Los psiquiatras infantiles, a favor de la medicación para los niños que padecen TDAH: "Existen mitos, como que causa adicción, pero no es así"
De hecho, esta medicación mejora los síntomas principales del TDAH entre el 70 y el 85% de los casos"
El TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) es una cuestión que está a la orden del día, principalemente en el caso de los niños. Un problema que pone en entredicho a sus progenitores, pues las falsas creencias y el estigma de que la medicación consiste en derivados de las 'anfetaminas', hacen plantear a los tutores de los pequeños pacientes si sus hijos deberían comenzar el tratamiento farmacológico.
Según Julia Calama, psiquiatra infantil en el Hospital de Salamanca, la medicación es "efectiva y necesaria".
Qué es el TDAH y cómo se manifiesta
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, que implica una serie de síntomas y dificultades que afectan al niño en sus diferentes ámbitos: académico, familiar, emocional y conductual. Principalmente, se ve afectado el lóbulo frontal y las áreas prefrontales cerebrales, afectando a las funciones ejecutivas, con alteraciones en la atención, en el control de impulsos, la inhibición de respuestas y la toma de decisiones, según ha explicado la profesional.
Se trata de un trastorno que aparece desde el nacimiento, con diferentes manifestaciones a lo largo de la vida, donde los factores psicosociales y ambientales pueden actuar como factores desencadenantes, facilitadores y agravantes. "Muchas veces, los síntomas se van manifestando de forma distinta en función de la edad del menor y de las demandas del ambiente", ha declarado Calama.
En lo que respecta a las causas que influyen en el desarrollo del TDAH, se trata de factores "complejos", pues "no se ha determinado una causa única". "Se puede hablar de condicionantes de origen biológico, donde los factores genéticos tienen un gran peso (heredabilidad del 75 al 80%) y de factores psicosociales y ambientales, en los que se incluyen factores en edad gestacionaria, consumo de sustancias, parto o experiencias estresantes tempranas en el modelo familiar o social), que ocupan también un papel muy relevante.
El comportamiento de los niños que padecen TDAH, es variable, pues, "no existen dos TDAH iguales", ni tampoco la evolución a lo largo de los años, pero tienen una serie de características comunes o triada básica, que son los problemas de atención (a los estímulos relevantes del ambiente o capacidad de inhibirlos), hiperactividad (necesidad de estar en continuo movimiento e imposibilidad de controlarlo, como manera de autorregulación), e impulsividad (tanto a la hora de pensar como de hacer las cosas).
La medicación
El tratamiento requiere un enfoque multimodal. Los niños con TDAH presentan un desequilibrio químico de los neurotransmisores de la dopamina y de la noradrelina (sustancias químicas del cerebro), lo que ocasiona desajustes en el funcionamiento cerebral.
En cuanto al tratamiento farmacológico, consiste en varias opciones: por un lado, los fármacos estimulantes (metilfenidato o lisdexanfetamina), que funcionan en partes anteriores al cerebro, modulando la dopamina y noradrenalina, y los fármacos no estimulantes (atomoxetina y guanfacina), que actuarían más como segunda línea, mala tolerabilidad o mala respuesta a los primeros o asociación de trastorno de tics o trastornos conducutuales.
Ante la creencia de que la medicación es derivada de las 'anfetaminas', los tratamientos con metilfenidato son tratamientos psicoestimulantes, muy seguros y eficaces, con una larga historia de uso en la población infantil. "Controlan el desequilibrio químico cerebral que se presenta en los niños con este trastorno", ha afirmado la psiquiatra infantil.
Con respecto al TDAH y a su tratamiento, "se han generado muchos mitos, como que puede causar adicción, cuando los estudios científicos han demostrado todo lo contrario. Al ser un tratamiento que reduce la impulsividad, protege del riesgo de desarrollar abuso de sustancias, siendo un papel protector para la adolescencia y la edad adulta".
"Como psiquiatra infantil, por supuesto que recomiendo la medicación de los niños", ha asegurado la profesional. "Aunque no todos los casos lo necesitan, se recomienda en niños con manifestaciones moderadas o severas, o que no responden a intervención piscológica, familiar o psicoeducativa".
En los casos donde se da una alteración social, emocional, académica o relacional del niño, "la mejor intervención s el tratamiento farmacológico, junto con el resto de intervenciones psicoeducativas y sociofamiliares. De hecho, esta medicación mejora los síntomas principales del TDAH entre el 70 y el 85% de los casos".
¿Y los efectos secundarios?
Los efectos adversos más frecuentes de los psicoestimulantes son la pérdida del apetito y el insomnio de conciliación. Realidades que se pueden resolver a través de un ajuste farmacológico o de una disminución de la dosis, así como la opción de cambios de liberación del tratamiento. Además, la colaboración entre el pediatra y el psiquiatra infantil en el proceso de seguimiento del menor, así como la correcta explicación de los posibles efectos beneficiosos o molestos del tratamiento, son fundamentales para el buen pronóstico.
Otras alternativas...
El tratamiento del TDAH debe tener un enfoque multimodal, donde no solo está el tratamiento farmacológico, sino que también existen otras alternativas muy eficaces como son la terapia cognitivo - conductual, el entrenamiento en habilidades sociales del menor, el refuerzo del aprendizaje escolar, asesoramiento a padres y la colaboración y coordinación con el colegio.
"La idea de que el tratamiento farmacológico es incompatible con la psicoterapia es falsa. Tienen un carácter complementario y la combinación de ambos se ha demostrado como la opción del tratamiento más eficaz", ha expresado.
Los factores que también contribuyen a la mejora o el buen pronóstico del TDAH son:
- Un diagnóstico precoz, dado que cuanto antes se comience la intervención, mejor será el pronóstico.
- Una educación coherente por parte de los padres, donde se establezcan rutinas, normas y límites adecuados a las características del niño.
- Una transmisión de valores positivos, refuerzo positivo verbal a sus esfuerzos y estabilidad familiar.
- El conocimiento por parte de los profesores y la adaptación de medidas educativas en caso de que se necesiten, tras una correcta evaluación psicopedagógica del menor.
- La colaboración entre los padres y la escuela.
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