Más de 2.000 familias de Salamanca han solicitado apoyo este año: "Las condiciones laborales no ayudan en este momento"

Cáritas Salamanca explica la situación a la que hacen frente personas como la protagonista de esta historia

Familia paseando. Foto de archivo.
Familia paseando. Foto de archivo.

Más de 2.000 familias salmantinas han necesitado la ayuda de Cáritas desde que comenzó el año. Más de 2.000 familias que no podían llegar a final de mes, que no podían hacer frente a sus gastos y que estaban "desprotegidas". Una cifra “alarmante” teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad. Merche es una de las trabajadoras de la organización y así lo hace ver. Como veterana en Cáritas, con más de veinte años atendiendo a personas vulnerables de Salamanca, la mujer da su punto de vista sobre lo vivido este 2021 a través de SALAMANCA24HORAS.

A pesar de que el número de familias atendidas ha disminuido en comparación con 2020, cuando la pandemia provocó un completo parón en el mundo entero, “la situación en general es mucho más complicada porque ya no se trata de ofrecer apoyos puntuales”, apunta Merche. De hecho, atribuye gran parte del problema a que “las condiciones laborales no ayudan en este momento”.

Según explica la trabajadora de Cáritas, “los gastos de las familias aumentan y los ingresos no lo hacen. En muchas ocasiones ofrecen trabajos muy precarios y con 1/3 de jornada, lo que hace imposible mantener a la familia”. “Poder encontrar en Salamanca un trabajo de calidad es muy complicado actualmente. Es cierto que hay más movimiento en el empleo pero eso no es señal de calidad”, afirma.

Otra circunstancia que se está viviendo entre las familias es la percepción de ayudas que no corresponden con su situación real. Merche pone el ejemplo del Ingreso Mínimo Vital, “donde se tiene en cuenta los ingresos del año anterior y en ocasiones la situación era muy normal, pero difiere mucho de la actual”.

Desde Cáritas, “estamos trabajando en distintas parroquias de Salamanca e intentamos estar lo más cerca de esta gente que nos necesita”, explica la trabajadora. No obstante, recuerda que “todas las personas debemos ser sentibles ante la realidad de las personas que están más cerca porque en estos momentos de estar tan encerrados no somos tan conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor”.

Relato de una complicada situación con final feliz

En el escenario anticipado se encontraba la protagonista de este reportaje de SALAMANCA24HORAS. Es necesario emplear el tiempo verbal en pasado debido a un cambio repentino en la situación de la mujer tras el encuentro con este medio. No obstante, Beatriz -como así la llamaremos- ha querido mostrar al mundo la “complicada” realidad a la que hacía frente desde hacía dos años, cuando se quedó en paro. Aunque, como ella misma explica, todo viene de mucho atrás.

De familia salmantina, Beatriz se crio en la capital del Tormes hasta su adolescencia, pero cuando tenía 16 se quedó embarazada de la que sería su primera hija. Ante esto, los padres de Beatriz decidieron que la joven se fuera a un colegio para madres solteras en Madrid. Allí, atendió a miles de niños y se formó como auxiliar de clínica. Tras su paso por Madrid regresó a Salamanca y formalizó la relación con el padre de la niña, de raza gitana. Según explica, pudo vivir en propias carnes la diferencia de culturas, pero eso nunca impidió que siguiera trabajando a media jornada mientras cuidaba de sus hijos. Y es que, durante sus años de matrimonio, Beatriz y su marido tuvieron dos hijas y dos mellizos.

Teniendo en cuenta el contexto de su juventud, Beatriz cuenta orgullosa que tiene cotizados 25 años habiendo trabajado en una cantidad importante de sectores, como son hostelería, cuidado a personas toxicómanas o mantenimiento de hoteles. Todo ello para sacar adelante a sus hijos.

Lejos de quedar ahí su historia, Beatriz termina contando que su matrimonio, ni mucho menos feliz, estaba sometido a malos tratos por parte del hombre, que había rendido su vida ante las drogas. La mujer, manteniendo la compostura, cuenta a SALAMANCA24HORAS el miedo que vivió después de que todos sus hijos se hubieran independizado y cómo huyó de la casa que estaba suponiendo un “infierno” para ella.

Con la maleta cargada de valentía, Beatriz siguió trabajando en varios empleos y reformó lo que ahora es su hogar en uno de los barrios de la capital. Así, consiguió mantenerse hasta hace dos años, cuando tras la llegada de la pandemia Beatriz terminó en paro. Después de agotar las ayudas por situación de desempleo, a Beatriz tan solo le quedaba un ingreso de apenas 450 euros por parte de la Seguridad Social, de los cuales 300 van destinados al pago del alquiler. Como ella explica, ha podido seguir viviendo gracias a las ayudas de Cáritas para poder pagar la luz, el gas y gastos “extra” como pueden ser medicinas o el dentista.

La protagonista de esta historia es consciente de que hay familias con niños que también necesitan ayudas, pero quiere hacer entender que eso no debe excluir a los adultos que llevan toda la vida intentando sacar su vida adelante. Y, ni mucho menos con papel de “víctima”, Beatriz explicó cómo estaba luchando con “uñas y dientes” para conseguir un nuevo empleo.

Después de una espera tan larga pero tan activa, Beatriz ha conseguido "por fin" un empleo. De este modo lo transmitía a este medio después de haber ofrecido su testimonio. Ahora, comienza a "dar lo mejor de sí misma y seguir adelante".

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