Así es el glaucoma, la enfermedad ocular que puede avanzar durante años sin síntomas

El oftalmólogo Ernesto Alonso Juárez, explica los síntomas, los factores de riesgo y la importancia de detectar el glaucoma antes de que provoque pérdida de visión irreversible

Ernesto Alonso Juárez, oftalmólogo, director médico de Insadof Clínica Oftalmológica
Ernesto Alonso Juárez, oftalmólogo, director médico de Insadof Clínica Oftalmológica

La pérdida de visión no siempre aparece de forma brusca. En muchos casos se desarrolla de manera lenta, sin dolor y sin síntomas claros que alerten a quien la padece. Entre las enfermedades que pueden provocar esta situación se encuentra el glaucoma, una patología ocular que afecta al nervio óptico y que, si no se detecta a tiempo, puede ocasionar daños irreversibles en la visión.

Además, se trata de una enfermedad relativamente frecuente y, en numerosos casos, infradiagnosticada. El principal problema es que puede avanzar durante años sin provocar señales evidentes, por lo que muchas personas no saben que la padecen hasta que pierden la visión. Por esta razón, en el ámbito médico el glaucoma se conoce como la “ceguera silenciosa”.

Con motivo de la Semana Mundial del Glaucoma, que se celebra del 9 al 15 de marzo, el oftalmólogo Ernesto Alonso Juárez, director médico de Insadof Clínica Oftalmológica, explica en qué consiste esta enfermedad, cuáles son sus síntomas y por qué las revisiones periódicas resultan fundamentales para prevenir complicaciones graves. Según la Asociación de Glaucoma para Afectados y Familiares (AGAF), en Salamanca hay 7.264 personas diagnosticadas de glaucoma y se estima que otras 2.906 lo padecen sin saberlo.

Una lesión progresiva del nervio óptico

Según explica Ernesto, el glaucoma es una enfermedad que provoca un daño progresivo en el nervio óptico, la estructura encargada de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. Cuando ese nervio se daña, la visión empieza a deteriorarse de forma progresiva.

Tal y como manifiesta Alonso Juárez, en la mayoría de los casos, este daño se produce por un aumento de la presión dentro del ojo, lo que se conoce como presión intraocular. “Si esta presión es mayor de lo normal, puede comprometer el riego sanguíneo de la retina y del propio nervio óptico. Esa falta de circulación acaba provocando la muerte progresiva de las fibras nerviosas” declara.

Además, el oftalmólogo añade que el problema es que estas fibras son neuronas y, una vez que se dañan o mueren, no se regeneran. Por tanto, el deterioro visual que provoca el glaucoma no se puede recuperar.

Uno de los factores que hace especialmente peligroso al glaucoma es que sus primeros efectos sobre la visión suelen pasar desapercibidos. El deterioro comienza, por lo general, en la zona periférica del campo visual, por lo que el paciente mantiene durante mucho tiempo una visión central aparentemente normal.

“Lo que ocurre es que la pérdida empieza por los laterales. El paciente sigue viendo bien de frente y puede leer, ver la televisión o hacer su vida diaria sin notar nada extraño”, explica el oftalmólogo Ernesto Alonso Juárez, director médico de Insadof Clínica Oftalmológica.

Esta circunstancia provoca que muchas personas no sean conscientes del problema hasta que la enfermedad ya ha avanzado. La visión lateral se va reduciendo de forma progresiva y, cuando aparecen las primeras dificultades, el daño en el nervio óptico suele ser ya importante.

Según señala el especialista, los síntomas pueden empezar a percibirse en situaciones muy concretas. “Algunos pacientes comienzan a notar problemas al conducir de noche, al caminar por zonas con poca luz o cuando se mueven en espacios donde es necesario utilizar la visión lateral. Incluso pueden tropezar con objetos o no percibir bien lo que ocurre a su alrededor”, comenta. Sin embargo, insiste en que cuando estos signos aparecen, la enfermedad suele estar ya en una fase avanzada.

El componente hereditario

El tipo de glaucoma más frecuente es el denominado glaucoma crónico simple o de ángulo abierto. En este caso, el componente hereditario tiene un peso importante.

“Si hay familiares directos con glaucoma, el riesgo aumenta”, señala Alonso Juárez. “No significa que necesariamente vaya a aparecer, pero sí que esas personas deberían someterse a revisiones oftalmológicas periódicas para poder detectarlo a tiempo”.

