Raíles Verdes: Salamanca quiere coser la vieja cicatriz del tren con un gran corredor ecológico urbano

La transformación de la antigua vía de la Ruta de la Plata, con 2,8 millones de euros hasta 2028, convertirá suelos degradados y espacios en desuso en una vía verde, nuevos bosques urbanos, huertos vecinales y escolares y áreas renaturalizadas junto al Tormes

Presentación Proyecto Raíles Verdes
Presentación Proyecto Raíles Verdes

Durante décadas, la antigua traza ferroviaria de la Ruta de la Plata ha permanecido en Salamanca como una huella física y simbólica de otro tiempo. Muy próxima a barrios consolidados, pero al mismo tiempo ajena a ellos, esa franja ha funcionado en muchos puntos como un borde urbano, una sucesión de espacios desaprovechados, erosionados o directamente abandonados. Ahora, la ciudad ha decidido cambiar esa lógica: donde antes hubo una línea férrea desconectada de la vida cotidiana, quiere levantar un corredor verde capaz de unir barrios, mejorar la movilidad peatonal y ciclista y reforzar la infraestructura natural de la capital. Ese es el núcleo del proyecto Raíles Verdes, dotado con un presupuesto total de 2,8 millones de euros, cofinanciado al 60% por fondos FEDER y con ejecución prevista hasta 2028.

La operación no se limita a embellecer un itinerario. Su ambición es más amplia: se trata de introducir soluciones basadas en la naturaleza en un eje urbano que hoy presenta discontinuidades, solares degradados y zonas con escasa calidad ambiental. El plan contempla convertir el tramo urbano de la antigua línea en una vía verde continua, recuperar la escombrera conocida como el “volcán de Garrido”, crear dos bosques urbanos, habilitar 96 huertos urbanos, reverdecer el entorno del bulevar junto al parque de los Jesuitas y naturalizar el viaducto de la calle Jardines, además de actuar en la ribera del Tormes para mejorar su conectividad ecológica.

La idea de fondo responde a un reto compartido por muchas ciudades españolas: cómo reconvertir antiguas infraestructuras duras en espacios más amables, permeables y útiles para la vida diaria. En Salamanca, esa pregunta afecta de lleno a la vieja vía de la Ruta de la Plata, que desde el cierre del tráfico ferroviario hace cuatro décadas ha quedado convertida en un territorio de borde. Raíles Verdes parte precisamente de ese diagnóstico. La futura intervención pretende reducir el efecto barrera de la antigua línea y reintegrarla en la ciudad mediante restauración natural, control de especies invasoras, aumento de la vegetación y aprovechamiento de los servicios ecosistémicos en favor de la salud urbana.

Uno de los elementos más visibles será la nueva vía verde. El antiguo trazado ferroviario pasará a ser un recorrido para peatones y ciclistas con continuidad geográfica, pensado tanto para la movilidad sostenible como para el ocio saludable. No será un paseo aislado: al sur conectará con una vía verde ya operativa hacia Alba de Tormes, y por extensión hacia Guijuelo, Béjar y el norte de Extremadura; al norte enlazará con la vía verde en dirección al límite con la provincia de Zamora. En otras palabras, el proyecto no solo mejora un espacio interior de la ciudad, sino que lo inserta en una red territorial de itinerarios blandos con potencial recreativo, ambiental y turístico.

En ese recorrido destaca la recuperación del llamado volcán de Garrido, una antigua escombrera que será transformada en un parque forestal con mirador. La actuación prevé plantar numerosas especies arbóreas y arbustivas e instalar cajas nido para favorecer la biodiversidad. El cambio es relevante porque convierte un punto degradado y residual en un enclave con valor paisajístico, educativo y ambiental. No se trata solo de tapar una herida urbana, sino de resignificarla: pasar de un lugar asociado al abandono a otro vinculado al paseo, la observación del paisaje y la presencia de fauna.

La estrategia se completa con la creación de dos bosques urbanos en pequeños solares hoy sin uso. Uno de ellos se situará junto a la estación de ferrocarril, entre las calles de la Radio y Sicilia, donde se proyecta un paseo arbolado que facilite el tránsito vecinal y dé acceso a rodales de arbolado y arbustivas. El segundo se desarrollará en el antiguo campo de fútbol junto a la fábrica de Mirat, prolongando la renaturalización de esta zona próxima al Tormes. Ambos espacios están pensados para proteger el suelo frente a la erosión, reducir el efecto isla de calor en una zona densamente edificada e incrementar la diversidad de flora y fauna, con beneficios ambientales pero también sociales y educativos.

