Localizadas más obras de arte salmantinas en el extranjero: la Inmaculada del convento de las Agustinas que compró el barón Thyssen
El proyecto Nostra et Mundi incorpora ocho nuevas piezas a su catálogo salidas de conventos, iglesias y la USAL, que se unen a las 30 que ya se habían catalogado
Ocho nuevas piezas originarias de Salamanca han sido localizadas en el extranjero, donde están expuestas en diversas instituciones y entidades sumándose a una lista que ya suma 38 obras, según Nostra et Mundi. Esculturas, cuadros y documentos que salieron de la provincia y que el el proyecto de la Junta de Castilla y León ha localizado en un arduo trabajo por registrar el patrimonio de la Comunidad en el exilio.
Son solo algunas de las muchísimas piezas que en algún momento de la historia salieron de conventos, iglesias o colecciones, a veces expoliado y otra vendido a anticuarios y que gracias a la iniciativa puede conocerse, datarse y registrarse.
Una diáspora que, según la organización, se produjo mayoritariamente durante los siglos XIX y XX, siendo la Guerra de la Independencia, con expolios incluidos la principal causa de la salida de bienes patrimoniales de la provincia, sin olvidar las desamortizaciones eclesiásticas o las ventas de obras a anticuarios cuando estas dependían de párrocos o alcaldes.
Las siete nuevas obras que se han sumado a la lista están encabezadas por tres piezas que salieron del Convento de las Agustinas de la capital salmantina y que se encuentran todas en Estados Unidos. Destaca entre ellas una Inmaculada Concepción de José de Ribera que salió del convento de las Agustinas Recoletas de Salamanca y que, tras un largo periplo, se encuentra en Museo de Arte de Columbia. Una obra que estuvo en poder de Heinrich Thyssen y formó parte de su colección privada tras adquirirla para posteriormente venderla en 1957 a la Kress Foundation de Nueva York. Desde el año 1962 está en Columbia.
La obra es una de las siete versiones documentadas de la Inmaculada Concepción que pintó Ribera. Se cree que cuando el VI conde de Monterrey le encargó la pintura para el convento de las Agustinas, no fue una, sino dos las obras que “El Españoleto” hizo. Una está en la actualidad en la iglesia de la Purísima y la otra es la que se conserva en Estados Unidos.
De las Agustinas salieron otras dos esculturas, una de San Pedro y otra de San Pablo, ambas realizadas por Cosimo Fanzago. Se trata de dos piezas de bronce dorado de 1635 que formaban parte del conjunto que rodeaba la custodia en el altar, al pie del retablo mayor. El escultor las realizó a petición del duque de Monterrey.
San Pedro está actualmente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York desde 1952, sin embargo, la escultura de San Pablo se encuentra en una colección privada de Nueva York. Ambas fueron adquiridas por una galería de arte neoyorkina.
Otra de las obras recientemente localizadas es un cuadro que representa la visita de San Pablo a San Pedro en prisión del Maestro Bartolomé. Una obra del año 1500 procedente de la iglesia de San Pedro de Cantalpino. Según Nostra et Mundi, tras salir de Cantalpino la obra estuvo en posesión de anticuario Juan Lafora Calatayud, de ahí paso a la galería de subastas Layetanas de Barcelona, para ir posteriormente a la colección de Francisco Merelo-Barberá Beltrán de Madrid, de donde pasó a manos de José Gudiol y Ricart, quien la vendió al museo de Cincinnati, donde actualmente se preserva. Este cuadro sería una de las tres tablas que había en la iglesia y que formaban un conjunto.
La Tabulae ad meridianum Salamantinum, atribuido a Nicolás Polonio en 1461 procede de la Universidad de Salamanca. Servía para que los alumnos de la cátedra de astrología pudiesen utilizarlo para estudiar y permiten calcular las posiciones planetarias siguiendo las coordenadas de la ciudad. Según Nostra et Mundi, se desconoce cómo y cuándo salió el volumen de la Universidad de Salamanca, “aunque es posible que la supresión de los colegios mayores por parte de Carlos IV en 1798 tuviese algo que ver. Sea como fuere, el manuscrito terminó en la colección particular de Matteo Luigi Canonici a finales del siglo XVIII”. Un jesuita que reunió más de 4.000 manuscritos. Este terminó en manos de un hermano y después de su muerte la colección se dividió, siendo vendidos los manuscritos en 1817 a la Biblioteca Bodleiana. En Oxford, Reino Unido, por 5.444 libras.
La Tumba del caballero fue adquirida como efigie de don Francisco Maldonado al anticuario Émile Parès en Madrid en julio de 1906, al mismo tiempo que la Cruz procesional. Según la documentación guardada por el Museo Isabella Stewart Gardner. De Boston, Estados Unidos, la escultura procede de Salamanca, aseguran desde Nostra et Mundi. Se trata de una pieza de alabastro que responde a un monumento funerario medieval.
El tratado De Illis Etiam es un manuscrito de 1456. Un códice escrito por Juan Alfonso de Benavente, doctor en leyes y profesor de filosofía y retórica en la Universidad, en Tejares. No se sabe que fue del manuscrito tras la muerte de su autor pero apareció en 1859 cuando fue adquirido por Joaquín Gómez de la Cortina, marqués de Morante, para su residencia en Madrid. Parte de la biblioteca del marqués fue vendida a Bachelin-Deflorenne, quien tenía una librería en París. En 1872 se pusieron a la venta los libros del marqués en el Hotel des Commissaires Priseurs (París). El volumen aparece recogido en el catálogo de la subasta. A partir de ese momento se pierde la pista del tratado hasta que Henry Walters lo adquiere. Se desconoce cómo y cuándo se hace con él, pero en 1931 lo dona al Walters Art Museum de Baltimore, donde continúa en la actualidad.
De Illis Etiam versa sobre cánones penitenciales y actos de confesión. Cuando Juan Alfonso de Benavente escribió el volumen se había propagado la peste en la ciudad, por lo que pide a través de la oración la salvación.
La última obra que ha entrado en la lista es el Tríptico de la Virgen con el Niño, con las santas Catalina y Bárbara atribuido al Maestro de la Leyenda de la Magdalena y datado entre 1491 y 1510. Hasta 1902 no se conocía su origen, aunque se había atribuido al artista afincado en Bruselas. Sin embargo, tiene una inscripción en la parte trasera, que dice MASTRE ALONSO DE CANTALAPIEDRA FUSTERO. Eso hace que, aunque no se sepa a quien perteneció, estuvo en Salamanca. De ahí pasó a una colección privada en Italia y a finales del siglo XIX fue vendido por J. Goldberg, un decorador y anticuario francés. El coleccionista Fritz Mayer van den Bergh compró el tríptico a Goldberg en 1900. Tras el fallecimiento de Fritz su colección pasó a constituir el núcleo de los fondos del Museo Mayer van den Bergh, en Amberes, donde se encuentra la obra en la actualidad. El tríptico conserva las tablas originales realizadas por el ebanista Alonso de Cantalapiedra.
También te puede interesar
Lo último