La historia de Toñi: tras cuatro intentos de suicidio, por fin ve la luz

Diagnosticada de trastorno bipolar, ansiedad y depresión, da a conocer cómo dejó atrás el "mundo oscuro" donde estaba inmersa para comenzar a vivir

Toñi Sánchez Mesonero
Toñi Sánchez Mesonero

“Hoy, día 26 de abril del 2022, plasmo mi testimonio real de una etapa de mi vida oscura”. Con tacto y conciencia sobre todo lo que ha dejado atrás y, a la vez, agradecida por su presente, María Antonia Sánchez Mesonero comienza así la narración del lastre al que se enfrentó durante varios años. Amante de la escritura, Toñi ha recurrido a un testimonio creado de su puño y letra para plasmar cómo fueron sus cuatro intentos de suicidio y cómo ha logrado superar esa fase para comenzar a “vivir”.

Todo comienza el 11 de noviembre de 2013, cuando Toñi decide poner fin a un matrimonio en el que era víctima de “maltrato psicológico y verbal”, tal y como ella afirma. Tras decidir acabar la relación de 22 años que la unía al padre de su hija, que por entonces tenía 14 años, Toñi se muda con la adolescente a un piso para empezar un nuevo camino. Pero no todo fue sencillo, ya que en el sendero aguardaba “el gran monstruo del alcohol” y Toñi comenzó a ingerir "grandes cantidades" con su hija de testigo.

Los intentos de una madre por proteger a sus niños en ocasiones no son suficiente, y este es uno de esos casos. Toñi decidió tomar las riendas de su vida y acudió a terapias organizadas por Alcohólicos Anónimos de Salamanca, donde le facilitaron las “pautas de su tratamiento”. Fue justo ahí cuando se produjo la primera tentativa autolítica de la mujer. En “décimas de segundo tomé dos bris de 10 pastillas sin decir nada a nadie”, narra. Lo siguiente que recuerda, añade, fue estar ingresada en “camas” del Hospital Clínico de Salamanca y, tras recuperarse, recibir el alta sin seguimiento alguno.

Escrito que recoge el testimonio de Toñi
Escrito que recoge el testimonio de Toñi

Consecuente con sus actos y queriendo lo mejor para su hija, Toñi envió a su pequeña a vivir con su padre para permanecer encerrada en sí misma y en el alcohol. El desenlace: la segunda tentativa autolítica. Durante mes y medio en casa, lo único que hizo fue “ingerir alcohol día y noche y salir solo a comprar más alcohol hasta llenar el piso con toda clase de botellas”. “Yo solo quería morir”, añade en el escrito. ¿La salvación en ese momento?  La “lucidez”, como ella lo denomina, cuando pidió ayuda a un familiar y consiguió llegar al Hospital antes de que fuera demasiado tarde.

La historia volvió a repetirse, Toñi recibió de nuevo el alta y consiguió estabilizarse por poco tiempo, ya que el alcohol volvió de nuevo a formar parte de su día a día. “El barrio y las personas con las que me juntaba no eran lo apropiado para mí. Me metí más en el lado oscuro”, afirma. Tal fue la oscuridad, que la protagonista de esta historia no salía de su habitación, dejó de comer, de beber y de tomar la medicación para la tiroides que padece. La pequeña “lucidez”, otra vez, la salvó de acabar con su vida.

Y esta vez sí, el destino tenía preparado otro final para Toñi. Durante varias semanas estuvo ingresada en la unidad de Salud Mental de los Montalvos, donde recibió atención psicológica y psiquiátrica. Una vez con el alta en la mano y habiendo sido diagnosticada correctamente de bipolaridad tipo 2 grave, ansiedad y depresión, comenzó la segunda oportunidad que la vida guardaba para ella.

Un piso de Sacyl fue el hogar de Toñi durante ocho meses, hasta que la asociación Salud Mental Salamanca consiguió una habitación en una de sus nueve viviendas supervisadas. Allí, forma parte de lo que asegura es ya una “gran familia” desde hace cuatro años, donde recibe todo tipo de apoyo (laboral, familiar, psicológico). Desde entonces, se prepara a través del proyecto de empleo y ha estrechado de nuevo lazos con "lo más importante de su vida": su hija.

Quiero luchar contra la discriminación, las personas con enfermedades mentales crónicas somos normales con nuestro tratamiento

Toñi tiene un claro objetivo al dar a conocer su historia, y es animar a las personas que estén pasando por un “momento oscuro” a que pidan ayuda. Además, quiere acabar con las “etiquetas” que cubren a las personas con enfermedades mentales crónicas. “Tenemos que luchar contra la discriminación, somos personas normales con nuestras pautas de tratamiento. Podemos trabajar y llevar una vida normalizada”, expone de forma clara la mujer. En ese sentido, también se acuerda de las familias que rodean a las personas con patologías mentales, que en ocasiones pueden desarrollar "vergüenza, odio e impotencia", a la vez que recuerda que su cariño es "importantísimo".

Para finalizar, Toñi aprovecha para agradecer en numerosas ocasiones a la asociación Salud Mental Salamanca y a todos los trabajadores que forman parte de ella. En especial, tal y como muestra, quiere remarcar la figura de su educadora, que “tan solo con verte la cara sabe cómo estás”. Y anima, con ello, a visibilizar lo que durante años ha sido "tabú" para hacer saber que hay "muchos profesionales dispuestos a ayudarte".

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