A esa red verde se sumará una actuación con una dimensión comunitaria muy marcada: la creación de 96 huertos urbanos junto a la estación del ferrocarril, en la calle Nueva Guinea, anexos a uno de los nuevos bosques urbanos. Tendrán un doble destino. Por una parte, habrá huertos vecinales concebidos como espacios de convivencia y como herramienta formativa para jóvenes con vistas a su inserción laboral en el ámbito hortofrutícola. Por otra, se habilitarán huertos didácticos para centros escolares de los barrios del entorno, con el objetivo de reforzar la educación alimentaria saludable. El modelo no parte de cero: Salamanca ya cuenta con la experiencia de unos 700 huertos urbanos en funcionamiento en la ribera del Tormes, citados en la documentación del proyecto como antecedente exitoso.

Más allá del antiguo trazado ferroviario en superficie, Raíles Verdes intervendrá también en espacios donde la continuidad ecológica hoy se corta por el exceso de pavimento. Es el caso del tramo soterrado del ferrocarril en las calles San Francisco Javier y Marina, junto al parque de los Jesuitas. Allí se plantea transformar zonas de baldosas en una pradera accesible y transitable y ampliar los parterres existentes. El objetivo es múltiple: mitigar el efecto isla de calor, absorber contaminantes atmosféricos derivados del tráfico y mejorar el ciclo urbano del agua, sin perder accesibilidad ni comprometer la convivencia entre el carril bici y el espacio peatonal.

En ese mismo ámbito se actuará sobre el viaducto de la calle Jardines, cuyas paredes verticales de hormigón serán completamente naturalizadas mediante una cubierta vegetal. Además, se crearán nuevos parterres para árboles y arbustivas. Es una de las imágenes más elocuentes del proyecto: superficies duras, grises y de marcado carácter infraestructural convertidas en soporte para nueva vegetación. La localización del viaducto y de las calles anexas, en vecindad con el Tormes y con el parque de los Jesuitas, las convierte en nodos de conectividad tanto en eje norte-sur como este-oeste, enlazando con otras operaciones de renaturalización urbana desarrolladas en la ciudad.

La última gran pata del plan se sitúa directamente en la ribera urbana del río Tormes. El proyecto contempla manejo forestal para mejorar el tramo fluvial, aumentar la conectividad azul-verde y favorecer el desarrollo de distintas especies de flora y fauna. En la práctica, eso supondrá retirar ejemplares arbóreos muertos, enfermos o invasores, que serán reutilizados para compostaje; realizar entresacas selectivas, con autorización y bajo las premisas de la Confederación Hidrográfica del Duero, para mejorar el desarrollo y la madurez de poblaciones de fresnos y alisos; y crear túmulos de arbolado seco que sirvan de refugio, alimentación o reproducción para insectos y aves. Es una intervención menos vistosa que otras, pero clave para entender el proyecto en términos ecológicos: no solo se plantará más, también se gestionará mejor lo existente.

Todo ello encaja en una estrategia más amplia de reverdecimiento de Salamanca. Según la información recogida en la nota de prensa, la ciudad cuenta actualmente con 127.000 árboles y 55.000 arbustos en casi 2,9 millones de metros cuadrados de zonas verdes municipales, lo que equivale a casi 20 metros cuadrados por habitante. Raíles Verdes se suma así a otras iniciativas recientes de transformación ambiental y refuerza una línea de actuación que busca aumentar masa arbórea, mejorar la calidad del aire y hacer más habitables los barrios.

La clave, en todo caso, estará en cómo esa gran declaración de intenciones se traduzca sobre el terreno. Porque el valor real de un proyecto así no se medirá solo en árboles plantados, metros cuadrados reverdecidos o presupuesto ejecutado. Se medirá en si los vecinos incorporan esa antigua traza a su vida diaria, en si los escolares la usan para aprender, en si los barrios colindantes sienten que el antiguo borde ferroviario ha dejado de separar para empezar a conectar. La vieja Ruta de la Plata ya no llevará trenes, pero Salamanca quiere que vuelva a tener tránsito, utilidad y futuro. Esta vez, en forma de senda verde.

Mapa Raíles Verdes
Mapa Raíles Verdes
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