El renacer de la Isla Bonita: los salmantinos en La Palma, esperanzados con el futuro tras el desastre de Cumbre Vieja

Casi 100 días después de que el volcán de La Palma cesara su actividad, los castellanos y leoneses residentes en la isla ven el futuro con esperanza, pero lleno de incertidumbre

J.A. | ICAL

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El salmantino Paco Calvo, en la plaza de Los Llanos de Aridane, donde reside
El salmantino Paco Calvo, en la plaza de Los Llanos de Aridane, donde reside

Seis meses después de que despertara el volcán de Cumbre Vieja, La Palma sigue marcada por una ‘herida’ de lava y ceniza, aunque las labores de reconstrucción están ya en marcha. En un momento en el que toda la atención está puesta sobre la guerra de Ucrania, la esperanza y la incertidumbre reinan en la mente de varios castellanos y leoneses residentes en la isla ‘bonita’, como el salmantino Paco Calvo, la zamorana Raquel Alonso o la soriana Monserrat Alejandre, que aman su naturaleza salvaje.

Durante 85 días y ocho horas las entrañas de La Palma expulsaron verdaderas montañas de ceniza, humo y 159 millones de metros cúbicos de magma, que una vez solidificados han dejado un mar de roca, denominado malpaís, que parte desde la ladera este de la dorsal que divide la isla hasta alcanzar en varios puntos el océano Atlántico que baña sus costas. 

Ni 100 días han pasado desde que el volcán se durmiera, pero su río de destrucción ha dibujado ya un nuevo paisaje que comienzan a transformar las máquinas excavadoras. Sobre esta basta extensión, que cubre la zona más floreciente de la isla, todavía se divisa alguna palmera que ha resistido el embate de la naturaleza, restos de plantaciones de plátanos y naves y hasta alguna chimenea y antena de televisión de lo que fue una casa. También emergen, frente a las olas del mar, las dos plataformas que han sumado 43 hectáreas nuevas.

Tras la devastación, el silencio, solo roto por el silbido de los vientos, domina en el valle de Aridane, la cara occidental de la isla, donde las tareas de reconstrucción no se detienen para abrir nuevas comunicaciones y limpiar la ceniza, cuyo negro puro compite con el verde característico de La Palma, que tiene 708 kilómetros de extensión y una población de 84.793 habitantes. 

El Cumbre Vieja es un nuevo punto de referencia, un lugar al que se dirigen las miradas de los palmeros, que vigilan de reojo el humo que todavía expulsan las que fueron sus bocas y donde el azufre precipita dejando vivos clores. Los visitantes han sumado el volcán a los numerosos atractivos de la isla, para captarlo en sus diferentes caras, tras haberlo visto en imágenes a cientos de kilómetros, algo que le cuesta entender a los que conocieron aquel paraje, ahora cubierto por la lava.

Sin perder de vista al ‘bicho’

Monserrat Alejandre es interventora en el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, pero vive junto a su marido en El Paso, dos de los municipios más castigados por el volcán. Ella, una gran embajadora de la isla, reconoce a la Agencia Ical que le preocupaba los terremotos, consciente del origen volcánico de La Palma, algo a lo que sus habitantes, según cree, no le han dado importancia, a pesar de que hubo dos erupciones recientes, el San Juan (1949) y el Teneguía (1971).

Su vivienda es un auténtico mirador al volcán de Cumbre Vieja, cuya erupción comenzó el 19 de septiembre de 2021 y no se dio por finalizada hasta el 25 de diciembre de 2021 por parte del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Ella colocó un “banquito” en su jardín para contemplar su fuerza y tomar fotos, si bien reconoce que no se hizo ‘selfies’ para no retratarse con un fenómeno tan destructivo, que llegó a bañar de ceniza su domicilio, algo que compara con las nevadas en Soria. 

