+Ieronimus, el ascenso transformador que convierte al visitante en constructor de catedrales
Visitamos las torres de la Catedral de Salamanca para descubrir sus novedades tecnológicas y un espacio inédito hasta el pasado mes de diciembre: el bajocubierta
Ieronimus es uno de los espacios patrimoniales más visitados de Salamanca. Además de ofrecer unas vistas inigualables del centro de la ciudad, alberga auténticos tesoros que han aumentado en número. Y es que, desde el pasado mes de diciembre, las Torres de la Catedral cuentan con un plus de espacios, tecnología y arte. Se han transformado en +Ieronimus para brindar una experiencia única y convertir a sus visitantes en constructores de catedrales. Salamanca24horas se ha adentrado en su interior para conocer de primera mano las novedades y acercarlas a los lectores.
Comenzamos la visita en la sala de de la Mazmorra, donde nos reciben Eusebio Leránoz e Isidro. "Preparaos, porque os vamos a cambiar. Vais a ser más altos, más listos, más guapos, más ricos espiritualmente...". Con estas palabras nos avisan de que las ascensión a Ieronimus tiene siempre una connotación de transformación que se materializará al final del recorrido. También nos preparan para que seamos capaces de escuchar a la Catedral: "Es un ser vivo, por lo menos tal y como lo queremos entender". Los guías se convierten entonces en mediadores que traducen el 'sentir' del monumento a los visitantes.
La emoción comienza a aflorar en la sala del Alcaide y es más intensa si cabe en las visitas nocturnas. Es entonces cuando la ventana germinada que permite ver el interior de la Catedral Vieja desde lo alto se vuelve opaca. Los visitantes desconocen que, en cuanto los mediadores enciendan los frontales, tendrán ante sus ojos el retablo presidido por la Virgen de la Vega. Para entender cada detalle del mismo, se ha añadido una pieza escultórica/pantalla. "Me parece una preciosidad", añade Eusebio. La tecnología también está presenta en los paneles retroiluminados que sustituyen "al exceso de letra que había antes".
Pero si por algo es conocida la sala del Alcaide es por su homenaje a la música, parte intrínseca del culto en la Catedral de Salamanca. Expone varios instrumentos, entre los que sobresale una trompa marina, instrumento de cuerda de forma triangular y una sola cuerda tan extraño que solo se conocen dos en nuestro país. El otro se encuentra en el Museu de la Musica de Barcelona. "Se tocaba como el chelo", explican.
Abandonamos el espacio de 'aclimatación' y ascendemos por el segundo tramo de escaleras, que nos conduce a la Torre Mocha. "En realidad nunca fue desmochada, sino que fue recrecida", señalan. Curiosidades aparte, el espacio presenta una obra novedosa: una gran espiral de 12.5 metros de longitud realizada por Esther Pizarro con 'lomos de libros'. Adentrarnos en ella es comprender que los archivos son puertas simbólicas entre el pasado y el futuro, que todos los que existen en el mundo están conectados entre sí y que son lugares nacidos para el entendimiento.
"Este espacio para nosotros es el de los archivos y archiveros. La Catedral tiene un archivo que no es el más importante de Salamanca, ni mucho menos, pero sí el más antiguo". Entre sus joyas se encuentran los documentos que Jerónimo de Perigueux -el capellán de Rodrigo Díaz de Vivar que da nombre a Ieronimus- trajo consigo a Salamanca desde la Sede Episcopal de Valencia. También trasladó el llamado Cristo pequeño del Cid, un pequeño crucifijo que el héroe nacional pudo llevar bajo su armadura al entrar en combate y que se expone en la sala. "Es de la de la misma época que Nuestra Señora de la Vega y de la misma escuela, la de Limoges".
Salimos al exterior, a la terraza de la Torre Mocha, para observar el Conjunto Catedralicio en todo su esplendor y divisar el paisaje este-sur-oeste de Salamanca, que incluye el Puente Romano y el río Tormes. Es impensable no sacar la cámara de fotos o el teléfono móvil para tomar alguna fotografía del entorno o de nosotros mismos haciendo uso del nuevo punto selfie.
