Pablos, psicóloga en la USAL: “Debería haber más psicólogos públicos, no puede ser que tarden hasta año y medio en dar cita”

El equipo del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad de Salamanca duplica y hasta triplica, desde el inicio de la pandemia, el número de estudiantes que demandan su asistencia

Casandra Pablos, profesional perteneciente al Servicio de Atención Psicológica de la USAL. Foto: Andrea M.
Casandra Pablos, profesional perteneciente al Servicio de Atención Psicológica de la USAL. Foto: Andrea M.

En estos últimos dos años, tras la llegada de la pandemia, el Servicio de Atención Psicológica de la Universidad de Salamanca ha llegado a triplicar el número tanto de solicitudes como de usuarios. Este porcentaje denota la sugerente “escasez” de profesionales dedicados a ofrecer atención psicológica en la Seguridad Social. Casandra Pablos Gabriel, psicóloga de la Unidad de Atención Psicológica de la USAL, reconoce que ahora que la población se ha dado cuenta de que ir al psicólogo es necesario, se deben romper también los estigmas en el mundo profesional y ampliar este servicio público. “Convendría que hubiera más psicólogos porque tienes un problema o porque te urge y quizá hasta dentro de seis meses, un año u año y medio no te dan la primera cita”, explica Pablos, a la vez que reconoce que “aquí nos estamos cargando con una gran cantidad de personas que necesitan esta atención y quizá deberían poder contar con su seguridad y su psicólogo de una manera más sencilla”.

Para atender a la gran demanda en el servicio ofrecido por la USAL y destinado a personas adheridas a la institución, junto a Casandra Pablos trabajan tres psicólogos mediante un contrato con la institución. Igualmente, también ofrecen apoyo varios psicólogos titulados: uno de ellos a través de una beca de colaboración, otro por una beca CLAVE y otros dos pertenecientes al máster de psicología general sanitaria a través del programa USALudable. Tal y como afirma Pablos, coordinadora de este programa, al igual que está aumentando la demanda de atención, también aumenta el número de profesionales que se quiere dedicar a cubrirla y, “los que estamos, estamos trabajando al mil por cien para poder dar esta atención”.

Codo con codo, el resto de departamentos pertenecientes al Servicio de Asuntos Sociales también luchan cada día para dar respuesta a las inquietudes de estudiantes y personal profesional pertenecientes a la USAL. Así, de los hasta cincuenta correos que reciben, se reparten de acuerdo con las necesidades del solicitante.

Como explica la psicóloga Pablos, en el servicio de psicología se atiende en un 99,9% de las veces a estudiantes, seguidos de Personal Docente Investigador (PDI) Y Personal de la Administración y Servicios (PAS). Así mismo, destaca que en su mayoría son mujeres y españoles los que demandan asistencia.

Ansiedad y autoestima, los lastres más comunes

Entre los problemas con los que se topan diariamente los psicólogos de la USAL están la ansiedad y la autoestima. No obstante, según cuenta Pablos, existen patologías muy diversas y, en caso de encontrar un caso difícil o grave, derivan el servicio a la unidad de psiquiatría del SACYL, con los que trabajan en coordinación.

Otros de los problemas a los que se enfrentan los estudiantes está relacionado con ataques de pánico o situaciones familiares variadas que hacen llegar a la vida adulta con esa valía porque no “hemos aprendido a querernos mejor”. Igualmente, muchos jóvenes también se enfrentan a problemas en sus relaciones de pareja y derivados.

Pablos explica que la mayoría de las preocupaciones son tan solo “momentos vitales estresantes que vivimos y no sabemos gestionar”.

Las redes sociales y los vídeos promovidos por psicólogos

El confinamiento y el toque de queda dieron lugar durante el pasado año a estar más tiempo encerrados en casa y como consecuencia también a estar más pegados al móvil y las redes sociales. Si bien nos ha ayudado a estar en contacto con familiares y amigo, también ha provocado un aislamiento “peligroso”. Así lo declara la psicóloga, ejemplificando con que muchos jóvenes llegan a terapia siendo “incapaces de dejar Instagram o Twitter”. “Afecta mucho porque en la medida en que no tengamos contacto con la vida real, la vida en sociedad o nos relacionemos con unas y otras personas, más encerrados en nosotros mismos vamos a estar y un estado de ánimo peor vamos a tener”, apunta.

Otro de los temas que ha abordado ha sido los vídeos compartidos por psicólogos a través de sus redes sociales. A pesar de que estos audiovisuales han podido servir para ofrecer “tips” generales sobre cómo canalizar diversas situaciones, esto en “ningún caso” debe sustituir a un proceso terapéutico completo.

Uno de los aspectos más importantes en todo esto, según concluye Pablos, es que “se han roto muchos estigmas y la gente se está dando cuenta de que no vale solo con ponernos una tirita o salir a hacer deporte, que también es fundamental”. En parte, toda esta caída de tabúes se debe a que los medios de comunicación, durante el periodo de cuarentena, comenzaron a “pedir” psicólogos voluntarios -cosa que también indigna a la profesional protagonista de este reportaje- y la gente “a ver eso normalizado” se han dado cuenta de que la labor de los especialistas es “importante”.

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