Descienden un 36,6 % respecto al récord histórico las solicitudes de asilo en Castilla y León: Salamanca fue el destino de 463 peticiones

Las razones que pueden llevar a la petición de asilo son diversos: destaca la presencia de conflictos bélicos en el país de origen, pero también motivos de raza, religión, nacionalidad, orientación sexual, opiniones políticas o pertenencia a determinado grupo social

Plaza mayor, imagen de archivo
Plaza mayor, imagen de archivo

Salamanca cerró el 2025 con un total de 463 solicitudes de protección internacional tramitadas, según los datos de la Oficina de Asilo y Refugio recogidos por la agencia Ical.

Esta cifra sitúa a la provincia charra como la quinta de Castilla y León en cuanto a la demanda de esta solicitudes, por detrás de Vallodolid (1.132), León (795), Segovia (720) y Zamora (515). En total, la Comunidad ha tramitado 4.669 peticiones de asilo, lo que supone un descenso del 36,6 por cierto respecto al rércord histórico alcanzado en 2023.

Solicitudes de protección internacional en Castilla y León
Solicitudes de protección internacional en Castilla y León | Ical

Las razones que pueden llevar a la petición de asilo son diversos: destaca la presencia de conflictos bélicos en el país de origen, pero también motivos de raza, religión, nacionalidad, orientación sexual, opiniones políticas o pertenencia a determinado grupo social.

A nivel autonómico, el perfil del solicitante que se establece en Castilla y León es mayormente de procedencia iberoamericana. En la última década, más de 32.700 migrantes han reclamado el derecho de asilo en la Comunidad, siendo Venezuela y Colombia las nacionalidades predominantes, seguidas de lejos por ciudadanos de Perú, Honduras o países africanos como Mali y Senegal. A este flujo hay que sumar la protección temporal concedida a la población ucraniana, que desde el inicio del conflicto en 2022 ha supuesto la llegada de miles de personas a Castilla y León, muchas de las cuales han rehecho su vida en los barrios de Salamanca gracias a los dispositivos de acogida inicial.

El proceso para estos nuevos vecinos comienza en el momento en que comunican a la Policía su deseo de solicitar protección al temer por su vida o libertad en sus países de origen. En ese punto, organizaciones como Accem o Cruz Roja despliegan su red de apoyo. La asistencia jurídica es vital para elaborar el manifiesto que se presenta ante el Ministerio del Interior, pero igual de relevante es la atención psicológica para gestionar la carga emocional con la que llegan estas personas. Una vez admitida a trámite la solicitud, el migrante obtiene un permiso de residencia provisional y, lo que resulta determinante para su integración en la ciudad, un permiso de trabajo automático a los seis meses de espera.

Este permiso de trabajo es la verdadera llave hacia la autonomía personal y la integración en el mercado laboral. Sectores como la hostelería, la construcción o las tareas agrícolas en la provincia se nutren de estos trabajadores, quienes a menudo ocupan puestos fundamentales para el funcionamiento de la economía local. Desde entidades como Accem se subraya que el empleo es la mejor herramienta para combatir la economía sumergida y garantizar que los solicitantes de asilo se conviertan en vecinos de pleno derecho, evitando situaciones de vulnerabilidad extrema mientras esperan una resolución definitiva del Gobierno, un proceso que suele dilatarse entre un año y medio y dos años.

A pesar de la importancia de estos flujos para frenar la despoblación que amenaza a la provincia, la convivencia se enfrenta a retos sociales complejos. La polarización política y la difusión de bulos a través de redes sociales generan en ocasiones situaciones tensas que dificultan el día a día de estas personas. No obstante, los expertos insisten en que los datos son irrefutables y que el ligero incremento de población experimentado en los últimos años está directamente vinculado a las personas migrantes. Así, la llegada de nuevos habitantes no solo es una cuestión de derechos humanos, sino una necesidad estructural para una tierra que necesita relevo generacional para mantener sus servicios y su vitalidad.

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