El ocaso de la paciencia: las mercerías, un negocio en peligro de extinción

En Salamanca apenas quedan una decena de establecimientos dedicados únicamente a la venta de productos de costura y punto

Carlos Palomo, propietario de 'Can-Can', escoge una tela de estantería. Foto: SALAMANCA24HORAS.
Carlos Palomo, propietario de 'Can-Can', escoge una tela de estantería. Foto: SALAMANCA24HORAS.

El confinamiento que duró entre marzo y mayo de 2020 obligó a aislarse a todo un país en sus casas. En un primer momento Netflix apareció como la principal alternativa para pasar las horas muertas.  Sin embargo, encadenar maratones de series, por muy entretenidas que estas sean, puede llegar a ser tedioso. El ocio no siempre puede ser pasivo y, a veces, requiere de una cierta proactividad que mantenga estimulado al que lo practica.

De esta manera, la televisión y las series dejaron paso a otro tipo de actividades. Hubo quien decidió ponerse en forma con instructores de Instagram terriblemente energéticos. Otros decidieron que esta vez era la buena, que de esta acababan el Quijote. ¿Al final eran gigantes o Molinos? La pintura, los puzles y, sobre todo, los videojuegos fueron otras de las alternativas escogidas para matar las horas durante la época del confinamiento.

Cómo olvidar las manualidades, ese seguro que nunca falla. Hubo quien decidió aprender a coser: ganchillo y punto de cruz siempre son las principales opciones. Otros se fabricaron sus propias mascarillas. Aunque claro, para todo eso era necesario material de costura: hilo, agujas, dedales, un patrón…

Mercería Can Can (8)
Mercería Can Can (8)

El ‘boom’ del confinamiento

Las mercerías, esas tiendas que antes poblaban cada barrio y que ahora hay que buscarlas por Google para poder saber dónde está la más cercana, vivieron un resurgir como hacía años que no experimentaban. Su clientela, eminentemente de avanzada edad, se rejuveneció con la entrada de usuarios de todas las edades.

“Durante el confinamiento vivimos un pequeño ‘boom’ con los materiales necesarios para hacer mascarillas”, explica Carlos Palomo de Onís, propietario de la mítica mercería salmantina “Can-Can”, la cual lleva abierta casi cuatro décadas.

“Durante los primeros meses de pandemia venía una vez a la semana y enviaba a las casas materiales para bordar y hacer punto de cruz”, explica Fernando Muñoz de Mercería ‘Hebras’, otro de los establecimientos históricos de la ciudad y cuyo origen se remonta a 1941.

Gomas para mascarillas.
Mercería Hebras (26)

Vuelta la realidad: “Céntimo a céntimo”

Con el fin de las restricciones y la apertura de los bares las nuevas pasiones que había desatado los oficios de costura se apagaron rápidamente. Y si bien es cierto que “algunos que empezaron se han quedado y ahora son habituales”, la realidad es que la inmensa mayoría de neófitos en el mundo de la aguja dejaron de picarse en cuanto se retiró el confinamiento.

“Las mascarillas todavía extendieron el chicle un poco hasta las pasadas navidades, pero desde entonces todo ha vuelto a la normalidad”, explica el propietario de ‘Can-Can’. “Un metro de goma para mascarillas son 25 céntimos, imagina cuántos metros tengo que vender para que se pudiera hablar de resurgir de las mercerías”, comenta con una media sonrisa Fernando.

Y es que este tipo de negocio no es de ‘booms’, olas, ni burbujas, las mercerías son mucho más parecidas a “un kiosko en el que se va ganando algo céntimo a céntimo”, comenta Carlos. Una clienta viene a que le cosan un botón, otro a por medio metro de cinta, el siguiente necesita un poco de hilo azul celeste…

Otro de los servicios más habituales también es el de arreglos de costura. Fernando sí que realiza trabajos más laboriosos, incluso tienen una modista que les hace los encargos, pero Carlos focaliza su negocio en la venta de productos típicos de mercería, sin incluir otros servicios como lencería o ropa de bebés, algunas de las vías de negocio que han explorado otros negocios hermanos.

Carlos Palomo muestra uno de sus productos.
Mercería Can Can (11)

“En un futuro quedaremos 2 o 3, pero siempre existirán las mercerías”

La atención personalizada y cercana es la clave de estas tiendas, las cuales, a juicio de Fernando, “son difícilmente asumibles por las grandes superficies porque se trata de pequeñas necesidades, no veo un Leroy Merlin de mercerías”.

Sin embargo, el negocio online sí que lo copa todo y ya hay páginas webs, como puede ser “Merceriabotton.es” que ofrece multitud de artículos y productos relacionados con el mundo de la costura.

Un salto, hacía la venta por Internet, al que se resisten estas dos tiendas salmantinas. Carlos afirma que sería imposible: “Cómo me voy a meter ahí, ¿vendo por paquetería un metro de goma? Imposible”.

Fernando, por su parte, señala que costarían más los portes que el producto en sí: “Hay gente que viene a por un botón, grandes compras tendrían sentido, pero no es nuestro público”. Aunque en el caso de “Hebras” sí que cuentan con redes sociales que les ha servido para concretar algún encargo.

En cualquier caso, todo parece indicar que las mercerías -donde todavía la mujer de avanzada edad sigue siendo el principal consumidor- tenderán a la mínima expresión, toda vez que la posibilidad de acceder a ropa de muy bajo precio arrumba la opción de arreglar una prenda en particular.

Mercería Hebras (16)
Mercería Hebras (16)

Fernando explica que hace 30 o 40 años “mucha gente se hacía la ropa”, pero que ahora con “camisetas a 10 euros no merece la pena el esfuerzo de comprar la tela, el patrón y elaborarla”. En su opinión, ahora mismo la gente que cose su propia ropa se reduce a una pulsión por la “costura creativa: hay quien ve una prenda en una revista o un catálogo y decide hacérsela igual, pero lo cierto es que la mayoría se reduce a las labores como el ganchillo o el punto de cruz”.

A pesar de ello, tanto Carlos como Fernando coinciden en que siempre habrá una mercería, si bien es cierto que el de “Hebras” considera que el paso del tiempo seguirá cobrándose negocios: “Hace muchos años estaba ‘Costa Azul’, en la Plaza del Mercado, que vendía cantidades ingentes cuando la gente de los pueblos venía por ferias y demás. Ahora no habrá más de 10 mercerías puras y en el futuro todo se reducirá a tres y poco más”.

El propietario de ‘Can-Can’, por su parte, también cree que es un negocio indivisible de las sociedades: “Si no sería una faena para mucha gente, siempre habrá una mercería”.

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