Tipos de glaucoma

Aunque existen diferentes variantes de la enfermedad, los especialistas suelen diferenciar principalmente entre el glaucoma de ángulo abierto y el glaucoma de ángulo cerrado.

El primero es, con diferencia, el más común. En este caso, el sistema de drenaje del ojo no funciona de manera adecuada. El líquido que se produce dentro del ojo, no se elimina con la eficacia necesaria, lo que provoca un aumento progresivo de la presión intraocular.

“El ojo produce continuamente un líquido que debe salir por un sistema de drenaje. Cuando ese sistema no funciona bien, la presión dentro del ojo aumenta y puede acabar dañando el nervio óptico”, explica el especialista.

El glaucoma de ángulo cerrado, por su parte, es menos frecuente, pero puede provocar episodios agudos. En estos casos, el espacio por el que debería drenar el líquido es demasiado estrecho.

“Puede producirse una crisis con dolor ocular intenso, visión de halos alrededor de las luces o un dolor que incluso se irradia hacia la frente”, señala Alonso Juárez. “Es una situación que requiere atención médica inmediata”.

¿Como se diagnostica el glaucoma?

La detección del glaucoma comienza habitualmente con la medición de la presión intraocular. En la mayoría de las personas, los valores considerados normales se sitúan entre los 10 y los 21 milímetros de mercurio.

“Cuando la presión supera esos valores hablamos de hipertensión ocular, lo que aumenta el riesgo de desarrollar glaucoma”, explica el oftalmólogo. No obstante, añade que la presión elevada por sí sola no es suficiente para confirmar el diagnóstico.

Por este motivo, es necesario realizar otras pruebas complementarias. Entre ellas tal y como ha manifestado Ernesto, se encuentra la exploración del nervio óptico mediante el estudio del fondo de ojo o técnicas de imagen como la tomografía de coherencia óptica (OCT), que permite analizar con gran precisión el estado de las fibras nerviosas.

Otra prueba fundamental que destaca el oftalmólogo es la campimetría o campo visual, que evalúa la capacidad del paciente para detectar estímulos luminosos en distintos puntos de su campo de visión. Gracias a esta exploración es posible identificar si ya existe una pérdida funcional asociada al daño del nervio óptico.

Tratamientos para controlar la enfermedad

El tratamiento del glaucoma tiene como principal objetivo reducir la presión intraocular para evitar que el daño siga avanzando.

La opción más habitual son los colirios, que actúan disminuyendo la producción de humor acuoso o facilitando su drenaje. “En muchos casos, el control de la presión ocular con estas gotas es suficiente para mantener la enfermedad estable” declara Alonso Juárez.

Según aclara el director médico de Insadof cuando el tratamiento farmacológico no resulta eficaz o provoca efectos secundarios, existen otras alternativas. Una de ellas es la trabeculoplastia selectiva con láser, un procedimiento que se realiza en consulta y que ayuda a mejorar el drenaje del líquido del ojo.

En los casos más avanzados puede recurrirse a la cirugía. Del mismo modo, según explica el oftalmólogo en la actualidad, además, están ganando terreno los procedimientos de cirugía mínimamente invasiva del glaucoma, que emplean pequeños dispositivos para facilitar la salida del líquido y controlar la presión.

Una enfermedad sin cura, pero controlable

Aunque el glaucoma no tiene cura, sí puede controlarse si se detecta en fases tempranas.

“El tratamiento no permite recuperar la visión que ya se ha perdido, pero sí puede frenar la progresión de la enfermedad”, aclara Alonso Juárez. Por eso, insiste en que el diagnóstico precoz es fundamental.

Los especialistas recomiendan realizar revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente a partir de los 40 años. Incluso cuando no existen síntomas, una exploración sencilla puede detectar alteraciones en la presión ocular o en el nervio óptico antes de que aparezcan problemas visuales.

Seguir el tratamiento, una cuestión clave

Una vez diagnosticado el glaucoma, el seguimiento médico y la constancia en el tratamiento son fundamentales.

En muchos casos, el tratamiento consiste en la aplicación diaria de colirios. “Su efecto dura un tiempo limitado, por lo que, si el paciente deja de aplicarlos o se olvida con frecuencia, la presión ocular puede volver a subir”, advierte el especialista.

Por ello, el oftalmólogo insiste en que la clave está en adelantarse al problema. “Detectar el glaucoma antes de que produzca síntomas es la mejor forma de proteger la visión a largo plazo”, finaliza Ernesto Alonso Juárez.

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