Los niños con insomnio suelen seguir sufriéndolo cuando alcanzan la edad adulta

El 43% de los niños con síntomas de insomnio siguen sufriendo durante la adolescencia hasta la edad adulta este problema

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Niño pequeño dormido. FOTO INFOSALUS
Niño pequeño dormido. FOTO INFOSALUS

Los niños con síntomas de insomnio son propensos a persistir con ellos cuando son adultos jóvenes y significativamente más propensos a desarrollar un trastorno de insomnio en la edad adulta temprana en comparación con los niños que no tienen dificultad para dormir, según una nueva investigación dirigida por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), en Estados Unidos.

El estudio, publicado en la revista 'Pediatrics', es el primero de cohorte a largo plazo que describe las trayectorias de desarrollo de los síntomas de insomnio en la infancia a través de la adolescencia y hasta la edad adulta temprana.

"La edad adulta joven es una etapa de la vida en la que se ha documentado un aumento de la gravedad y la prevalencia de los problemas de salud física y mental, como las enfermedades cardiovasculares y las tasas de suicidio", explica Julio Fernández-Mendoza, profesor asociado de psiquiatría y salud conductual.

"Los trastornos del sueño, especialmente la apnea del sueño y el insomnio, están relacionados con una peor salud cardiovascular y mental --continúa--. Dado que hasta el 25% de los niños, el 35% de los adolescentes y el 45% de los adultos jóvenes padecen síntomas de insomnio, nos interesaba saber cómo evolucionan estos síntomas a lo largo del tiempo a medida que el niño crece hasta la edad adulta".

El estudio longitudinal del equipo, que comenzó en el año 2000, se diseñó como un estudio aleatorio basado en la población de niños de 5 a 12 años. Los niños y sus padres proporcionaron informes sobre los síntomas de insomnio de los niños, definidos como dificultades de moderadas a graves para iniciar y/o mantener el sueño.

Los niños también participaron en un estudio objetivo del sueño en laboratorio mediante polisomnografía, que puede identificar la apnea del sueño y otros indicadores como la cantidad y la calidad del sueño. El equipo estudió a 502 niños 7,4 años después como adolescentes (mediana de 16 años) y 15 años después como adultos jóvenes (mediana de 24 años).

El equipo descubrió que el 43% de los niños con síntomas de insomnio seguían sufriendo durante la adolescencia hasta la edad adulta. Aunque alrededor del 27% de los niños con síntomas de insomnio experimentaron una remisión de los síntomas en la adolescencia, cerca del 19% experimentó un patrón de altibajos en la edad adulta.

Entre los niños sin síntomas de insomnio, cerca del 15% de ellos desarrollaron síntomas de insomnio en la transición a la adolescencia y persistieron con ellos hasta la edad adulta, y otro 21% los desarrolló de nuevo en la edad adulta temprana. Además, alrededor del 16% de estos niños sin síntomas de insomnio experimentaron un patrón de altibajos.

"Sabemos que no todos los que se quejan de síntomas de insomnio tienen el mismo grado de alteración del sueño cuando éste se mide objetivamente en el laboratorio, por lo que era importante que nuestro estudio incluyera estas mediciones objetivas en el laboratorio además de los autoinformes", prosigue Fernández-Mendoza.

"De hecho --avanza--, el estudio descubrió que los síntomas de insomnio en los adolescentes que dormían poco en el laboratorio tenían 5,5 veces más probabilidades de empeorar hasta convertirse en insomnio adulto, mientras que los que informaban de los mismos síntomas de insomnio y dormían normalmente en el laboratorio no tenían un mayor riesgo de empeorar hasta convertirse en insomnio adulto".

Según explica, "el hallazgo clave de este estudio es que los síntomas de insomnio en la infancia son mucho más propensos a persistir en el tiempo de lo que creíamos anteriormente. Aquellos que tienen síntomas de insomnio y una duración de sueño corta medida en el laboratorio tienen muchas más probabilidades de evolucionar hasta desarrollar una condición clínica en la edad adulta temprana, y no sólo de persistir con los síntomas".

Por lo tanto, advierte de que "los padres y los médicos no deben asumir que los síntomas de insomnio son quejas benignas que desaparecerán con la edad. Eso no es lo que muestra nuestro estudio para una proporción significativa de jóvenes".

Por otro lado, Fernández-Mendoza añade que muchos adultos que tienen insomnio pueden haber tenido problemas para dormir cuando eran niños.

"Aunque los problemas de sueño de los adultos tienden a ser desencadenados por los factores estresantes de su vida más recientes, para algunas personas, su insomnio puede remontarse a problemas de sueño que comenzaron en la infancia", subraya. 

Aunque el equipo no investigó las causas subyacentes de los problemas de sueño de los niños, Fernández-Mendoza apunta que las causas principales suelen ser "conductuales", como cuando un niño no quiere dormirse o necesita la presencia de uno de sus padres en la habitación para conciliar el sueño o reanudarlo; trastornos psiquiátricos y conductuales, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el autismo o los trastornos del estado de ánimo; y afecciones médicas, como dolores de cabeza o problemas gastrointestinales.

"Sabemos que existen disparidades de salud en los síntomas de insomnio --recuerda Fernández-Mendoza--. Por ejemplo, nuestros estudios anteriores mostraron que las mujeres después de la pubertad; las minorías raciales y étnicas, específicamente los negros/afroamericanos; y los niños de hogares de bajo nivel socioeconómico son más propensos a tener síntomas de insomnio que persisten en la transición a la adolescencia".

Finalmente, Fernández-Mendoza señala que los hallazgos del equipo sugieren que los síntomas de insomnio en la infancia requieren una intervención temprana, mientras que la adolescencia es un momento crítico para abordar los problemas crónicos de sueño.

Las intervenciones según apunta, pueden incluir la terapia conductual para el insomnio conductual de la infancia y los tratamientos adecuados para las afecciones médicas o psiquiátricas. La intervención de primera línea en adultos es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC), que también está demostrando ser muy eficaz en los jóvenes, especialmente en los adolescentes.

Además de examinar la trayectoria de los síntomas de insomnio a lo largo del tiempo, los investigadores también recogieron datos sobre los resultados de salud y actualmente están finalizando la publicación de esos datos.

"Sabemos que dormir mal está relacionado con resultados adversos para la salud --concluye Fernández-Mendoza--. Sospechamos que muchos niños que experimentan síntomas de insomnio que persisten en la edad adulta también sufrirán algunas consecuencias negativas para la salud".

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