De aquellos días destaca el ruido del volcán, al que llama “bicho” o con un apelativo poco cariñoso, y las noches en las que el magma era visible, junto con los rayos que se formaban en el cono. Ya no están pegados a la aplicación del IGN para ver la magnitud de los terremotos, ni tampoco compartiendo imágenes por WhatsApp sobre el rastro de la lava, pero sigue escuchando en su trabajo los lamentos de los que lo han perdido todo.

Montserrat, que formalizó la compra de su casa un mes antes de la crisis volcánica, valora el esfuerzo de las instituciones por recuperar la isla en esta etapa ‘postvolcán’ en la que cree que este fenómeno le ayudará a recibir nuevos turistas. No obstante, reconoce que existe un problema con la vivienda difícil de solucionar en un entorno en el que se han perdido barrios enteros, polideportivos, colegios y multitud de viviendas. Además, confía en que Puerto Naos, donde vivió durante años, vuelva a ser lo que era y pueda disfrutar de las playas de la zona oeste.

En el mapa

El salmantino Paco Calvo, psicólogo del centro de salud de Los Llanos, nunca creyó que a sus 50 años, recién estrenados, viviría el drama de un volcán en una isla de la que destaca el matrimonio que forman el mar y la montaña. Él, que no piensa irse, explica que los palmeros tampoco sospechaban que el Cumbre Vieja les causaría tantos daños, puesto que esperaban que emergiera en una zona despoblada del sur, como el Teneguía.

Calvo, que corre por las cumbres de La Palma, destaca el ‘shock’ que supone perder el arraigo y la vinculación con la tierra, sobre todo, para las personas mayores que se habían dedicado en su mayoría al campo y tenían animales. La tragedia le tocó de cerca, pues un amigo con el que hace sus salidas por la montaña perdió una casa nueva en El Paraíso, donde él había estado una semana antes, además, en un momento en el que esperaba un hijo.

Paco, que comparte centro de salud con otra doctora salmantina, explica que la guerra de Ucrania puede ayudar a la gente a relativizar la tragedia que están viviendo y que ha obligado a reforzar la asistencia clínica con la llegada de otro psicólogo de Almería. No obstante, subraya la “fortaleza” y la “entereza” de los habitantes de la zona, que recuerda arrastran de antes una eleva prevalencia del trastorno de ansiedad. 

Destaca el cariño que reciben en la isla desde la Península y, en concreto, desde Salamanca, donde su familia no ha parado de interesarse y donde el volcán le ha ayudado a que todos sepan donde está y cómo es La Palma. “La ha puesto en el mapa”, destaca y cree que le ayudará a atraer más visitantes, justo cuando la isla trataba de sobreponerse a la pandemia del COVID-19. Él, que se formó en Valencia y ahora vive en Los Llanos, seguirá allí.

Futuro complicado

La zamorana Raquel Alonso, compañera de Paco del Instituto Lucía de Medrano de Salamanca, no se plantea irse de La Palma, a donde llegó hace 19 años para pasar una temporada con su hermana. Los paisajes, la tranquilidad y las amistades le hicieron quedarse a vivir en esta isla en la que las curvas de sus carreteras no le han echado para atrás, a pesar de que vive en Los Llanos y trabaja como directora de gestión en el Hospital General, en el lado este.

Allí estuvo tres semanas al inicio de la erupción, con su amiga la gerente del Hospital Mercedes Coello, hasta que decidió volver a casa, donde todavía la ceniza, en los días de viento, lo inunda todo. Cree que el volcán pasará factura a la salud mental de los palmeros y que la demanda aumentará con el paso del tiempo, porque el futuro es “muy complicado”.

Explica que los alojamientos de la zona más turística, en la que gozan de mejor clima, no podrán abrir este verano, a lo que se unen las dificultades para circular entre el norte y el sur y la destrucción de viviendas y negocios. Sin embargo, seguirá en La Palma donde recuerda viven muchos castellanos y leoneses, como una antigua compañera, también del Lucía de Medrano, con la que se reencontró hace poco por las calles de Los Llanos.

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