La "inhumana" crecida del Tormes que arrasó Salamanca y dejó 150 muertos cumple 400 años
La Riada de San Policarpo está considerada la mayor catástrofe natural vivida en la capital que perdió conventos y parte del Puente Romano y de la provincia con pueblos enteros desaparecidos
“Aviendo precedido sábado y domingo grandes aguas, y furiosos vientos, tendio la noche su manto negro, como se requería, para las exquias de la futura tormenta, la qual se empezó a continuar, desde las quatro de la tarde con ayres y obscuridad espantosa hasta que a las nueve de la noche llego la inumana crecida causada de las muchas nieves que en si encerrava la sierra de Vejar, con tan grande ímpetu y tan furioso corriente, ocupando todos los ojos de la puente con ser muchos y muy capaces que bolvio inundando aziatras, y anegando todas las casas, y conventos que tenían asiento en toda la Vega y arraval de santa Maria la Blanca” (sic.) Así narra el bachiller Finardo Valerio la fatídica noche del 26 de enero de 1626 en Salamanca. Es una especie de crónica de la jornada enviada al presidente del Santo Oficio de la Inquisición en Valladolid y recogida en la Revista de Estudios de la Diputación de la mano de Bienvenido García Martín. Fue la noche de la mayor catástrofe natural padecida en Salamanca que pasaría a la historia como la Riada de San Policarpo que se saldó con 150 muertos, 1.500 viviendas arrasadas, conventos desaparecidos, varios ojos del Puente Romano llevados por la corriente y pueblos enteros destrozados.
Los documentos de la época muestran el grado de destrucción de la crecida, con aldeas enteras destruidas, miles de casas arrasadas, campos anegados de barro y aceñas destrozadas.
Villar y Macías en su Historia de Salamanca reproduce la narración que se recogió el en Diario de los padres Jesuitas. Recogen los documentos que tras dos días de intensas tormentas el Tormes ya venía crecido hasta llegar a la puerta del San Polo. Continúa la narración asegurando que a partir de las cinco de la tarde el río comenzó a crecer de tal forma que a las ocho el Tormes y el arroyo del Zurguén se unieron anegando las casas que estaban en medio, la parroquia de la Trinidad y el Convento de San Lázaro, de agustinos descalzos. Allí, solo dejó en pie las iglesias tuvieron que huir los religiosos al Pozo de la nieve “donde estuvieron toda la noche y en una huerta, y de todas las demás casas no dando cosa en pie”.
El agua también se llevó el único puente de la ciudad, entonces denominado nuevo y ahora romano, casas y “dejo inhabitables” los conventos de Trinitarios descalzos y Agustinas descalzas. También hizo daño a los Premostratenses y “asoló totalmente” el Colegio de niñas Huérfanas, que estaba ubicado junto al desaparecido convento de San Andrés.
A las diez de la noche la fuerza del agua creció y “cogió de improviso” a todos los vecinos, a los que se llevó la corriente, algunos por intentar salvar sus haciendas y otros porque no pudieron huir y las casas se caían “por no tener muy fuertes los cimientos y cogiendo a los que las habitaban les daban sepultura en tierra y agua”.
Para poder ver algo, se hicieron grandes hogueras en el Rastro, la Puerta del Rio y otros puntos donde había casas en pie.
El río se llevó aceñas por delante, lo que hizo que hubiera falta de pan lo que obligó a racionarlo y los religiosos repartieron comida entre los más pobre durante seis días. Las lluvias continuaron varios días más y asegura el cronista que “pero como no había casas ni puente en qué detenerse, no se extendió tanto ni hizo tanto daño por no haber dejado mas que dos ojos del puente nuevo”.
Por su parte, en la parroquia de Iglesia Mayor de Santa María la Blanca se dañaron numerosas viviendas, un mesón que se quedó sin caballerizas y sin corrales, en la calle Nogal quedó muy dañada la aceña, en la puerta de San Pablo quedó derribada la casa del cura de la Catedral, así como varias huertas a las que hay que sumar varias viviendas, huertas, las aceñas y el matadero en el Arrabal.
También varios pueblos de la jurisdicción de Salamanca sufrieron las consecuencias de la brutal riada. En algunas aldeas como Castañeda, Centerrubio, Encinas, Huerta Azurguén o Narros del Río el agua se lo llevó todo. En otras se llevó varias casas como fue el caso de Amatos, Aldeatejada, Andresbueno, Aldigüela, Bocinas, Santibañez, Tejares, Aldealengua y Chinin. Casas y sembrados reducidos a lodo y barro, por lo que suplicaron al rey ayuda para recuperar estos bienes y lugares.
Relación de daños de la Riada en la ciudad
Villar y Macías recoge detalladamente el listado de daños causados por la riada. En la ciudad quedaron destrozadas 425 casas y otras tantas extramuros. Mesones, haciendas, retablos de iglesias, el Hospital de Santa María la Blanca “donde se cura de males contagiosos”, el lugar donde se mataba el ganado para el abasto de carnicerías, la iglesia de San Nicolás, el convento de San Lázaro, las casas de los curtidores, el convento de Niñas huérfanas, la casa de Nuestra Señora de la Vega de canónigos reglares, la casa y parte de la iglesia del convento de San Andrés, así como ocho casas accesorias, la casa del convento de San Miguel y del convento de frailes premostratenses, la iglesia de Santa Susana, el convento de Señor San Gerónimo, las huertas, norias y casas de Nuestra Señora de la Vega, la iglesia de la Santísima Trinidad del arrabal, las cercas y muros de la ciudad, 22 casas de la villa de Tejares
Reconstrucción del Puente Romano
Villar y Macías publicó en su Historia de Salamanca la memoria de los daños que había sufrido el Puente Romano, en aquella época denominado Puente Mayor, así como el coste que supondría su reparación. El resumen es diez arcos, los cimientos de una ribera a otra, once estribos que unen los arcos con los tajamares, el antepecho, enlosado, almenas, cimbras y andamios. Estas mejoras suponían un coste de 594.900 ducados a los que habría que añadir otros 8.000 para desarenar el puente.
Refranes y romances de la famosa riada
Tal fue la repercusión y la tragedia de la riada que lo sucedido en Salamanca llegó al resto de España gracias a las denominadas relaciones que a modo de cartas eran crónicas en la época. En la Revista de Estudios de la Diputación, Bienvenido García Martín, recuerda que incluso quedaron en el saber popular refranes relacionados con tal fatídico día como “va a llover tanto como el día de San Policarpo”. El el diario salmantino El Adelanto se recoge un romance sobre esta riada en su publicación del 24 de agosto de 1925 que se encontró en la Biblioteca Nacional.
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