El DAVI, la alternativa al trasplante cardíaco que ya cambia vidas en Salamanca

La historia de Juan Andrés y José Ramón es la de dos de los cuatro salmantinos que hoy siguen con vida gracias a un DAVI, un dispositivo que mantiene latiendo un corazón que ya no puede hacerlo por sí solo

DAVI
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Caminar, subir escaleras, una cuesta o incluso algo tan cotidiano como ducharse pueden convertirse en desafíos cuando el corazón no funciona correctamente. Actividades simples del día a día, que antes se realizaban sin esfuerzo, pasan a resultar agotadoras e incluso imposibles.

Juan Andrés Sánchez de 75 años y José Ramón Serrano de 67 forman parte de un grupo muy reducido de pacientes en Salamanca que viven gracias a un DAVI, un dispositivo de asistencia ventricular izquierda que mantiene su corazón funcionando cuando ya no podía hacerlo por sí solo.

El DAVI (Dispositivo de Asistencia Ventricular Izquierda) es una bomba mecánica que se implanta quirúrgicamente en pacientes con insuficiencia cardíaca terminal. Su función es ayudar al ventrículo izquierdo a enviar sangre al resto del cuerpo.

El sistema extrae la sangre del corazón y la impulsa hacia la aorta mediante un mecanismo de flujo continuo. La bomba queda implantada en el interior del tórax, pero necesita un sistema externo que es un cable que atraviesa la piel y sale a través del abdomen y conecta con un controlador externo y a baterías que el paciente lleva en una mochila o bolsa adaptada.

Distintas funciones del DAVI

Dependiendo de la situación de cada paciente, el DAVI puede cumplir distintas funciones. En algunos casos actúa como un puente hacia el trasplante, manteniendo al paciente estable mientras espera un corazón compatible. Para otros se convierte en una solución definitiva cuando no es posible recibir un trasplante, con el objetivo de recuperar cierta normalidad en la vida diaria. También puede emplearse de forma temporal como puente a la recuperación, en aquellos casos seleccionados donde el corazón aún tiene capacidad de mejorar y recuperar parte de su función por sí mismo.

"Salía de casa y buscaba un banco para sentarme"

La historia de Juan Andrés es la de un deterioro lento pero constante. Hace doce años fue diagnosticado de insuficiencia cardíaca. Desde entonces convivió con limitaciones progresivas.

Tal y como explica “al principio te adaptas. Caminas más despacio, te cansas antes… pero vas tirando. Pensaba que era normal para la edad, pero poco a poco me di cuenta de que algo no estaba bien”.

Con el tiempo, la situación empeoró y es que según detalla “llegó un momento en que salir a la calle era un reto. Subir un tramo de escaleras era un esfuerzo titánico. Salía de casa y ya estaba buscando un banco para sentarme porque no podía llegar a la esquina. Todo se volvió una batalla contra mi propio cuerpo”.

Durante meses, recibió tratamiento intravenoso que le ayudaba temporalmente. Sin embargo, sabía que no era suficiente: “Me metían durante siete horas y pico un líquido para que el corazón trabajara menos. Pero eso era un parche. Te duraba cuatro o cinco meses… y vuelta a empezar. No era una solución”.

Cuando los médicos le propusieron el DAVI, él lo vio como una salvación: “Tenía miedo, claro, pero también sentí una especie de esperanza. Me explicaron todo desde cómo funcionaba, qué riesgos había, cómo cambiaría mi vida… y pensé: prefiero intentarlo”.

La operación duró seis horas y la recuperación inicial en la UCI fue intensa. Juan Andrés manifiesta que “me levantaban todos los días para dar pequeños paseos, y aunque al principio me cansaba mucho, cada paso era una victoria. Recuerdo la primera vez que pude ir hasta la ventana de mi habitación y mirar afuera”.

Hoy, Juan Andrés ha recuperado actividades que había abandonado. “Puedo subir a mi casa por las escaleras, que tiene varias plantas, sin que me falte el aire. Puedo ayudar en casa, salir a comprar… cosas que antes eran imposibles. A veces me siento orgulloso de lo que he logrado, otras veces me sorprendo de lo mucho que he cambiado mi rutina”.

"Soy un superviviente"

El caso de José Ramón fue todavía más crítico. Su deterioro fue tan severo que tuvo que ser trasladado a Madrid con la previsión de un trasplante cardíaco urgente. Sin embargo, una infección frustró la intervención.

“Los médicos me decían que cada día era incierto. Hubo días que le decían a mi mujer que no creían que pasara de esa noche” declara.

En su caso, muchas decisiones médicas se tomaron cuando él apenas era consciente. “Yo estaba en coma. Fue mi mujer la que dijo que sí al aparato”. Después llegaron meses de rehabilitación y revisiones constantes, primero en Madrid y ahora también en Salamanca, aunque sigue viajando dos veces al año porque mantiene el vínculo con el equipo que lo operó.

José Ramón reflexiona mucho sobre los límites del trasplante. “A partir de cierta edad ya no entras en lista. Hay limitaciones de corazones, limitaciones de edad… Esto es una solución definitiva muchas veces. O puente al trasplante. O, en casos rarísimos, puente a la recuperación”.

También reconoce la parte psicológica menos visible. “La cabeza la tenemos un poco descuidada. Cada mes o mes y medio tengo un par de días de bajón. Esto te cambia la vida. Te limita. No puedes bañarte, tienes que proteger la salida del cable, las curas son constantes…”. Él se cura dos veces por semana para evitar infecciones.

A pesar de todo, insiste: “Somos unos privilegiados. Si llamas y dices que no te encuentras bien, te dicen ‘vente para acá’. A cualquier hora”.

Para finalizar, José Ramón reconoce que la experiencia lo cambió profundamente: “Aprendes a valorar cada respiración, cada paso, cada gesto que antes dabas por sentado. Hoy veo la vida de otra manera”.

La vida con una mochila de dos kilos y medio

Vivir con un DAVI implica aceptar una rutina distinta ya que, el dispositivo externo pesa alrededor de dos kilos y medio. Las baterías que conforman el Dispositivo tienen una autonomía aproximada de 17 horas y deben recargarse cada noche.

Ambos portadores de DAVI antes de irse a dormir diariamente conectan las baterías a la corriente y declaran que en el caso de que se vaya la luz hay 17 horas de autonomía. Del mismo modo, si se va la luz cuando están cargando las baterías del dispositivo, este comienza a pitar.

El punto por donde el cable sale del cuerpo requiere curas frecuentes para evitar infecciones, y las duchas necesitan protección especial. La playa o la piscina quedan descartadas.

Un grupo pequeño y muy controlado

En Salamanca actualmente son cuatro los pacientes portadores de un DAVI. Se conocen entre ellos y suelen coincidir en revisiones y curas.

“Somos tan pocos que al final acabas hablando y compartiendo experiencias. Eso ayuda mucho, porque a veces nadie más entiende lo que significa tener una bomba dentro del pecho”, dice Juan Andrés.

De cara al futuro del DAVI, se está avanzando en el desarrollo de dispositivos cada vez más ligeros, con menos cables y sistemas de carga inalámbrica. El objetivo es claro y es mejorar la comodidad y la calidad de vida del paciente. Como señalan los pacientes, "el futuro es no llevar mochila".

Base para cargar las baterías
Base para cargar las baterías
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