Inmortalizado el momento, continuamos por la pasarela hacia la Torre del Gallo y el Triforio de la Catedral Nueva. "En este espacio no puedes actuar mucho con respecto a lo que hemos venido viendo. Es eclesiástico. Aquí solo se puede jugar con la iluminación y la música". No hace falta más. Ver el templo desde las alturas para apreciar sus amplias dimensiones, bóvedas y esbeltas columnas es una experiencia que quita la respiración. "Aquí se trata de que iluminemos las cosas para enseñarlas bien y que la gente entienda qué significa esto. Los románticos alemanes decían que las catedrales eran los grandes bosques de piedra y todas esas metáforas son las que nosotros intentamos contar y plantear", reconoce Eusebio.
Ascendemos por la escalera de caracol de Mallorca. Al subir el último peldaño, Isidro nos recomienda asomarnos a la balaustrada y sacar una fotografía: "Forma un círculo perfecto". Hecho. Volvemos a salir al exterior. Esta vez, a la terraza de Anaya, que ofrece unas vistas únicas de la Rúa Mayor, el claustro de la Universidad, la Clerecía, el convento de San Esteban o el cerro de San Vicente. "Aquí es la simbiosis entre la ciudad y la catedral", añade.
La apertura del bajocubierta, la gran novedad de +Ieronimus
Llega uno de los momentos más especiales: la visita al bajocubierta de la Catedral Nueva, la gran novedad de +Ieronimus. Avanzamos por una pasarela con un aforo de 30 personas y suspendida a unos 70 metros de altura. "Cuando dices a la gente en la Catedral que vamos a caminar por ahí encima se sorprende". No da tiempo a más explicaciones. Comienza un videomapping proyectado sobre las bóvedas.
El sonido nos envuelve y las imágenes se suceden para guiarnos por la Catedral y mostrarnos su valor arquitectónico, constructivo, misterioso y poético. "Surge de la fe vivida en un territorio y por unas gentes a las que hay significar, porque, en realidad, todos somos constructores de catedrales", narra una voz tras ocho minutos de visionado. La imagen que nos despide y agradece la visita es la de la Virgen de la Vega.
De vuelta al silencio, Isidro continúa con sus explicaciones sobre el bajocubierta: "Es un espacio de tránsito. Mentalmente parece que no existe, pero es donde posiblemente hayan ido las oraciones de miles y miles de fieles antes de partir hacia arriba. La pena es que en 1975 se hace todo nuevo". Las vigas de madera no se conservan -fueron sustituidas por una gran estructura de hierro-, pero sí otros elementos que llaman la atención de los más curiosos, como unos agujeros en la cubierta que protege el extradós de las bóvedas: "Sirven para bajar las lámparas con unas cadenas".
Seguimos por la Sala del Reloj. Su techo de madera marca la altura que tenía la torre hasta 1705, cuando sufrió un incendio a causa de un rayo. El maestro Pantaleón Portón Setién decidió añadir el remate barroco que convierte a la Catedral de Salamanca en la más alta de toda España. La parte más elevada que podemos alcanzar los visitantes es el Cuerpo de Campanas. Acoge un conjunto de nueve grandes piezas, situadas en los arcos de la estancia, más la campana mayor situada en el balcón del ochavo.
Finalizamos la visita en la Sala de la Bóveda, con vitrinas expositivas y un vídeo que ahondan en el mismo concepto: todos somos, de un modo u otro, constructores de catedrales. "¿Hay algo en estos tiempos que corren más importante y atractivo que eso? No es solo levantarla, sino darle sentido", destaca Eusebio en un espacio que enriquece personalmente: "Es donde hacemos el examen final, pero no se trata de poner a nadie en tesitura de que conteste bien o mal, sino de que si quiere hablar lo haga".
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