Los maestros jubilados regresan a las aulas

Docentes jubilados siguen ligados a la educación a través de la figura del profesor honorífico, un consejero y formador de maestros en activo

Antonio Castaño, profesor honorífico, imparte un curso a otros docentes
Antonio Castaño, profesor honorífico, imparte un curso a otros docentes

La figura del profesor honorífico es una gran desconocida. Se trata de una prórroga en el ámbito de la docencia que permite a maestros jubilados que desean seguir siendo partícipes en la enseñanza de las nuevas generaciones.

Contrario a lo que pueda parecer no se trata de impartir asignaturas, corregir exámenes o cuidar del patio. Esas actividades ya quedaron atrás y esta figura no está destinada a realizar tareas propias de docentes en activo. El desempeño del profesor honorífico circula por dos vías que pueden converger. De una parte, tenemos la línea abierta, destinada principalmente al asesoramiento y formación del profesorado, muy relacionada con los proyectos de innovación en el ámbito de la educación. Por otro lado, encontramos la línea cerrada, más enfocada al trabajo en un centro particular, donde el profesor honorífico serviría como una especie de consejero del personal docente que allí trabaja.

Antonio Castaño, maestro jubilado salmantino de 66 años, representa a la perfección este puesto. Profesor honorífico por cuarto año (en principio esta figura se desarrolla durante tres años, pero hay opción a extenderlo un año más), Castaño ha dedicado toda su vida profesional a la enseñanza. Director de tres centros escolares (Sevilla, Valladolid y Salamanca), se decidió a ser profesor honorífico animado por excompañeros y familiares. “Con la jubilación no se acaba la vida, yo seguía teniendo inquietudes y decidí presentarme a la convocatoria”, explica Castaño.

Este maestro retirado ha participado durante estos últimos cuatro años en multitud de cursos para formar a profesores en ejercicio, así como proponer multitud de iniciativas innovadoras que puedan ser puestas en práctica de manera inmediata. Gran parte de su labor durante estos últimos cuatro años la ha desarrollado impartiendo cursos en el CFIE (Centro de Formación del Profesorado e Innovación Educativa) de Salamanca. No obstante, él optó también por aportar su conocimiento y experiencia en el último colegio que dirigió: el CEIP Santa Teresa.

“Desde hace más de 40 años los profesores estamos en un constante aprendizaje, por lo que la formación de los docentes es fundamental en nuestro sistema educativo”, indica Castaño. Una formación que se está haciendo tremendamente complicada con la crisis del COVID-19: “Desde el inicio de la pandemia los profesores honoríficos tenemos muchos problemas para realizar nuestra labor, ya que nuestra función requiere de reuniones y cursos, algo que ya solamente podemos realizar de forma telemática y no siempre”.

Una vez finalice su periodo como profesor honorífico, este maestro espera seguir ligado al mundo de la educación de una u otra manera, aunque solo sea a través de sus hijas que, siguiendo la pasión de su padre, también han decidido dedicar su vida profesional a la docencia.

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