lucha por la igualdad de sexos.

“Este cambio radical ha permitido grandes avances, como la incorporación de la mujer al mercado laboral en condiciones más igualitarias, oportunidades de emprendimiento, su acceso a profesiones tradicionalmente 'de hombres', su mayor preparación profesional y su independencia conyugal, pero también nuevas dificultades como la conciliación y la necesidad de gestionar todos esos nuevos roles que se han sumado, y no sustituido, a los que ya desempeñaba en el ámbito doméstico” indica Jana Fernández, comunicadora y divulgadora especializada en bienestar y descanso.

El ritmo de vida moderno, con las 'obligaciones' sociales y domésticas, que siguen siendo generalmente asumidas por las mujeres, y las necesidades económicas, ha aumentado considerablemente la carga de responsabilidades adquiridas por las mujeres, y esas responsabilidades son una fuente de estrés cuando no son elegidos.

Además, el confinamiento obligado por la pandemia ha implicado que, de un día para otro, todas las esferas de la vida pasen a convivir en un mismo espacio, las 24 horas del día y con las mismas personas o en solitario. Es decir, la casa, la oficina, el gimnasio, los lugares de ocio y esparcimiento, los espacios de descanso y desconexión, el parque de juegos de los hijos, han pasado a ser uno solo durante muchos meses, y eso ha supuesto una carga de estrés importantísima añadida.

El estrés y la ansiedad se ceban con el colectivo femenino

Desde hace años, las investigaciones ponen de manifiesto el impacto que el estrés tiene en la mujer. Pero esto se ha agudizado con la pandemia. Un artículo publicado en 2020, que revisaba 62 estudios que abordaban la salud mental en una muestra de 162.639 personas de 17 países, concluyó que, durante la pandemia, la prevalencia de la ansiedad era del 33% y la de la depresión del 28%, y que los principales factores de riesgo para sufrir ansiedad o depresión eran: ser mujer, trabajar en el ámbito de la enfermería, tener un bajo nivel socioeconómico, tener un alto riesgo de contraer la COVID-19 y el aislamiento social.

En nuestro país, uno de los estudios más potentes que se han hecho lo ha llevado a cabo un grupo de investigadores de la UCM (Universidad Complutense de Madrid). Sus resultados revelan que el 27,8% de las mujeres presentaba síntomas clínicamente significativos de depresión (frente al 17% de los hombres); en el caso de la ansiedad, aparecían síntomas elevando en el 26,8% de las mujeres (más del doble que en los varones) y esta proporción se repite en el caso de los síntomas de estrés postraumático (22,8% en mujeres, frente al 16,9% de los hombres).

Incluso la OMS ha alertado de que la pandemia está afectando especialmente a la salud mental de las mujeres, por causas como el trabajo no asalariado, la pérdida de empleo e ingresos y el repunte de la violencia doméstica.

Por su parte, la doctora en Psicología Marta Redondo apunta que “en IPES, el centro que dirijo, en los últimos meses se ha visto claro este impacto que la pandemia ha tenido en la salud mental de la población, y especialmente de la mujer. Nos están desbordando los casos de pacientes nuevas o de mujeres con las que trabajamos hace tiempo, y nos consultan por presentar altos niveles de estrés (muchas veces con problemas físicos asociados), insomnio, dificultad de concentración y presencia de altos niveles de ansiedad (ante el contagio o ante la incertidumbre por la situación o los problemas económicos que cada vez van a más), así como falta de motivación y un estado de ánimo decaído, cercano a la depresión”.

Desde IPES desvelan que, en muchos casos, los principales estresores detectados en la mujer son la sobrecarga, al asumir el rol laboral muchas veces con la misma responsabilidad y volumen, junto con la atención a los niños y a la casa durante el confinamiento, y ahora en distritos momentos de aislamiento. Todo ello, junto con una importante pérdida de reforzadores, falta de apoyo social y mucho menos tiempo para ellas.

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