¿Qué opinan los jóvenes sobre la eutanasia?

Tras la reciente polémica por el caso de Angel Hernández y su imputación por un delito de homicidio al facilitar un suicidio asistido a su mujer, que padecía una enfermedad terminal, el debate sobre la eutanasia se ha reavivado en la agenda pública. Es un caso que no deja indiferente a nadie. Los alumnos de Sociología Íker Uriarte y Miguel Núñez han salido a la calle a preguntar

 Vitigudino cementerio
Vitigudino cementerio

La eutanasia como problema legal y moral

El artículo 143 del código penal en la actualidad reconoce el suicidio asistido como un homicidio. Por tanto actualmente el mecanismo legal considera a una persona que, por afecto y tras liberar un gran duelo emocional, trate de ayudar a un ser querido a morir como si fuera un asesino. Por el lado moral habrá los que piensen que el derecho a decidir sobre la propia vida de uno debería ser un derecho individual que debiera ejercer el propio enfermo y, en caso de incapacidad para la toma de la decisión, sus más cercanos allegados; otros pensarán que la vida es algo que está por encima de las consideraciones individuales, que es algo así como algo sagrado y por tanto la eutanasia sería inmoral. También podrían estar aquellos que, bien por falta de contacto con experiencias de este tipo o por simple apatía, sean indiferentes ante el tema o incluso aquellos que piensen que la legalización de la eutanasia podría dar lugar a asesinatos encubiertos, o desde luego abrir esa posibilidad.

Lo que está claro es que el tema de la eutanasia es un tema peliagudo que no solo incluye consideraciones morales a cerca del valor y la propiedad de la propia vida, sino también acerca de los propios familiares que tienen que sufrir este tipo de situaciones. Para tratar de arrojar más luz sobre este fenómeno hemos salido a la calle a preguntar a la gente qué opina de la eutanasia.

Paz para el que se va, mas no para los que se quedan

La persona que accedió a la entrevista era una chica de 26 años que había acabado la carrera de filología hispánica hace unos años y se encontraba, como nos decía ella, en la etapa intermedia entre el acabar la carrera y las oposiciones.

En un primer lugar preguntamos directamente por opinión le merecía el tema de la eutanasia. Ella nos respondió tajantemente: “al igual que se tiene el derecho a decidir como morir, se tiene que tener el derecho a decidir como morir”. Como podemos observar en un primer momento sitúa el derecho a la eutanasia como un derecho individual, algo que depende de la persona afectada en cuestión y que no debiera ser coartado por ninguna norma, sino mas bien facilitado y regulado.

Posteriormente se quedó callada, y al ver que parecía agotar el tema demasiado rápido, nosotros sacamos la siguiente pregunta para ahondar más en su opinión sobre la eutanasia: ¿qué opinas del supuesto en el que el enfermo no está capacitado para tomar una decisión y ésta tenga que recaer en la familia? En un primer momento nos dice que “ahí entran demasiados motivos”. Acto seguido intenta hacer una enumeración de los “motivos” y nos dice que a priori “dependería del diagnóstico, del daño que sufra el enfermo y de los años que lleve”. Nos dice esto aludiendo a que aunque la eutanasia sea, en su opinión, un derecho individual no es una decisión que se deba tomar a la ligera, hay que tener en cuenta esas cosas. Posteriormente continua su argumentación diciéndonos: “ piensa que la persona enferma está muerta en vida, pero que las personas que le cuidan están igual”, nos dice aludiendo a la dramática situación que puede desprenderse de un enfermo terminal y el constreñimiento y sufrimiento de los familiares por parte de la misma situación, situación que en opinión de la entrevistada solo podría superarse con la eutanasia.

Nos hace una comparación con un niño que haya nacido con malformaciones o cualquier otro problema, nos dice “una cosa es me ha nacido un niño mal, pues se lucha; pero si está alguien terminal y además es mayor no merece la pena, ya no solo por el enfermo, sino que los que viven no pueden vivir bien porque tienen que estar pendientes de la cuestión esa”. Para concluir la entrevista hacer énfasis en que nuestra entrevistada ve el mayor problema derivado de una enfermedad terminal en el sufrimiento de la familia que acompaña al enfermo y que tiene la mayor parte del coste emocional y moral de tomar la decisión; decisión que a día de hoy, en caso afirmativo, como el caso de Ángel Hernández, terminará, al menos por el momento, en una acusación por homicidio.

¿Queremos ser dueños de nuestra vida?

“¿Que si yo dado el caso optaría por la eutanasia? De buenas a primeras te diría que sí. No veo sentido en seguir viviendo porque sí cuando no hay opciones. Hay que aceptar que todos nos vamos a morir tarde o temprano.” Javier, de 22 años, afirma que la eutanasia es un derecho y que todos deberíamos tener la posibilidad de elegir sobre nuestra propia vida. “No sé si desconectaría a alguien que quiero. Por un lado digo que es lo mejor y que si ellos me lo piden, si de verdad los quiero lo haría. Pero... no sé, yo no tendría narices a desconectar a mi madre. A matarla, porque al fin y al cabo sería matarla. Igual si es algo así como das un botón y listo... Pero imaginate que no hay esa opción y que tienes que ahogarla con una almohada o algo. Yo no tendría narices.”

Alfonso, de 23 años, interrumpe a Javier: “ No digas tonterías. Yo no me lo tomaría tan a la ligera. Eso que siempre se escucha de que se puede decidir sobre tu vida me parece que no tiene ni pies ni cabeza. Entonces, ¿como mi vida es mia mañana me puedo tirar por un balcón y ya está? ¿Nadie puede decirme nada? No me parece un argumento razonable. En todo caso habría que hablar de lo que vale la vida y si merece la pena ser vivida en ciertas circuntancias como el caso de la mujer de este señor.” Alfonso y Javier son amigos desde el instituto. Alfonso empieza a irritarse ante la frivolidad de su amigo, a lo que este contesta: “Vale, que sí. A ver, yo soy un niñato y al final no tengo ni idea de la vida. No sé que haría en una situación como esa. Que igual ahora te digo que todo me parece bien y que la gente haga lo que quiera pero luego...”.

Alfonso resopla. Es un tema que parece tocarle personalmente. “Es que me irrita a veces cuando se habla de estas cosas así. Este señor -refiriéndose al caso de Angel Hernández- no es un delincuente pero tampoco está bien lo que hizo porque era lo que la mujer quería y ya esta. Este señor se pasó veinte o treinta años de su vida a su lado, cuidándola todos los dias hasta que llegó el dia que ya era imposible. Este señor le deseaba lo mejor y casi seguro que la mujer vivió tantos años porque tenía a alguien como él a su lado. Si esa mujer merecía morir dignamente es por el amor que su marido le dió toda su vida y porque le hecho un par. Por gente como su marido. Yo creo que en estos temas cada caso es especial y que ves en la tele a todo mundo opinando. Tu imagínate lo que son todos esos años en silencio al lado de tu mujer. Pare que vengan luego cuatro telediarios a dedicarte unos minutos durante una semana y ya. “ Los dos amigos, tras un par de bromas para rebajar la tensión, se despiden de nosotros.

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