El negocio del miedo: “El crimen es connatural al ser humano, como la enfermedad y la muerte"
Nieves Sanz Mulas, experta en política criminal, catedrática en derecho penal y profesora de la USAL, asegura que “confundimos política criminal con Derecho penal. Creemos que todo se soluciona reformando el Código Penal y no yendo a las causas de por qué pasan las cosas"
No es solo “el sistema penal en España” porque, al final, lo que preocupa es “un poco todo": no solo lo que se castiga, sino también lo que se ignora y, sobre todo, esa pregunta que flota en el aire: ¿estamos invirtiendo en reinserción o en castigo? ¿En prevención o en leyes que prometen mano dura como si el Código Penal fuera el antídoto de todos los males que emponzoñan nuestra sociedad?
Y una idea que punza nuestra realidad en silencio y se enquista: la criminalidad como herramienta política.
Nieves Sanz Mulas, experta en política criminal, catedrática en derecho penal y profesora de la USAL, asegura que “confundimos política criminal con Derecho penal. Creemos que todo se soluciona reformando el Código Penal y no yendo a las causas de por qué pasan las cosas.”
En una democracia, asegura, el punto de partida debería ser más humilde:“El crimen es connatural al ser humano, como la enfermedad y la muerte.” No se erradica. Se contiene en límites tolerables.
Sanz refiere cómo en los últimos años se ha instaurado en nuestros días un discurso basado en el miedo, donde determinados colectivos pasan a convertirse en “enemigos” útiles para justificar políticas más duras. “El negocio del miedo funciona muy bien: primero generas sensación de amenaza y luego vendes seguridad.”
De hecho, añade que uno de los puntos más críticos es la desigualdad en el funcionamiento del sistema: “El Derecho penal cada vez es más duro con los pobres y mucho más blando con los delitos de cuello blanco.”
La criminalización de la pobreza deriva en que el foco radique en quienes menos tienen, obviando que los delitos de cuello blanco mueven millones de euros: personas con poder, recursos y formación que, aun así, roban. El motor no siempre es necesidad, también lo es la avaricia, la impunidad y el egoísmo.
Surge, explica Sanz, la pregunta que nadie formula ¿cuánta gente muere indirectamente por corrupción? Por el robo de ese dinero que debería ir destinado a la mejora de carreteras, a los hospitales o a las listas de espera.
Subraya, además, que no solo importa lo que se hace, sino a quién se controla más: perfiles, identificaciones constantes y menor confianza judicial que influye, directamente, en decisiones como la prisión preventiva que, asegura, debería ser excepcional; “la prisión preventiva se ha convertido en la regla porque socialmente se entiende que solo hay justicia cuando alguien entra en la cárcel, aunque no haya sentencia.”
Al hablar de América Latina, Nieves elabora un retrato crudo y realista de sus cárceles: hacinamiento, días sin comer, y personas sin condena por no poder pagar fianzas mínimas o por retrasos judiciales: “Son sistemas que solo ven el encarcelamiento como solución, pero luego no tienen recursos para garantizar condiciones mínimas.”
“Mientras haya demanda y el producto sea ilegal, el crimen organizado va a encontrar un negocio”
El narcotráfico se erige como un problema a la orden del día, ahora bien, “mientras haya demanda y el producto sea ilegal, el crimen organizado va a encontrar un negocio. Eso no se resuelve solo con más penas” explica Nieves, insistiendo en que ha fallado la prevención educativa y sanitaria y que el enfoque exclusivamente policial no está reduciendo el consumo.
Lo lógico es pensar que, a lo mejor, la solución reside en endurecer el código penal sin embargo, Sanz recuerda que el Código Penal español, de 1995, ha sufrido unas 50 reformas y, en gran parte, con un claro sesgo: endurecimiento punitivo.
“Se vende que el problema es que el Código Penal es blando, cuando en realidad el Derecho penal es un medio muy caro y poco eficaz si no atacas las causas", matiza.
Para reducir la criminalidad, insiste, el foco debería estar en la prevención y erradicación de la pobreza.
“Hay que trabajar en la reinserción"
Sanz explica que la mejor alternativa a la prisión es evitar que la gente entre cuando no es necesario; es decir, que la cárcel sea el último recurso y destinado únicamente a castigar aquellos delitos realmente graves.
Porque la cárcel, tal como está diseñada, difícilmente resocializa.
“Resocializar es vivir lo más parecido a la sociedad”, sostiene, sin embargo, “la cárcel rompe vínculos, estigmatiza y dificulta que esa persona pueda volver a ser un ciudadano normal.”
La reinserción se defiende, explica, pero con un matiz importante: “La mejor alternativa a la prisión es que muchas personas no entren en la cárcel.”
Nieves propone apostar más por multas bien calculadas, trabajos en beneficio de la comunidad e inhabilitaciones proporcionales y, sobre todo, dar espacio a la universidad, a los datos, a la reflexión pública.
“Abre escuelas y cerrarás cárceles", concluye. No se trata de un eslogan cautivador, sino de un recordatorio incómodo.
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